La respuesta del pueblo a los modernos revolucionarios | PostCuba

La respuesta del pueblo a los modernos revolucionarios

Por: Marco Velázquez Cristo.

Es habitual encontrar en las redes textos de improvisados sociólogos o “eruditos politólogos” que, llevan a escala de la sociedad cubana, los estados de opinión, animo, y posiciones políticas que se manifiestan en su entorno y con los cuales de una forma u otra coinciden, error que los lleva a concluir desacertadamente que todos los jóvenes son apolíticos, que la mayoría desea emigrar, que el pueblo está inconforme con el sistema electoral, y que la Revolución está en decadencia.

Lógicamente existen personas con esas características y posiciones, no somos una sociedad perfecta y estamos lejos de serlo, sería insensato pretender que todos pensemos igual, pero de eso a que puedan ser mayoría hay una brecha enorme, la participación popular en las elecciones del domingo desmonta todas las tesis del apocalipsis revolucionario.

Ahora no faltaran los que como decía Martí, “tienen ojos para los lunares, y cuando ven cosa bella, airados de que lo sea, buscan coléricos la mancha o defecto y gozan cuando la hallan que son las almas ruines”, vendrán las anécdotas reales o inventadas sobre expresiones o conductas que reflejen apatía o cuestionamiento a las elecciones, pero, una vez más ¿son mayoría?

Preguntas y respuestas:

¿Cómo se manifiesta la apatía, el hastío, el descontento y la desconfianza de un pueblo en un proceso electoral?

Uno de los principales indicadores es el alto índice de abstencionismo que estos factores generan, basta mirar hacia América Latina y los propios EE.UU, que sin dudas es unos de los líderes en este negativo indicador, por ejemplo, en los últimos comicios para elegir al alcalde de Nueva York la participación fue del 24%. En Detroit, fue del 25% a pesar de que eran las elecciones más determinantes tras declararse la ciudad en bancarrota. En San Antonio, Texas, la participación fue del 14%.

En opinión de Chuck Ridley, un veterano de los derechos de la comunidad afroamericana en West Palm Beach, “Si no les importa nuestras vidas, cómo van a contar nuestros votos”, para él, “el sistema electoral en Estados Unidos está montado para mantener movilizados a unos pocos y mantener inmovilizada a la mayoría”.

En contraposición en los comicios del domingo para elegir a nuestros delegados, según datos de la Comisión Electoral Nacional la participación fue del 85,94%, si a esta cifra le restamos, él 8,19% (suma de los porcientos de boletas anuladas y en blanco), da que el 77,75% de los cubanos con derecho al voto, una amplia mayoría, continúa apoyando la Revolución, confía en el sistema electoral del país, y en que su voluntad será respetada, si a lo anterior le agregamos que en esta ocasión votaron 54 mil 882 electores más que los que acudieron a las urnas en el último proceso, y dentro de esa cifra muchos son jóvenes que arribaron a la edad requerida para votar, todo ello desmiente la tesis de los “modernos revolucionarios”.

¿Por qué podemos darnos el lujo de que sean niños los que custodien las urnas y no militares?

En nuestros colegios electorales o sus alrededores no son necesarios militares armados, ni desarmados, no existen desordenes públicos o protestas callejeras tampoco corrupción electoral, ni posibilidades de fraude que justifiquen su presencia, los niños simbolizan la pureza de nuestras elecciones.

La ausencia de violencia muestra una sociedad en calma, no polarizada, convencida de que el camino elegido es el correcto y de que para que los cambios que sean necesarios realizar tengan éxito, debe elegir a los más capaces y fieles al pueblo, no cambiar el socialismo por el capitalismo o por un pretendido hibrido que no será más que el segundo disfrazado de novedad.

¿Por qué no son postulados o elegidos cabecillas contrarrevolucionarios, miembros de organizaciones de ese carácter o falsos revolucionarios?

Siempre le echan la culpa a la Seguridad del Estado, pero, ¿podría esta institución controlar la voluntad de todos los vecinos de una o más barriadas, y contra ella imponer candidatos y determinar quién o quienes serán elegidos?, es evidente que no, lo que ocurre es que ninguno de estos personajes tiene la moral y los méritos para que sus conciudadanos decidan proponerlos como candidatos o votar por ellos.

El pueblo cubano rechaza por idiosincrasia el servilismo, el mercenarismo, es celoso de su independencia y de la soberanía de su patria, es culto y sabe distinguir lo auténtico de lo falso.

Una reflexión final:

En la década del 90 Cuba se sumió en el periodo especial luego del derrumbe de la URSS que implicó grandes sacrificios y privaciones para la población en general, la economía toco fondo, la alimentación se vio seriamente afectada, el transporte público se derrumbó, de esa época al presente nos afectaron 18 ciclones en mayor o menor grado, creando necesidades de viviendas adicionales a las que ya teníamos y que no hemos podido satisfacer, el bloqueo norteamericano se mantiene y amenaza con recrudecerse con todas sus implicaciones negativas sobre la economía y la sociedad cubana y a pesar de todo ello, las bases de la revolución que se asientan en los sectores más humildes se mantienen firmes:

 ¿Por qué?

Porque:

Es su propia obra, su propia revolución y de él salieron los que la dirigen que han sabido ser ejemplo y unirnos.

Nunca se le ha mentido o engañado.

En las peores circunstancias se ha buscado siempre la forma de proteger a todos y prioritariamente a los más desvalidos.

No se ha permitido que se lucre con sus necesidades.

Jamás se han aplicado medidas de choque para resolver los problemas económicos.

Casi asfixiados económicamente en el periodo especial, siguieron gratis la salud y la educación y se mantuvo la libreta con precios subsidiados.

Existe un alto índice de seguridad ciudadana y uno muy bajo de criminalidad.

De los 152 millones de niños víctimas del trabajo infantil en el mundo, ninguno es cubano.

Los errores se han cometido buscando la mayor cuota de justicia y bienestar para todos, no buscando el enriquecimiento y el privilegio para unos pocos.

En el periodo revolucionario hemos crecido como nación y como seres humanos, hoy somos más cultos y más fuertes sabemos por lo que luchamos y conocemos las causas de nuestros problemas, ninguna atribuible al olvido gubernamental.

Nos sentimos libres e independientes en un país donde la soberanía radica en el pueblo.

Por esas y mil razones más seguimos tirando del carro de la Revolución, con la voluntad de vencer. Por eso votamos.  

 

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