Lo que me contó un amigo

Por: Ileana González

«Si los jóvenes fallan, todo fallará. Es mi más profunda convicción que la juventud cubana luchará por impedirlo. Creo en ustedes». Fidel. 

Conversando con un amigo sobre la actualidad cubana, los jóvenes y el futuro, este me contó una historia interesante.

Un joven de un pueblo de campo de la provincia de Las Tunas era lo que se podía calificar como “rebelde”: leía novelitas vaqueras en el aula, transformaba el uniforme…  lo que se dice un regado. Sus compañeros nunca lo seleccionaron para que integrara las filas de la UJC, supone él que por indisciplinado y mal ejemplo. Se fugaba del aula y casi lo botan de la  secundaria básica por un altercado que tuvo con el director por una falta de respeto a su profesora de matemáticas. Era malcriado, pero ese no fue el motivo del problema, estaba enamorado de ella.

No fue la única vez que estuvo a punto de ser expulsado de una escuela. Ya en 10mo grado, en uno de aquellos calurosos días de limpieza de albergue, se hizo un nudo en la camisa del uniforme para dejársela abierta. El director, al verlo, quiso expulsarlo pues había advertido que esa sería la medida.  Pero lo defendió un profesor de educación física, aunque tuvo que terminar externo, medio botado.

Por sus notas y  condición de revolucionario, que demostró fajándose a los 13 años con un hombre que ofendió a Fidel, y haber cortado caña con esa misma edad en la  zafra del 70,  lo seleccionaron para una escuela militar, pero  él no se interesó,  tenía 16 años, quería ser oficial de la marina mercante, le atraía el conocer nuevos países, la aventura y también la pacotilla. Metió cabeza por aquí y por allá hasta que logró ingresar en la Academia Naval del Mariel, que era, oh sorpresa una escuela militar. Allí estuvo preso dos veces, una por entrar vestido de civil y otra por una bronca con un alférez en Angola, pero se graduó.

Con un curriculum tan controvertido sin ser militante del PCC o la UJC comenzó su andar por barcos y puertos, asegura que es mentira que en cada puerto un amor, para él, eso es parte de la alabancia de los marineros, sobre todo cubanos. Está convencido de que como Cuba no hay nada, tampoco como las cubanas, fuego y miel según su definición.

Fue a Angola siendo Guardiamarina y dos veces como oficial de buques mercantes, le otorgaron la medalla por el Servicio Distinguido de las FAR y  la de internacionalista, en la marina tampoco lo seleccionaron para la UJC, no era plantilla fija de ningún buque y por eso cambiaba constantemente de uno a otro, le decían que esa era la causa de no poder iniciarle el proceso,  como desconocía el funcionamiento interno de la organización lo aceptaba, pero no lo entendía, y así llegó a la edad límite. Tampoco pudo ingresar  al PCC, porque los procesos estaban parados para los dirigentes, él era oficial, caía en esa categoría, le dolía hondo, pero nada podía hacer, se encabrona cuando alguien en jodedera pone en duda lo que dice sobre este tema, aunque todo está claro y tiene su carnet.

Le pregunté a mi amigo lo que había pasado con esa persona, le dije que me gustaría conocerlo y hablar con él.

Me respondió, es oficial de las FAR, lo tienes delante de ti.

Algo incrédula le pregunté, ¿Cómo fuiste a parar a las FAR, de la marina mercante? Sonriendo me dijo, eso te lo cuento otro día.

Quise compartir con ustedes esta historia real, de Benigno Aguilar Rodríguez, que desmiente a quienes afirman que los revolucionarios somos extremistas y dogmáticos, que excluimos por el más mínimo error, a los que llorisquean con lágrimas de cocodrilos porque dicen que injustamente no los dejaron ingresar en el PCC, y la realidad es que ya pertenecen a partidos que nada tienen que ver  con la Revolución.

Este hombre ya entrado en años, fue un joven que cometió errores, jamás de principios,  nunca equivocó el bando en el que debía estar, no lo deslumbraron ni el juego de espejos del capitalismo, ni lo confundieron sus cantos de sirena, siempre ha defendido la Revolución con sinceridad, por eso hoy es miembro del PCC y de las FAR, de lo que vive orgulloso.

 

2 comentarios en “Lo que me contó un amigo

  1. En esas generaciones de becados, o sea años 60, 70 y parte de los 80, hay montones de jóvenes que pasaron por similares experiecias. Lo que pasa es que en ese tiempo el radicalismo revolucionario operaba en nuestra sociedad de manera más firme y evidente. Nos educábamos bajo el influjo de otro tiempo histórico (y por supuesto, social). Ya ahora, como bien quedó claro en la Feria del Libro reciente, tenemos que rescatar ese radicalismo revolucionario que se visibiliza debilitado. Aceptémoslo de una vez por todas. Saludos.

    1. Existen jóvenes hoy que llevan ese radicalismo revolucionario, consiente de su historia y del momento que nos tocó vivir, en varias ocasiones me hubiera gustado estar en los años de la sierra y del triunfo de la revolución, pero me tocó vivir en los años de la continuidad de esta hermosa revolución la cual, no con el mismo radicalismo revolucionario que el de aquellos tiempos, pero si con el que hoy estamos preparados para seguir la obra de la Revolución

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