Paradigmas

Por: José Manuel Rodríguez

 Si queremos expresar cómo deseamos que sean nuestros hijos, debemos decir con todo el corazón de vehementes revolucionarios: ¡Queremos que sean como el Che!”.

Fidel.

 

Mi padre fue ejemplo para mí, de revolucionario y de humanismo. Por él, y por el propio protagonista, conocí que un niño de 10 años llamado Siderio, con madre desconocida y padre haitiano, vivía en la Unidad de la Policía del pueblo, allá en los primeros años del triunfo revolucionario. Mi padre lo llevó para la casa, le dio ropas de mi hermano mayor, y lo puso a estudiar. Terminó de criarse en mi casa, vivió allí hasta becarse en “los Camilitos”. Alcanzó la condición de militante de la UJC y luego la del Partido. Miembro de las FAR hasta su retiro, siempre estuvo a la altura del gesto de mí padre, por eso para mí es un  paradigma de voluntad, lealtad, agradecimiento.

El viejito Garcés, mi vecino, participó en la lucha insurreccional, estuvo en Girón, combatió en Angola, cortó caña en zafras innumerables. Vive modestamente y también me inspiro en él no solo por los méritos acumulados, sino por su solidaridad, por su conducta intachable. Recuerdo que hace poco, yo no podía chapear el patio por problemas de salud. Sin decirme nada, con casi 80 años, al enterarse, vino y lo chapeó cuando  no estaba, le quise pagar y se ofendió. Me dijo que debemos ayudarnos unos a otros sin ningún interés.

Fidel atacó el Moncada cien años después del nacimiento de José Martí. Lo hizo  con él como fuente de inspiración. José Martí es un paradigma eterno de los revolucionarios.

“Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, ¡tanta era la afrenta! Pero vive, no ha muerto, su pueblo es rebelde, su pueblo es digno, su pueblo es fiel a su recuerdo; hay cubanos que han caído defendiendo sus doctrinas, hay jóvenes que en magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darle su sangre y su vida para que él siga viviendo en el alma de la patria. ¡Cuba, qué sería de ti si hubieras dejado morir a tu Apóstol!”.

La Historia me Absolverá. 

De Fidel dijo Armando Hart, “…ese hombre que concibió, encabezó y ha defendido inteligentemente y sin vacilación alguna, la obra gigantesca de la Revolución cubana, estaba llamado a ser ─en el convulso universo de hoy─ un elevadísimo y poco común ejemplo de ética, cultura, seguridad, experiencia y firmeza de principios: todo ello en una sola pieza”.

Del Che expresó Fidel: “Si queremos un modelo de hombre, un modelo de hombre que no pertenece a este tiempo, un modelo de hombre que pertenece al futuro, ¡de corazón digo que ese modelo sin una sola mancha en su conducta, sin una sola mancha en su actitud, sin una sola mancha en su actuación, ese modelo es el Che!.

Raúl, “ha sido un educador, un formador de hombres,  con mucha ecuanimidad y mucha seriedad”, aseveró Fidel.

Pudiera citar cientos de hombres que a lo largo de nuestra historia se han convertido en ejemplos a seguir, Antonio Maceo, Ignacio Agramonte, Carlos Manuel de Céspedes y muchos más.

También están los cotidianos, los que día a día  fortalecen la voluntad de luchar, nos ayudan a ser mejores seres humanos y nos  impulsan a querer con mayor intensidad a los grandes referentes de nuestra historia.

A mi hijo cuando vino a visitarme desde el lejano Holguín, le conté esa y otras anécdotas, le hablé de las virtudes del viejito Garcés, lo llevé a verlo, cuando regresábamos me dijo, ¡coño a ese viejo hay que hacerle un monumento!, así resumió la admiración que le había despertado.

Ahora él tiene además de los grandes modelos a seguir de los héroes y mártires de nuestra patria y el de su abuelo, uno que vive al lado de su padre.

Hay otros ejemplos de gran valor como el de la niña que expreso con profunda emoción, “me escribí Fidel en la frente, porque no pude abrirme el pecho para escribirlo en mi corazón”. Sin proponérselo se convirtió en un inmenso paradigma de amor.

Dicen, los del centro, haberse quedado sin paradigmas. Según sus palabras, les urge encontrar algunos que tengan menos de cincuenta años.

No ven a nadie limpio y libre en su entorno, eso tiene un trasfondo de ataque a la dirección actual del país, lo que quieren decir y lo dicen es que en la actualidad no ven a nadie con características para ser sus paradigmas, a Martí, al Che, lo ven muy lejos para sus hijo. A Fidel ni lo mencionan, tampoco hace falta que lo hagan.

Que no los tengan podría estar asociado a la no correspondencia de sus patrones de ejemplos a seguir, con los que nos han legado nuestro héroes y mártires, así como hijos humildes de este pueblo y como no los pueden erigir de acuerdo a sus patrones centristas, se quedan sin ninguno.

Pueden intentar  construirlos, pero eso no significa que la construcción se mantenga en pie. Los medios pueden crear imágenes, influir en sectores de la población para promocionarlas, pero les es imposible hacer que alguien sin auténticos valores y convicciones, que no este dispuesto a sacrificarse y trabajar de verdad,  a demostrar sus virtudes y no a pavonearse, logre ser un ejemplo para un pueblo culto como el cubano.

Sus carencias demuestran el doblez de su discurso político y su hipocresía al definirse como revolucionarios. Resulta inexplicable que alguien que realmente lo sea, en un país como el nuestro con las tradiciones patrióticas, historia de lucha, y hombres que lo han dado todo, hasta la vida por su libertad, diga que no existen  paradigmas, es como si quisieran borrar sus luces de nuestro camino.

 

3 comentarios en “Paradigmas

  1. “Honrar honra”… y ¿deshonrar?

    Escribes igual que Ileana González, o sea, tan mal como escribe la tal bloguera. Es muy fácil identificar los mismos errores ortográficos de puntuación y la misma pobreza estructural en la gramática. Si fueras un revolucionario tan cabal no tendrías necesidad de ocultarte tras un pseudónimo… y menos aun para dedicarte tan enfermizamente a atacar a alguien.

    1. Que torpe eres, al igual que tus similares, cuando ladran es porque les duele, inventen, tergiversen, aúllen, distorsionen y todo lo que quieran, así sabemos, todos los que en PostCuba escribimos, que les duele, porque desnuda sus falsedades y lados débiles.

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