Las cosas que nos dejamos

Por: Marina Ramírez

Quisiera, quisiera, poder escribir tantas cosas, cosas que quedaron pendientes, cosas que hoy se transforman en un vano recuerdo o en un anhelo que me indica que ya soy demasiado mayor para siquiera pensar en ellas, cosas que a la vuelta de estos años dejaron de ser planes y se convirtieron en realidades, que hoy llevo como símbolos que definen la mujer que soy.

Cosas que son más fáciles de escribir que decir en voz alta, porque cuando las escuchamos, nos replanteamos, porque nos faltó el valor para articularlas en los oídos de quienes estaban destinados a escucharlas, cosas que entre los olvidos se transforman en las gotas que se escurren en un aguacero de este mes de mayo.

Cosas que nos atemoriza decir a gritos  porque son de las cosas que la gente califica de locura,  que quedan atrapadas entre caracteres que tecleas frente a una pc que no es capaz de contestar cuantas malaventuras vuelques en ella, cosas que con el tiempo se convirtieron en secretos, sepulcros del alma sin nombre, tantas cosas que en el ahora no importan, porque la oportunidad pasó factura hace ya mucho tiempo; quisiera, quisiera tantas cosas, que he decidido dejar de querer tantas cosas y hacer todas esas que hasta hoy me deje arrebatar por las justificaciones tan antiguas como la humanidad: el tiempo, las dudas y el coraje.

Cosas que no me permitiré dejar atrás para cuando la vejez me cubra con su manto, si tengo la dicha de llegar a esos años, que no regresen a mi mente como un lastre que tiré de mi alma hacia el vacío de un “y si yo hubiera”. No me gusta la idea de vivir con mi conciencia atada al silencio, cautiva de mi autocensura. He decidido no dejarme arrebatar la oportunidad de intentarlo, de conquistar todas esas cosas que dejamos atrás.

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