Detrás de la careta

Ultraconservadores pidieron al presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, revocar la política del gobierno de Obama hacia Cuba, y volver a la línea dura contra el pueblo cubano, a ambos lados del estrecho de la Florida.

Según la nota publicada el pasado 4 de enero por el diario miamense El Nuevo Herald, (http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/cuba-es/article124623884.html#storylink=cpy), “los diplomáticos retirados piden a Trump que en sus primeros 100 días anule las mal concebidas e ilegales órdenes ejecutivas que levantaron restricciones para hacer negocios con el régimen de Castro. Solicitan a Trump, tan pronto como sea posible, que revierta también una directiva de Obama enviada a agencias gubernamentales para que cooperen con sus contrapartes cubanas”.

La petición fue realizada por Everett Ellis Briggs (embajador norteamericano en en Panamá, de 1982-1986, y Honduras, desde 1986 a 1989),  José S. Sorzano, ex representante de EEUU en la ONU,  Elliot Abrams, Otto Reich y James C. Cason.

De los tres últimos hay referencias interesantes.

Involucrado en el escándalo Iran-Contras (https://www.brown.edu/Research/Understanding_the_Iran_Contra_Affair/profile-abrams.php), Abrams se declaró culpable de dos cargos de retener información del Congreso en 1991. Fue condenado a dos años de libertad condicional y se le ordenó completar 100 horas de servicio comunitario.

Reich, un nombre más conocido por los cubanos, fue director para América Latina de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés), de 1981 a 1983. Posteriormente entre 1983 a 1986, fue escogido por Walter Raymond, ex-agente de la CIA y especialista en propaganda, para dirigir el Office of Public Diplomacy (OPD), definida en sus propios términos como “una unidad secreta de guerra sicológica y de intoxicación mediática” bajo la tutela del coronel Oliver North, entonces miembro del Consejo de Seguridad Nacional.

Por su parte, James C. Cason fue jefe de la Sección de Intereses de Norte América en Cuba (SINA), hoy embajada de EEUU, del 2002 al 2005, un puesto que tradicionalmente se ha vinculado a las acciones subversivas contra Cuba, así como al trabajo de la inteligencia norteamericana en el país. De hecho, sus tres años de servicio en La Habana son recordados por los carteles electrónicos desde el último piso de la SINA con mensajes contrarios al sistema político que eligió el pueblo cubano.

Este sector elitista y de la vieja guardia considera “ilegal” la política iniciada por el gobierno de Obama, que tuvo un respaldo positivo en gran parte de los sectores de negocios y políticos. En el caso de estos últimos, la razón del apoyo se sustenta en entender que no se trata de un cambio de estrategia, sino de táctica, para intentar desplazar del poder al gobierno revolucionario utilizando métodos más sutiles.

Tanto los unos como los otros, los abiertamente ofensivos y los que utilizan tácticas más sofisticadas, no han dejado de gastar grandes sumas de dinero y elaborar planes de todo tipo para hacer desaparecer la Revolución, a pesar de saber que desde 1959 y hasta la actualidad el pueblo ha dejado claro, en cada proceso eleccionario, su apoyo incondicional al sistema socialista cubano.

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