A propósito de una táctica divisoria en curso

Por: Carlos Luque Zayas Bazán.

Aclaración necesaria:

Sólo después de publicadas tres notas en el muro personal de Facebook, conocí la réplica del doctor Ernesto Estévez Rams al texto de Alina B.LH, en La Joven Cuba,  que se refería al artículo del primero en Granma.

Como era de esperar, la réplica del Doctor Ernesto Estévez,   respetuosa, pero gallarda, – como es siempre la verdad-,  pone el dedo en una llaga dolorosa: revela contundentemente la mala intención de que fue objeto su texto. Como ya nada sorprende, cuando se acude a esos menesteres, y puesto en evidencia el procedimiento fraudulento, la otra parte arguye una justificación que sólo logra revelar con más claridad la torcedura: La doctora mutiló el pensamiento completo del Doctor, base desde la que catapulta gran parte de su tesis, dice que por error del editor del diario, al destacar este sólo una idea, que es la que ella se limita a citar. He aquí la justificación completa:

“Si hubo alguien malintencionado fue el editor del periódico. Ese párrafo era el encabezado de todo el artículo, este tipo de llamado se utiliza para resumir la esencia del texto y llamar la atención de los lectores.”

(Eso me recuerda una frase del gran Carpentier en una de sus novelas: “Tenía tanta hambre, que el pensamiento se le quedó en la sola idea de comer”. La autora tenía tantos de deseos de hacer su tarea, que la lectura del texto de Estévez se le quedó en el resumen del editor. Pero no. No es así. Nada es tan inocente en estas lides.

La respuesta – casi un chiste, porque raramente la agudeza polémica acude a tan pedestre menester, si no sorprende cuando la tarea ideológica subversiva  comprende su impotencia, – por otra parte regala, una oportunidad de oro para ser testigo de cómo se desnudan sus métodos y caen las máscaras éticas de los apasionados defensores de la “democracia y la transparencia” cuando intentan oponerla a la Revolución.

(Uno recuerda a Robespierre burlándose de los “increíbles de la Revolución”)

 El que exige civismo debe serlo, primeramente, él mismo, porque, ¿acaso justifica el modo en que un editor destaque una idea, apoyarse sólo en ello para violentar el criterio del autor editado,  cuando lo honesto (lo cívico, que se le exige a otros), sería dar a conocer el pensamiento completo del autor y de después opinar sobre el editor, si es el caso?)

Pero es aleccionadora y de la máxima importancia destacarlo: ello revela que el blanco, como siempre, no era la persona, sino en este caso la tarea que tiene asignada la autora: el blanco es el  Granma, el Partido Comunista y el intento, más risible todavía, de sugerir un cisma entre el Primer Ministro, el Partido, los principios basales de la Revolución, los periodistas y sus medios. En eso la doctora volverá a fallar, una y otra vez. Es tan evidente como el sol. De eso tratan estas notas.

Con la intención de contribuir a desnudar y poner de relieve esa matriz, doy a conocer en un solo cuerpo, las tres notas completas con respecto al tema de la táctica divisoria que, siendo de vieja data, sigue su curso, con nuevos actores y añejos y nuevos procedimientos.

A propósito de una táctica divisoria en curso.

«Han ido escalando en el ataque a lo que nos une —el Partido— y lo que nos defiende —nuestra prensa—, descalificando continuamente a ambos y tratando de fracturar y separar lo que viene de una misma raíz y crece en un mismo tronco.»

 Miguel Díaz Canel-Bermúdez en el Congreso de la UPEC.

(I)

Los reclamos de nosotros, el pueblo cubano, sean opiniones, críticas o propuestas de cualquier índole, siempre han encontrado oídos atentos en nuestro gobierno.
Desde siempre, al estilo de Fidel, y como médula central de la gestión del Partido, cuando no se puede hacer algo, se explica profusamente. Contra eso, ahora se va dibujando entre los “neo revolucionarios”, una táctica divisoria, que a la vez busca legitimarse por una parte, y dinamitar decisivos pilares, por otra.

Un ejemplo de ello reciente: reconocer las excelentes intervenciones de nuestro Primer Ministro en su alocución sobre las recientes medidas, – entre ellas, cortar el arribo del turismo al país, o detener el curso escolar- para, a seguidas, oponerle, en bloque, la “retórica discursiva tan del gusto de nuestros dirigentes”, un oportunismo barato, al cual se le notan de inmediato las costuras de la mala intención y el yerro político.

Desde el mismo principio que la pandemia se hizo presente en Cuba, nuestro gobierno explicó que la estrategia diseñada para afrontarla contemplaba fases escalonadas, en dinámica compleja con muchas variables nacionales e internacionales.

Cualquier persona que respete la inteligencia ajena comprendería que esas dos medidas (Turismo, Educación, entre otras) estaban por fuerza contempladas desde el comienzo, para ser aplicadas en el momento oportuno. Es lógico entonces que mucha gente, común o no, pensara lo mismo, y lo conversara, o difundiera en las redes. Y es lógico también que las autoridades estuvieran al tanto de esas opiniones, a tenor con las graves responsabilidades y afrontando los obstáculos y complicaciones de un país agredido, que tan fácilmente vencen los estrategas de café y los críticos de a céntimo por el kilo, cuando se trata de valorar cuándo implementar una u otra estrategia y desplegar sus tácticas.

Pero en su afán de desacreditar al Partido, la notoria opositora ideológica, en camuflaje de aparente vestidura de “animal político” y “demócrata”, lo presenta insidiosamente (dice en un texto, que “Al fin!”), sugiriendo tácitamente una demora irresponsable, como si el gobierno estuviera ajeno a la posibilidad de aplicar esas u otras medidas que pueden sobrevenir, y las ejecutara improvisadamente, sólo por una presión de la opinión pública.

Y cuando se trata de valorar las tácticas de quienes se atrincheran en blogs de muy dudosos mecenas y sostenedores, cuidémonos de quienes quieren dividir otra unidad, que es también importante mediante el expediente de ensalzar a unos para deprimir a otros en las filas del Partido y con respecto al pueblo.

Pero con un objetivo de mucha gravedad, al estilo liberaloide de sus concepciones: al contrario, nuestra fuerza mayor es la unidad interna del partido, y del partido con el pueblo. No debemos dejar de poner al desnudo  la valoración al estilo liberal, de las individualidades políticas en Cuba, sobre todo cuando la intención, sin afeites, es posicionar criterios apoyados en un báculo fuerte, en una incivilidad, para, a la vez de agenciar razones de legitimidad ideológica, al mismo tiempo dinamitar lo que el elogiado representa en grado sumo. Parafraseando a Cantinflas: no me elogies, Compadre..

(II)

Cuando alguien se pone el sayo, es porque le ajusta. Pero en este caso le ajusta por una inversión manipuladora de los criterios ajenos, revelando que el dardo era certero, haciendo evidente que a confesión de partes, relevo de pruebas.

Porque la afirmación del Doctor Ernesto Estévez Rams, según la cual, («Se trata de la responsabilidad en momentos de emergencia, de no contribuir a socavar la confianza en quienes tienen sobre sí la inmensa responsabilidad de gestionar de verdad esta contingencia», fragmento aviesamente citado por la autora de La Joven Cuba, calificando a Estévez (*), con respecto a la Revolución cubana, como uno de esos “cantores (que) prefieren encerrarse en lugares asépticos, lejos de impurezas y promiscuidad”, no impugnaba, por supuesto, a las distintas opiniones de buena fe que la rica variedad de criterios populares manifestaba con respecto a medidas que debían o no protegernos de la pandemia. Para el que tenga limpia intención, sin anteojeras antipartidistas casi obsesivas, es evidente que determinados criterios en un sector bien acotado y visible del espacio digital en las redes, apuntaban al objetivo de socavar la confianza en el curso de las medidas gubernamentales. Y contra esa corriente, y sólo contra ella, se manifiesta, con mucha responsabilidad y sin temor a contagiarse del virus mediático que le malinterpreta a sabiendas, el artículo del doctor. Pero los que ajustaban el sayo comprendían y, naturalmente, reaccionaron, revelando más bien que disimulando su afiliación.

Hay que ver con qué cívica valentía el autor va de frente, precisamente, contra esas impurezas, y sin la promiscuidad de quienes conviven en un mismo espacio digital, con la intención de aupar el ego personal, y en contra de toda una mayoría social cubana, que ha refrendado lo que tanto le duele a la que arremete tan insistentemente contra al carácter del Partido como fuerza dirigente superior de la nación, a la vez que hace eco y sinergia a matrices de opinión que pertenecen por entero a los enemigos de la democracia que dice defender.

(*) A diferencia de esa ácida valoración y sesgada manipulación, en un espacio anterior había manifestado con mucho aparente respeto, considerables elogios por el carácter de un debate sostenido con el doctor Ernesto Estévez RAms. Qué rápidamente ha pasado para esta autora el Doctor, de una voltereta, a un claustro promiscuo y aséptico de cantores gregorianos…Será porque Granma lo ha publicado? Cuando no pueden captar a un militante para sus narrativas…

(III) (o… ¿cuál viento orienta la veleta de Alina B.L.H?

«pues el viento, el viento gracioso,
se extiende como un gato para dejarse definir….»

Ah! Que tu escapes. de José Lezama Lima.

No pensaba escribir todo lo anterior y apretar la tecla del punto final en estas notas, con una alusión directa a la autora de la crítica manipuladora al texto de Ernesto Estévez Rams.

Pero después de meditar algo más en la conclusión de su libelo, recordé el ejemplo de Marx y Lenin, que polemizaban con nombres y apellidos cuando era imprescindible.

El mencionar por su nombre a un autor, se tiene hoy como una táctica totalitaria, o algo poco menos que fascista. Y no es raro, sino frecuente, que se aproveche la ocasión para victimizarse, y elevar al cielo un clamor vocinglero anunciando el nuevo apocalipsis de renacidos quinquenios multicolores y otros fantasmas. Hay poca creatividad al respecto.

Como tengo de tal tópico el criterio de que se trata de una táctica liberal de espurio democraticismo – no de la democracia auténtica – y que es una táctica para que todo naufrague en el terreno de un relativismo donde tanta razón tiene Agamenón como su porquero, mis convicciones prefieren decir su nombre, como nos dice un verso de Guillén.

Veamos.

Al final de su texto la autora insiste, en tiro elevado final, mutis de artificio, en una de las tesis divisionistas que no se anima a revelar con todas sus letras, como seguramente lo hará en el momento adecuado en que el viento que espera mueva las aspas de la propia veleta, sople al fin. Pero que por ahora sostiene una y otra vez su tesis en el subtexto de ese y otros escritos.

Es algo del mismo carácter de lo que apunté en nota anterior sobre los elogios al Primer Ministro versus los “ideólogos sovietizantes cubanos”. Oponer, sugiriendo, un cisma donde la unidad partidista tanto preocupa. Gusta la autora, repetidamente, de esas antinomias, que me recuerda el ardid estilístico, aprendido en las becas de formación de líderes, un arte en que es un maestro el mecenas del blog donde pública. (Este, por ejemplo, en un equilibrismo constante en su estilo, aventura algo negativo de los EEUU y, a seguidillas, da una pinceladita contra el PCC, al que aspiró y solicitó pertenecer. (Como la gente que comprende, en el mismo minuto en que el objeto de sus afanes les niega sus favores, y dice, “No”, que es fea, o feo, como las zorras, o los zorros, y las uvas verdes. En fin…

Cito a la autora: «Los que dirigen los medios y la esfera ideológica en este país, los que escriben para esos medios, deberían tomar ejemplo del escritor y ubicarse bien en los vientos que corren, no para ser oportunistas como sugería la caricatura, sino para no quedarse solos. El gobierno parece mejor orientado que ellos.» Y es que El Granma, órgano del Partido Comunista de Cuba, para ella, navega a contraviento del gobierno. O viceversa, como nos dice la grácil conductora del excelente programa, La pupila asombrada…

Sólo porque le ha sido simpática la voz del Primer Ministro, quien cuando llama a actuar, con respecto a la pandemia, unidos todos más allá de las diferencias, imagina, en sus sueños de la razón, que nuestro Partido va a perder un rumbo sostenido, como en aquella gesta, contra el viento, las mareas, manglares, y los que quieren, como nuestros peores enemigos de allende los mares, verlo naufragar en un divisionismo que tanto les convendría. 

Y si esa fue la lección del Primer Ministro que tanto le entusiasma, y que elogia por ello, la autora atenta contra él, pues su primera reacción es tratar de sembrar la idea de una división, de un debilitamiento de la autoridad y unidad del Partido, que es parte de la garantía de salir con el mínimo de daños de esta situación.

Por esa pesadilla imagina, suponiendo, otra vez, la conducción ideológica perdida por un sendero de caminos que se bifurcan. No soy militante, y por lo tanto nada sé de la vida interna del Partido Comunista, sino lo que cualquier hijo de vecino sabe por su actuar diario y su relación constante con la Cuba profunda y el pueblo llano. Por eso le doy una muy mala noticia: el viento del partido comunista, sea fuerte y sostenido, en rachas transformadoras, o acariciante y fresco de continuidad y renovación, esa brisita que tanto amaba Lezama, es el de nuestro gobierno, por supuesto, la del Presidente y su Primer Ministro, por él nombrado.

No somos una falsa democracia al uso. Quien imagina un desencuentro, lo desea, como esos, ya no amantes ni amados, que creen infiel a su pareja de tanto desearlo, o serlos ellos mismos. Abandonar ese sueño, créame, vale la pena.

Apostilla final.

Quo vadis?
Poco es tan grave y necesario a los pueblos que la crítica social y política. Por ello, cuando alguien, o un grupo de personas, pretenden presentarse como revolucionarios críticos honestos, o como el modelo de lo que debe ser el ejercicio del criterio para el mejoramiento social, de suyo es una exigencia elemental que antes cumplan en su actuación con lo que exigen de los demás. De no hacerlo así sus pretendidos basamentos éticos y superiores actitudes cívicas caen, no en la lid con el adversario de ideas, sino por su propio peso. Se dan el clásico tiro en el pie. Es lo que han cometido dos críticos del texto de Ernesto Estévez citado, saga de estas notas que los interesados deben ya conocer muy bien. Dos eventos paradigmáticos de esa incoherencia entre el decir y el hacer.

Como quiero llamar la atención de procederes en que los defensores acalorados del debate le exigen la honestidad y la transparencia a OTROS, sin practicarla ellos mismos, resumo lo anterior: 

Primero fue la cita trunca del texto de Estévez, de la articulista Alina B.L.Hernández, con la que manipuló todo el sentido y mensaje del autor, y que he comentado y analizado ampliamente aquí más arriba. Después, al no poder negar la poda de todo el pensamiento de Estévez Rams, de la cual derivó todo su ataque manipulatorio dirigido al diario y la Partido Comunista, y la transparencia democrática que dice defender, no tuvo más remedio que admitir la vergüenza del procedimiento y reconocer, pero todavía justificando, que la cita estaba truncada, sí, pero que había actuado de ese modo porque era el fragmento que destacaba la editora del diario donde fue publicado el texto del doctor en Física.

El insólito proceder, en su esencia, se repetiría algo más tarde, pero en la voz de otro actor. Estévez Rams, en gesto de transparencia y honestidad, había enviado un comentario extenso al blog Segunda Cita glosando la polémica y contribuyendo a la reflexión de todos los pareceres cívicos que allí confluyen para que, con la máxima justicia posible, valoraran, y se esclareciera el sentido del mensaje cívico, que era la espina dorsal de su texto en Granma, ya que había sido tergiversado antes. A seguidas un comentarista le endilgó esta especie de fake new mediático. No nos interesa el nombre, sino el expediente de algunos que se alinean en una campaña que en no pocas ocasiones, o coincide con las matrices publicitarias de la claque notoriamente enemiga de Cuba, o son aplaudidas o difundidas de inmediato. La respuesta a Ernesto Estévez en cuestión, reza:

“Ernesto, entiendo que usted no es periodista ni un profesional de la palabra. Debe ser por eso que no sabe -y quizás tampoco lo sepan en su gremio-, que cuando se escribe no se hace pensando en lo que «se quiere decir» sino que «se dice» y usted dijo claramente que sentía asco por las personas que en las redes sociales exigían al gobierno, y los relacionó a todos de modo generalizador con las campañas contra la Revolución”

 “Ud. dijo claramente”. Obsérvese que no hay aquí la mínima duda, sino el ánimo de enfatizar con fuerza. Recuerdo de inmediato un evento reciente, de la misma estirpe, en que alguien escuchó tan claramente la palabra “traición” en una intervención televisiva, que en esa palabra, y sin esperar a una reproducción, basó toda una apasionada catilinaria contra una prestigiosa periodista cubana con graves acusaciones, dignas, o de mejor causa, o de haber cotejado con cuidado la grabación, dada la magnitud de las consideraciones que derivaba de aquella palabra, que no dudo es escuchar claramente.

De inmediato, la respuesta de Estévez Rams fue lapidaria de esas que revelan la inteligencia y la dignidad

 “La palabra «asco» no aparece en mi artículo en Granma, no sé dónde saco eso. En ningún lugar yo dije que mi crítica era a los que le exigían al gobierno. No sé dónde saco eso tampoco. No hace falta ser de ningún gremio para darse cuenta que uno debe leer lo que se dijo y no lo que cree que se dijo. Y mis disculpas están bien ubicadas en la buena fe de quienes opinaron. Esas disculpas en ningún momento se refiere este párrafo que reafirmo: «No se trata aquí de negar la necesidad de la crítica y del análisis que incorpore a la inteligencia colectiva. Esa siempre será bienvenida, todas esas cosas mencionadas se dirigen en Cuba, en buena medida por la capacidad colectiva de decenas de miles y a veces millones de personas. No se trata de no sugerir ideas y propuestas constructivas, ni de no denunciar errores en la ejecución de las medidas adoptadas.  Se trata de la responsabilidad, en momentos de emergencia, de no contribuir a socavar la confianza en quienes tienen sobre sí la inmensa responsabilidad de gestionar de verdad esta contingencia.»

¿Cuál fue la motivación de quien puso la fea palabra “asco” en el teclado de Ernesto Estévez? ¿Un lapsus pasional? Cuando la pasión ciega a la razón, y a partir de allí se pretende dar lecciones de civismo o profesionalidad, uno se merece esta lapidaria respuesta de Ernesto Estévez RAms, que produce cierta vergüenza ajena:

“No hace falta ser de ningún gremio para darse cuenta que uno debe leer lo que se dijo y no lo que cree que se dijo”. Leer lo que se dijo y no lo que se cree que se dijo. ABC no sólo del periodismo, sino del más mínimo ejercicio lector y de la crítica.

Yo creo que eso le sucede a los que tienen del ágora y del ejercicio del criterio político ,el mismo concepto, y la misma práctica, que una conversación en la sala de su casa, donde toda frase ligera, o el humor caprichoso, tiene su habitación. Pero cuando se pretende la incidencia y difusión pública en graves cuestiones que implican la vida o la muerte de una nación, deberían embridarse las superficialidades que son divertidas en la tertulia íntima, pero contraproducentes en la abierta plaza de la discusión pública.

Pero lo mejor vendría después. Como en el caso anterior, la explicación fue la siguiente. La cito no con ánimo personal, sino para ilustrar lo que digo al principio: la disidencia, el criterio distinto que quiere hacer el bien y erigirse en modelo contra el dogmatismo y la burocracia, debe empezar a dar el ejemplo. ¿Qué ocurría si es un funcionario político el que comete tamaña pifia? Así fue la justificación

“Tiene usted razón, Ernesto, usted no usó la palabra «asco». La usaron quienes en un par de blogs le pusieron coletillas a su artículo, y lo manipularon a usted y a su texto burdamente. Me disculpo doblemente. Por endilgarle un término que no usó, y por aplicarle aquello de: «Mira con quién andas, y te diré quién eres».”

Antes, fue la editora culpable de que una articulista, dijera que Estévez dijo. Ahora los comentaristas son los responsables de poner en el texto de Estévez algo que no puso. ¿Quo vadis?

Pero saque Ud. sus propias conclusiones. Le doy una pista, como en el programa de La Neurona Intranquila, para que no se deje adormecer las suyas. El blanco no son los periodistas, o simples ciudadanos, o no, que publiquen algo en el Granma. No. El blanco es otro.

Saque Ud. sus propias conclusiones.

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