Ruidos americanos: ¿A quiénes benefician?

Por: Marco Velázquez Cristo.

Según medios de prensa, EE.UU. expulsó a dos diplomáticos cubanos en mayo de 2017 en represalia por las afectaciones físicas sufridas por varios de sus representantes en La Habana el año pasado.

Las declaraciones iniciales de la vocera del Departamento de Estado norteamericano, Heather Nauer, en realidad algo crípticas, fueron inmediatamente “ampliadas” por los medios. Las historias publicadas comenzaron a centrarse en la versión de que el gobierno cubano colocaba dispositivos sónicos que producen sonidos no audibles dentro o fuera de las residencias de empleados de la embajada estadounidense, con la intención de ensordecerlos. Asimismo, aseguraban que el aparato de seguridad cubano, por su capacidad de vigilancia, debía estar enterado de los hechos y por lo tanto el gobierno. Diarios como el The Guardian, The Washington Post, El País y El Nuevo Herald, así como la cadena de televisión CNN difundieron esta versión, junto a otros importantes medios.

Llama la atención que al buscar en el sitio oficial del Departamento de Estado Norteamericano  los términos “expulsión de diplomáticos cubanos”, el hipervínculo remite a Martí Noticias, mientras que  no son reflejadas las declaraciones de la vocera Nauer, cuando son las de mayor peso por constituir un pronunciamiento oficial.

Martí Noticias hace su parte del trabajo sucio y reproduce declaraciones de Marco Rubio y del ex Jefe de la entonces SINA James Cason, en las que ambos acusan al gobierno cubano de hostigar sistemáticamente a los representantes diplomáticos de EE.UU. en La Habana, e introducen una nueva “sospecha”: la posible vinculación de un tercer país en los presuntos hechos.

Es un sinsentido pensar que el gobierno cubano podría estar tras estos supuestos hechos contra funcionarios estadunidenses. La revolución cubana se ha caracterizado por el respeto y cumplimento de las normas y acuerdos internacionales que regulan las relaciones entre los estados. No existe un solo caso de funcionario extranjero desaparecido o muerto en condiciones no aclaradas en nuestro país, nunca hemos practicado ninguna forma de terrorismo. Cuba está entre los países de mayor índice de seguridad ciudadana.

Además, restablecer las relaciones diplomáticas con los EE.UU sin ceder en un solo principio ha sido un triunfo moral y político para Cuba. Lograr la normalización de las relaciones sería muy beneficioso económicamente para el país y un nuevo éxito político, factores que favorecerían la estabilidad interna. No tiene ningún sustento afirmar o sospechar que el gobierno cubano esté involucrado o haya facilitado la comisión de estos hechos.

La intención de vincular a un tercer país y la supuesta tolerancia o complicidad del gobierno cubano en su actuar contra diplomáticos norteamericanos, es otro absurdo. Esto podría favorecer escenarios para la introducción de nuevos elementos fabricados que justifiquen la tesis difundida por los medios respecto a un ataque con sofisticados equipos acústicos. Mientras, enredan en la trama a países que hoy son prioridad en la agenda norteamericana, los que ya  comienzan a ser vinculados al tema en algunos sitios digitales.

Por su parte, Canadá también informa, sin acusar al gobierno cubano, sobre funcionarios diplomáticos suyos que sufrieron afectaciones.

Ante toda esta situación surgen las interrogantes: ¿Quiénes se benefician o estarían interesados en amplificar estos ruidos? ¿Miente el gobierno canadiense, si no es así, por qué a ellos?

Los sectores más conservadores de la sociedad norteamericana y la derecha extremista de Miami que se han opuesto desde el inicio al restablecimiento de las relaciones diplomáticas y a su proceso de normalización, son los principales beneficiados por lo que está ocurriendo. ¿O es casual que Marcos Rubio sea de los primeros en salir al ruedo, que la CNN esté entre los que iniciaron la difusión de la noticia con sus correspondientes “agregados”, casi al unísono con CBS Radio New, primera en divulgar la información según el The Washington Post? Valdría la pena averiguar si ganó la primicia por sagacidad periodística o fue seleccionada para edulcorar la cara de los que se encuentran tras el actual toque de cazuelas mediáticas.

Si se interpreta el alineamiento de los grandes medios, principalmente los de derecha y de los “alternativos” que contribuyen a la difusión de sus “informaciones”, así como la aparición progresiva en ellos de “detalles” sobre la situación creada procedentes de fuentes “anónimas”, podría sugerirse que esos sectores de la derecha norteamericana son los que pretenden empujar al acorralado Trump a llevar las relaciones entre ambos países a los niveles en que se encontraban antes del anuncio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas.

La perfidia yanqui es bien conocida. Recordemos Pearl Harbor, la voladura del Maine, y en época más reciente las Torres Gemelas, todos hechos que las evidencias señalan que los dejaron ocurrir, sin importarles la pérdida de miles de vidas de ciudadanos norteamericanos. El fin justifica los medios. No sería extraño que de haber sucedido realmente estos eventos, detrás de estos estuvieran ellos mismos.

Canadá no sería un daño colateral. Afectar a uno de sus diplomáticos puede tener malsanos propósitos. En la actualidad no es un gobierno hostil a Cuba, es uno de nuestros principales socios comerciales y de los mayores emisores de turismo hacia nuestro país. Enrarecer las relaciones, afectar el intercambio comercial y hacer decaer el turismo podría ser el propósito, a la vez que les sirve para reforzar sus acusaciones.

En su intervención, la portavoz de Asuntos Globales canadiense, Brianne Maxwell, significó que no tienen motivos para creer que turistas canadienses y otros visitantes podrían haber sido afectados. Como se dice en cubano, puso el parcho antes que saliera el tumor.

La ética intachable de la Revolución la hace invulnerable a las calumnias y planes imperiales. Ellos lo saben.

 

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