Materia blanca, células grises y negras intenciones

Materia blanca, células grises y negras intenciones

Por Jaime Zayas

Cuando el archiconocido detective Hércules Poirot, creación de la célebre novelista Agatha Christie, se hallaba ante un reto mental, solía decir: “Pongamos a trabajar a nuestras células grises”. La sustancia gris es tejido que se encuentra en la superficie del cerebro, y que contiene los cuerpos celulares de las neuronas (los cuales le dan este color).

En cambio, la materia o sustancia blanca se encuentra en los tejidos más profundos del cerebro. Contiene fibras nerviosas, las cuales son extensiones de las neuronas. Muchas de estas fibras nerviosas están rodeadas por un tipo de envoltura o capa llamada mielina (que le da a la sustancia blanca su color). También protege a las fibras nerviosas de una lesión. Además, mejora la velocidad y la transmisión de las señales eléctricas de los nervios.

Y uno se podría preguntar: ¿a qué viene esta monserga sobre los colores del cerebro?

Pues habría que empezar con Josh Lederman y la Associated Press (AP). En uno de sus cables, la agencia anunciaba: “Doctors treating the U.S. embassy victims of suspected attacks in Cuba have discovered brain abnormalities

Los doctores que asisten al personal diplomático estadounidense en Cuba, que tan famoso se ha hecho con la campaña mediática alrededor de los “ataques sónicos”, han descubierto anormalidades cerebrales. Específicamente, en la materia blanca del cerebro de las “víctimas”.

¿Víctimas? ¿Ataques? ¿Diplomáticos estadounidenses en La Habana? Pero, ¿eso todavía es noticia?

Josh Lederman opina que sí, pero asume que existe escepticismo sobre la naturaleza “sónica” de los ataques. Ahora, en cambio, lo “lógico” es asumir que existieron estos “incidentes”, pero que no tienen nada que ver con armas sónicas.

Este nuevo punto de vista es compartido por CBS News, que en su cobertura sobre el hecho llama “mysterious, invisible attacks in Cuba” a lo que antes se denominaba, con total desparpajo, “sonic attacks”. Otros medios, como ABC y NBC News también replicaron este reporte de AP. Y la noticia, una vez más, recorre el mundo. Un mundo donde Trump declara a Jerusalén capital de Israel y donde rige el toque de queda y la represión en Honduras tras días sin declarar oficialmente los resultados de las elecciones. Pero el tema de la materia blanca en el cerebro de los diplomáticos estadounidenses se las arregla para seguir siendo una “top story”.

Los científicos citados por AP nunca niegan la existencia de los ataques, o de los síntomas. Simplemente, pasan a denostar la teoría del “arma secreta acústica”, sea ultrasónica o infrasónica, algo que había quedado demostrado y probado por científicos cubanos hace ya rato. Pero, bueno, los científicos estadounidenses siguen teniendo el mejor sitio en la tarima de los “global media”.

El cable de AP también aprovecha para citar a Rex Tillerson, Secretario de Estado (por el momento) de la administración Trump. En palabras de nuestro “amigo” Rex, en Cuba hubo “ataques selectivos”. A diferencia de AP, la agencia EFE le agrega a la declaración el trasnochado calificativo de “ataque acústico”. ¿Será que EFE todavía no se entera? ¡Ya se está avanzando a otra cosa! ¿Acústico? ¿Sónico? ¡No, no, ya podemos mostrarnos escépticos! ¡Ya podemos decir que eso es una tontería!

 ¡Ah, pero hubo ataques! ¡Y fueron selectivos!

Nuestro “amigo” Rex, haciendo gala de su carácter tiranosáurico, también dijo (y seguimos citando a AP): “What we’ve said to the Cubans is: Small island. You’ve got a sophisticated intelligence apparatus. You probably know who’s doing it. You can stop it (…) It’s as simple as that.”

En castellano, dijo algo así como: “Lo que le hemos dicho a los cubanos es: Pequeña isla. Ustedes tienen un sofisticado aparato de inteligencia (¡gracias por el halago, “amigo” Rex!). Ustedes probablemente saben quién lo está haciendo. Ustedes pueden detenerlo. Es tan sencillo como eso.”

O sea, en cubano, que nosotros somos tan “inteligentes” que sabemos cosas y autores de cosas que puede que no existan, que sabemos identificar a victimarios de crímenes que puede que nunca acaecieran. ¡Qué G-2 el nuestro!

Y sin embargo, la historia camina. Medios como El País o Clarín amplifican este nuevo capítulo, esta nueva entrega de una saga fantasiosa y llena de falsas y pueriles intrigas, que sería de verdad muy entretenida y hasta simpática si no fuera porque en ella se juega el destino y el bienestar de seres humanos, de hombres y mujeres reales, de carne y hueso, gente de pueblo que son (que somos) las principales víctimas de un retroceso total en la normalización de las relaciones bilaterales entre Cuba y Estados Unidos, o de un posible recrudecimiento del bloqueo y alguna que otra sanción accesoria.

Será que en definitiva, aquello de que una mentira repetida mil veces se vuelve verdadera no está tan lejos de la realidad. O que cuando se juega a la campaña política de desinformación y posverdad, el mantenimiento de una línea de mensaje en el tiempo es arma suficiente para validar acciones y decisiones al más alto nivel.

Habrá que hacer como Hércules Poirot, y poner a trabajar nuestras células grises, en el afán de desentrañar las negras intenciones que se esconden tras la enorme y compleja maquinaria de la mentira. Esas intenciones oscuras que se ocultan bajo la noticia que vuelve a salir a la superficie.

Ojalá que en ese empeño no se nos dañe nuestra materia blanca.

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