A propósito de la afirmación de la Viceministra sobre el deber de los profesores universitarios cubanos.

Tomado del Facebook de Carlos Arístides Luque.

Hay quienes opinan que la convicción directamente expresada, sin afeites ni remilgos, sin rodeos diplomáticos, ni edulcoraciones oportunistas resulta un recurso poco feliz. La expresión de la Viceministra es de nítida raigambre fidelista. Así se expresó siempre Fidel. Recordemos la frase que tanto inquietó a los moderados: “El que no se sienta activista de la política revolucionaria de nuestro Partido, un defensor de nuestra ideología, de nuestra moral, de nuestras convicciones políticas, debe renunciar a ser profesor universitario.”

Se ha propuesto que sería más eficaz enunciarla bajo otro ropaje de palabras. Veamos una propuesta aparecida recientemente:

“Aun cuando un profesor no se sienta activista de la política revolucionaria de nuestro Partido, un defensor de nuestra ideología, de nuestra moral, de nuestras convicciones políticas, siempre tendrá un espacio para ejercer su profesión y participar en la formación de las nuevas generaciones, respetando la decisión de la mayoría, de mantener y mejorar nuestro proyecto social.”

Analicemos. Ninguna persona, como bien se sabe ya – (siempre que se quiera saber, claro está) – está libre o exenta de sustentar una ideología. Incluso aunque se declare apolítico. Ser apolítico es ya asumir una actitud política. Y de las más dañinas. Los griegos le llamaban idiotas. Palabra que no tenía entonces el significado que hoy tiene, sino que se refería a los que no se interesaban por los asuntos de la polis, de la cosa pública.

Entonces, si aceptamos esta premisa, si un profesor universitario cubano no es un defensor de la ideología del Partido Comunista Cubano, ¿de qué se supone qué es un defensor, de qué ideología?

Al menos en el mundo de hoy, y en las circunstancias históricas y geopolíticas cubanas, no es posible sostener que exista un posicionamiento ante los problemas y conflictos regionales o mundiales que pueda considerarse desideologizado. Existe, sí, el intento espurio de pretender que se pueden analizar conflictos o actuar con la pretensión de no responder a ninguna ideología. Pero dada la naturaleza de la praxis social, toda actuación, privada o pública, denota una opción ideológica, incluso aunque no se tenga plena consciencia de ella. Esto último, la falta de conciencia de los sustentos ideológicos, es una condición utilizada por la guerra mediática y psicológica para manipular el pensamiento y las opciones precisamente políticas de la gente que accede a las llamadas redes sociales.

Pero un profesor, además de profesar una disciplina, es, o debe ser, un educador. Bajo la premisa de la citada reescritura de las palabras de la Viceministra, hagámonos esta pregunta:

El profesor universitario que “no se sienta activista de la política revolucionaria de nuestro Partido”, ¿en qué sentido va a “participar en la formación de las nuevas generaciones”, de qué otra política puede ser activista?

Aceptamos que la “formación” no es sólo instrucción, incluso aunque se convierta en propósito consciente. No es posible explicar la historia, por ejemplo, sin asumir una posición ideológica. Es harto sabido que no existe la objetividad aséptica en esa disciplina. Pero incluso la explicación misma de las leyes físicas, más allá de la objetividad indiscutible de la ley, suscita hoy mismo entre los especialistas enconados debates filosóficos que a la postre influyen poderosamente en las formaciones ideológicas. Aceptemos entonces que no es posible no ser activistas de algún posicionamiento.

Por otra parte, bajo la premisa de que, sin ser el profesor universitario un activista de la política del Partido Comunista cubano, pueda tener un espacio para formar a las nuevas generaciones, y visto que resulta fácticamente imposible no detentar una posición ideológica, el profesor podría respetar la decisión de las mayorías, pero le sería prácticamente imposible, no manifestar la suya.

El acto de enseñar o explicar en el acto docente, el recurso de plantear temas problémicos, explicar conflictos, entraña siempre un sustento ideológico. En cuestiones ideológicas no existen las soluciones salomónicas.

La mayoría de nosotros, los cubanos, hemos aceptado que el Partido Comunista de Cuba es la fuerza dirigente superior de la sociedad cubana. La educación se ha de guiar pues, en su aspecto ideológico por el sustento filosófico declarado en esa Constitución: el marxismo y el leninismo. Es nuestra opción mayoritaria. Nuestros profesores deben profesar, al mismo tiempo y al mismo nivel, conocimientos de sus disciplinas, y del venero de esa filosofía. No puede admitirse ninguna vacilación. Por eso prefiero la valentía de la Viceministra, aunque la firmeza en estos tiempos se tenga como poco feliz, a la moderación de las perífrasis incoherentes y contradictorias.

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