“Preocupaciones hipócritas”

Por: Ileana González.

Cuando la preocupación por un semejante no es auténtica y se manifiesta hipócritamente, pierde su esencia humanista y se convierte en una despreciable acción oportunista de turbias motivaciones. Eso es lo que ocurre con el artículo “El tiempo pasa”.

Es un post falto de toda ética, objetividad y sensibilidad humana. Parece escrito para una campaña política de uno de los tantos partidos que en América Latina y el mundo, con mensajes y frases parecidas a la que utiliza este falso filántropo, han sumido en la desesperanza y la miseria a millones de seres humanos.

Utilizar la situación financiera difícil, que dice, atraviesan los ancianos que menciona para trasladar mensajes de corte populista, es una felonía, lucrar con las carencias ajenas es una bajeza. Y digo lucrar porque indiscutiblemente busca sacar beneficios políticos de su falsa inquietud por esas personas.

¿Cómo se puede analizar un tema tan sensible como el monto de las pensiones, y soslayar la imposibilidad de subirlas de manera significativa en la actual coyuntura económica por la que atraviesa el país?

Los olvidos voluntarios de este y otros autores, incluso de algunos con títulos académicos relevantes en economía, de los factores que impiden subir las pensiones y los salarios, resultan cuando menos inexplicables, en mi opinión, mal intencionados.

Sugerir que el bajo monto de las pensiones no le interesa a la dirección del país, además de una mentira, es una infamia, más si quien así se expresa se autodefine como revolucionario. Lo que afirmo no es fruto de una mala interpretación, él lo dice y lo cito: “Quienes deciden los destinos de la gente, en cualquier sistema político, no tienen preocupaciones cotidianas”. Es decir, como no sufren los problemas, no les importan.

Según este “altruista”, el anciano cuya historia personal emplea con fines politiqueros, “tiene buena formación, un ingeniero eléctrico seguramente habría tenido otra vida en un país distinto”.

Veamos, lo que dice el sitio EcoDiario.es  en su artículo “Jubilados ocupan oficinas de la Seguridad Social en Vigo para protestar contra el deterioro de las pensiones”, publicado el 5 de abril del 2017, “medio centenar de miembros del colectivo de jubilados y pensionistas de la CIG ocuparon las oficinas del Instituto Nacional de la Seguridad Social de la calle Grove, en Vigo, para protestar contra las reformas que “implican su deterioro”. Algo distinto en un país distinto.

Y, como es característico de este politiquero de pocos vuelos, cierra apocalíptica y crípticamente: “esta pareja de ancianos seguirá en su pobreza digna (si existe tal cosa) hasta que este país no supere los fantasmas que lo afectan dentro y fuera. Me temo que quienes viven al límite, no tienen tanto tiempo”.

No me gusta especular, pero conociendo al sujeto, su alusión a los fantasmas internos estoy segura que referencia a los supuestos temores del estado para tomar decisiones que alivien la situación que narra, a los de afuera no vale la pena referirse son parte del adorno.

Debo reconocer que es ágil para aprovechar los pies forzados. Hablo claro, en otro blog donde se le acostumbraba a defender, surgió una publicación con el mismo tema de la ancianidad, más realista, pero con evidentes olvidos y no exenta de valoraciones erróneas.

No conozco a la autora por eso no emito juicios sobre ella, pero lo cierto es que obvia lo mismo, habla de las carencias como si fueran cosas fáciles de solucionar y que persisten porque no se ven o ignoran. Similar mensaje al del apócrifo.

Habla de las llamadas barreras arquitectónicas y con eso estoy de acuerdo, sin exagerar, aprovecha para afirmar que no se piensa en los ancianos, que pueden morir por culpa de esas violaciones en las construcciones, etc, quiere hablar en serio y termina ironizando. Poco favor se hace.

Hay que estar permeado de alguna aversión hacia la Revolución para cuestionar o desconocer todo lo que ha hecho por los ancianos. Es perfectamente posible refrendar con cifras y argumentos mi afirmación, pero alargaría mucho el artículo, y seguramente, tendré oportunidad de hacerlo en otros posts. Además, la historia que no se puede borrar me da la razón.

Mi pregunta es, entonces, si los autores de los trabajos referidos, consultaron cifras e investigaron a profundidad las diversas aristas del asunto.

Es injusto y poco honesto exigir conociendo las causas que impiden dar más.

Ella remata: “las amistades que desde dentro y fuera, colaboran enviando los recursos que necesitamos para el confort de nuestros familiares”. Es decir, nada que agradecer al estado, la solución viene del exterior o de personas ajenas a este.

Los dos dan pena.

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