Contrarrevolución

Los alternativos inmutables

Por Rafael Cruz Ramos

He buscado con atención, pero es tan grande la Internet, tengo la esperanza que en algún lugar haya al menos una señal de respuesta, una respuesta tímida, descolorida, pero al menos una respuesta. Sin embargo no la encuentro en los llamados medios alternativos, no oficiales, no confrontacionales o como quieran llamarse, ni una sola opinión de rechazo a la profanación de la estatua de José Martí en Venezuela.

Supongo que esos “cubanos”, los muchachos y muchachas con swing, los señores y damas encorbatados que se reunen en Washington a experimentar la Cuba que les será imposible, esos periodistas que se consideran excelentes cronistas, acuciosos investigadores, atinados observadores de la realidad cubana, inteligentes y emprendedores, no van a perder su tiempo vindicando a Martí, ¿será que José Julián es oficialista?.

Cuando en la República, la de 1902, la que se gobernaba desde la embajada gringa, los US marines profanaron la estatua del apóstol en el Parque Central, los cubanos, jóvenes y viejos, mujeres y hombres, protestaron airadamente y los estudiantes lideraron esa protesta. Supongo que en aquel entonces, había también otros que desde el Country Club, o el Cuban Yach Club estaban demasiados ensimismados en las aceitunas de sus cocteles, y en las noticias de la farándula de NY, y París como para mezclarse con aquella turba de protestantes, a fin de cuentas José Julián era un revoltoso.

Tiene toda la razón E. Ubieta cuando dice que no podemos compartir, ellos y nosotros los mismos héroes. En cambio, cuando de hacer politiquería se trata, los del marketing político contrarrevolucionario alzan en sus alabardas el nombre de José Martí, sus frases, sacadas de contexto, como pedazos de coral en el desierto. Los delincuentes que asolan las calles de Venezuela  saben que mancillado la efigie del Maestro, están ofendiendo a la clase de cubanos que envía médicos a su país, pero no a los otros, a los que, nacionales de Cuba, están demasiado ensimismados en sus emprendimientos, aprendiendo a vivir como buenos burgueses o hurgando en los defectos de la revolución para sacarlos a la luz con bombo y platillo.

Quiero, finalmente, confesar que me duele que esos sea así. Debo reconocer que guardo la secreta esperanza de encontrar en eso falsos alternativos un gesto de verdadero patriotismo, un punto de conflagración común, algo que nos indigne mutuamente, para saber que todo no está perdido, que hay, a pesar de sus actos, una luz de verdadero amor por Cuba.

Tomado de Turquinauta

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