El terror de EEUU a las ideas del Comandante Latinoamérica

Por Vicky Peláez

Tomado de Sputnik News

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles (Bertolt Brecht, 1898-1956)

Hace poco, el poeta argentino Guillermo ‘Negro’ Franco comentó que “Fidel ha sido de estas personas que han ofrecido a su pueblo un trato especial, fue un inquieto y superlativo en la conciencia humana. Castro nos enseñó cómo ser un superhéroe. Si ellos tienen al Capitán América, nosotros tenemos al Comandante Latinoamérica”. Tan osado y visionario fue el comandante Fidel que su legado de unidad, solidaridad, internacionalismo antiimperialista, su reivindicación del socialismo, vivirá para siempre guiando nuevas generaciones de Nuestra América en su lucha por la justicia social.
Decía Fidel que “la Revolución es una lucha hasta la muerte entre el futuro y el pasado” y que el pasado siempre trataría de usar un atroz escarmiento contra todos los pueblos que se atreven a crear un mundo nuevo. En un diálogo con Salvador Allende en 1972, durante su visita a Chile, el comandante advirtió al líder socialista chileno que no debería de estar tan seguro de la institucionalidad de sus Fuerzas Armadas y de su sistema legislativo porque eran los representantes de un sistema socioeconómico capitalista que se identificaba con el pasado que las Fuerzas Populares de Chile querían transformar pacíficamente en el sistema socialista. El romántico e idealista Salvador Allende no prestó atención a las advertencias de Fidel y tuvo que inmolarse defendiendo sus ideales y su proyecto de un Chile nuevo y socialista. En aquel entonces el pasado derrotó a un posible futuro.
En realidad, los buitres del pasado nunca han dejado de vivir en paz a la Perla de las Antillas desde el triunfo de la Revolución cubana en 1959. La isla y su líder se convirtieron en una enfermiza obsesión de Washington que desató una campaña de atentados, sabotajes y sanciones económicas tratando de sofocar a Cuba y matar a su líder. En total, hubo 638 intentos de asesinar a Fidel. Y no han podido matarlo ni destruir el socialismo en Cuba.
Al darse cuenta de que ni la desintegración de la Unión Soviética ni la desaparición del campo socialista en Europa lograban poner de rodillas al socialismo en Cuba, la Casa Blanca y sus secuaces latinoamericanos y caribeños entraron en pánico y empezaron a convertir sus deseos en una aparente realidad, informando periódicamente sobre una muerte repentina de Fidel Castro.
Los que hemos vivido en las ‘entrañas del monstruo’ —parafraseando a José Martí—, y más aun siendo periodistas de pensamiento alternativo, sabemos del odio inmenso y del afán patológico, no solo de acabar con la vida, sino con las ideas de Fidel de una América libre y soberana. Pobre de aquel, como esta periodista, si se atrevía a escribir sobre los logros de Cuba. Por ejemplo, El Diario La Prensa de Nueva York, que fue visitado por Fidel Castro apenas triunfó la revolución, fue objeto desde los años 60 de atentados con bombas por parte de los grupos terroristas Alfa 66, Omega 7, comandos que muchas veces trataron de liquidar al director de entonces, Manuel de Dios Unanue, quien en 1992 finalmente fue asesinado por el cartel de Cali.
Cuando finalmente el periódico cedió a las presiones y tomó un rumbo de desinformación y calumnias contra Cuba, el trabajo para los librepensantes y los que no coincidíamos con la línea oficial de Washington, se tornó mucho más difícil en El Diario. Sin embargó, llego el día en que Fidel cayó gravemente enfermo y esto despertó la codicia de Washington y de la derecha cubana, deseosa de retomar el control de la isla. Fue a fines del 2006 cuando, de repente, dos periodistas que podíamos viajar a Cuba cobramos tremenda notoriedad. Nos ofrecieron ‘el oro y el moro’, una edición especial de la cobertura, etc, etc. Un fotógrafo chileno y la que escribe fuimos llamados a la dirección y urgidos a ir a cubrir “la muerte y el sepelio de Fidel Castro”.
El Departamento de Estado había alertado al director Alberto Bourvoulias-Bush, de origen guatemalteco, que colaboraba con el poderoso Council on Foreign Relations, indicándole que los informes de inteligencia norteamericana señalaban que el fallecimiento de Fidel era inminente. Bourvoulias-Bush estaba radiante, al igual que otros periodistas cubanos, que ya saboreaban su “glorioso retorno” y se repartían los Ministerios en Cuba. Desde el momento en que fue informado, el director había mandado diseñar una portada anunciando a grandes letras: ‘¡Muere Fidel!’, que sería publicada apenas yo le enviase la confirmación desde La Habana.
Muchos periodistas desde diferentes partes del mundo habían llegado a La Habana y en vano esperamos el desenlace. Muy por lo contrario, como decía un poeta, ‘el cadáver gozaba de buena salud’, para felicidad de su pueblo y el mundo. La decepción de mi director fue tal que hasta hoy me causa regocijo recordar su cara de disgusto. No me recibió los habanos que le traje de regalo, jamás publicó los múltiples artículos que preparé a cambio del ‘sepelio’, como la Economía de la Isla, el Desfile y su nuevo armamento, el homenaje multitudinario por la salud de Fidel con entrevistas a Gabriel García Márquez y Evo Morales, ni tampoco le interesaron las encuestas multimedia en la calle, ni la entrevista a los familiares de los Cinco Héroes encarcelados en los Estados Unidos, hoy ya libres. Mi columna ‘El Caiguarán sigue de pie’, enviada desde la isla, causó tal polémica que la disidencia de Miami pidió mi despedida inmediata, que finalmente no fue efectiva.
Hoy, para tristeza del mundo, realmente ha muerto Fidel. Miami está festejando en las calles, pero El Diario La Prensa de Nueva York ‘falleció’ hace ya tres años, después de un siglo de publicación. El mundo de habla hispana de Nueva York se ha olvidado de Bourvoulias-Bush y esta periodista, cuyo viaje a Cuba sirvió en parte para la acusación de espionaje y ser deportada en 2010 y que escribe esta nota desde el otro lado del planeta. Fidel ha muerto, y ahora los buitres nuevamente están sobrevolando la isla. El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, ya ha dado a conocer sus planes siniestros sobre Cuba y dijo que el legado de Fidel consiste en “escuadrones de ejecución, robo, sufrimiento, pobreza” etc., pero lo más preocupante fue su agradecimiento especial, por el apoyo a su campaña electoral presidencial, a los hoy ancianos excombatientes de la Brigada de Asalto 2506 que, en 1961, participaron en el fallido desembarco de Bahía de Cochinos.
Al escribir estas líneas, la magia de las comunicaciones está mostrando en vivo y en directo la multitudinaria manifestación del pueblo de Cuba despidiéndose de su líder. “Todos somos Fidel”, clama el pueblo cubano en la Plaza de la Revolución, donde han acudido también representantes de todas partes del mundo. Ellos hablan sobre la obra de Fidel, sobre todo de su solidaridad con los pueblos oprimidos. No sé si habrá llegado alguien de Ucrania, pero es un deber hablar en esta nota de cuando Fidel, en el peor momento de la crisis cubana, en marzo de 1990, cuando ya no existía la Unión Soviética, recibió a unos 25.000 niños ucranianos, rusos y bielorrusos víctimas del accidente nuclear de Chernóbil y los acogió durante más de dos décadas.
El proyecto, financiado por Cuba, prestó atención especializada para distintas enfermedades como la leucemia y otros tipos de cáncer, atrofia muscular, trastornos psicológicos, neurológicos, alopecia, etc. La mayoría se salvó de morir, se curó o, al menos, mejoró sus condiciones físicas y mentales. La vida de Cuba con o sin Fidel sigue su rumbo y tras el triunfo del ultraconservador Donald Trump, en la isla comenzaron las maniobras militares a nivel nacional para estar listos para defender la soberanía nacional, tal y como les enseñó Castro.
El comandante, mientras tanto, ya emprendió su viaje al ‘más allá’ y le deseamos, como escribió el poeta griego Konstantinos Kavafis (1863-1933): “Buen viaje para los guerreros/ si a su pueblo son fieles/ favorezca el Dios de los vientos/ el velamen de su barco/ y a pesar de su viejo combate/ el amor llene su cuerpo generoso/ encuentren los caminos del viejo anhelo/ llenos de aventuras, llenos de conocimiento”. Hasta siempre, Comandante Latinoamérica.

 

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