Cuba: Lo que dice Pánfilo y lo que opino yo.

Por: Ileana González.

El programa “Vivir del cuento”, en que Luis Silva a través de su personaje de Pánfilo aborda el tema de la gestión del delegado del Poder Popular, reconoce en mi opinión  las potencialidades y validez de este cargo público, aun cuando el tratamiento tiene un matiz crítico. Parto de la concepción que desarrolla asociando la permanencia o solución de los problemas que se manifiestan en el día a día, a la conducta que asuma el que ostenta este cargo público.

Existen aspectos dentro de la trama del programa que se apartan de la realidad, como sucede en toda ficción. Me parece, no obstante, válido el pretexto para referir brevemente algunos aspectos. Por ejemplo, de acuerdo a la Ley No 89 que regula la revocación del mandato a los elegidos a los órganos del Poder Popular, un delegado no puede ser sustituido de la forma en que lo mostraron, menos contando con el apoyo de sus electores, que son los que tienen la facultad de elegirlo y revocarlo.

Tampoco es correcto señalar como causal que limita los resultados del delegado a funcionarios de superior jerarquía del Poder Popular quienes, por intereses personales o por corruptos como los presentó el programa, inciden negativamente en la gestión de estos.

Es innegable la influencia negativa de la carencia de recursos en la gestión de los delegados. Es cierto además que existen unos más capaces que otros, que desarrollan su actividad en entornos favorables o no, es decir, los factores que deben contribuir a su labor, que no son más que los representantes en la base de las instituciones dentro de cuyas funciones está dar respuesta a los problemas que se presentan a ese nivel de acuerdo a su competencia. Ellos tienen el deber de ir a las asambleas de rendición de cuentas. Sucede que en no pocas ocasiones se ausentan aduciendo razones de diversa índole. Como se dice en cubano: no dan la cara para explicar los motivos por los cuales permanecen determinados problemas sin solucionarse, que son de su responsabilidad, dejando que el delegado cargue con su mea culpa.

Pero también existen delegados que presionan para que cada cual cumpla con lo que le toca, se preocupan y ocupan de la solución de las situaciones que afectan a sus electores, son apoyados por los factores de su entorno y entre todos, logran buenos resultados. Ejemplos se pueden citar muchos. Ellos no son los menos.

Por eso las generalizaciones no son válidas. Los hombres y mujeres del pueblo que cumplen de manera decorosa en condiciones complejas con el mandato que  el pueblo les entregó merecen respeto, reconocimiento y apoyo. No se puede olvidar que desempeñan este cargo público sin recibir retribución monetaria o cualquier otro tipo de beneficio, y que lo hacen luego de cumplir con su jornada laboral, eso es encomiable.

La figura del delegado no solo es válida sino también necesaria, lo ha demostrado la práctica, pero los problemas no son solo de ellos, sino de todos  y cuando todos tiramos del carro este supera cualquier obstáculo.

No quiero terminar sin llamar la atención sobre un hecho que pasa desapercibido y que está relacionado con “Vivir del Cuento”. Hace un tiempo en una entrevista con la desaparecida revista Cuba Contemporánea uno de los guionistas de este programa expresó: “Tú puedes hacer chistes con los precios del agro que están altísimos y con el salario que no alcanza, pero no puedes cuestionar el sistema económico que genera estos problemas.” Pero lo real, y que acaba de demostrarse con el programa de marras, es que Cuba es el único país donde un “Vivir del cuento”, producido y transmitido por un canal del estado, el cual paga a los actores, guionistas y personal técnico puede ir contra la línea editorial de la televisora, en una extranjera no lo podría hacer, no se le toleraría semejante libertad, amén de que personajes de un extracto social humilde como el de Pánfilo es muy poco frecuente que aparezcan en papeles protagónicos.

En esos medios se expresa la clase que es propietaria de los bancos que son accionistas de la prensa y las televisoras. De acuerdo al bando político en que militan sus dueños pueden allí ventilar sus contradicciones internas, ya sean del gobierno o de la oposición, pero lo que sí nunca harán es cuestionar el sistema que les ha permitido enriquecerse.

 

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