Cabalgo sobre Guajamón junto a Fidel.

Por: Marco Velázquez Cristo.

Alina Bárbara López Hernández a falta de argumentos para rebatir lo que sobre sus textos he escrito, recurre a la descalificación, me realiza múltiples acusaciones, con sorna me señala no dominar las reglas ortográficas y otras cosas banales a las que prestarle demasiada atención desvirtuaría la esencia de esta pequeña escaramuza mediática, que la “intelectual” trata de magnificar.

Para comprender lo que digo basta con apreciar el absurdo infundio que inventa aseverando que quienes define como una banda de galgos (dentro de los que lógicamente me incluye) odiamos a la cultura y a los intelectuales. No puede tener otra intención que atraer simpatías y obtener apoyo dentro de esos sectores, creando un rechazo hacia los que no comulgamos con sus ideas y propuestas (las de ella), tal vez pensando generar un enfrentamiento que la catapulte al “estrellato”, quizás alentada por un comentarista de LJC que la mencionó de conjunto con la antigua “vedette” de la contrarrevolución Yohani Sánchez.

Por el contrario de lo que ella piensa, defiendo y admiro la cultura de mi país y a los que hacen un arte verdadero alejado de vulgaridades, a los que no venden su talento a oscuros intereses, y rechazo a los que tratan con un seudoarte de amparar bajo las diversas manifestaciones de la cultura la acción contrarrevolucionaria.

Como odiar a una de las madres de la Revolución. “Una revolución solo puede ser hija de la cultura y las ideas. Fidel.

Respeto a los intelectuales, tengo amigos entre ellos, algunos bien conocidos, todos revolucionarios, ellos saben que soy real y no una creación de la internet, están conscientes del valor que le atribuyo a su papel en esta guerra de pensamientos que se nos hace, conocen y comparten mi rechazo a los que venden o tuercen sus plumas en favor de intereses enemigos.

“…Para nosotros será bueno, (…) será noble, será bello y será útil todo lo que sea bueno, noble, útil y  bello para el pueblo”.

 Fidel (Palabras  a los intelectuales)

También me acusa de hacer uso del principio de autoridad; en realidad el origen de su molestia está en que rebato sus planteamientos utilizando entre mis argumentos conceptos e ideas de Fidel. Es paradójica tal reacción en alguien que asegura “ser revolucionaria”.

Es clásico en los “nuevos revolucionarios” (a los que pertenece) no expresar sus ideas de forma directa, sino trazando hipérbolas literarias, plagadas de viajes en el tiempo, de enrevesadas citas totalmente descontextualizadas y de demostraciones de “sapiencia”, creando un todo en el que la ambigüedad reina.

La ambigüedad como característica predominante en este tipo de “escritores(a)” responde a la necesidad de ocultar sus verdaderas posiciones políticas y para en caso necesario como hace la “compañera” decir que se están manipulando o mal interpretando sus textos. Los monólogos de Cantinflas palidecen ante ellos.   

La forma que utiliza para mostrar su malestar por mis citas a Fidel demuestra lo que digo, veamos: “En el medioevo, ante la disyuntiva entre la fe y la razón se enrumbaba el primero de esos caminos. Cualquier discusión terminaba cuando se apelaba a las santas escrituras o a los escritos de los padres de la iglesia. En el mundo de los ACCE (yo) son otros los textos, pero su carácter sagrado parece mantenerse”. Después de llevarnos y traernos del medioevo remata, “Vean sino la forma en que son tratados por MVC (yo): “Para acabar de evacuar sus «dudas» doy la palabra a Fidel”, “cedo la palabra al Comandante en Jefe”, “Dejo que Fidel le explique algo a esta docta «intelectual»”. Creo que esto no necesita comentarse.

Cito con frecuencia a Fidel y lo seguiré haciendo, porque es el principal referente del pensamiento revolucionario de nuestros tiempos, la validez y acertado de sus ideas está avalada por lo logrado con la obra de la Revolución, esa que vemos  todos los días y su ejemplo de coherencia, ética y entrega a las causas más justas es insuperable.

Decía Lenin: “La práctica es el criterio valorativo de la verdad”, y añadía en Cuadernos Filosóficos, “es superior al conocimiento (teórico), porque posee, no solo la dignidad de la universalidad, sino también de la realidad inmediata”.  

Ella tiene otros paradigmas de ideas y conceptos como los que se publican en OnCuba y CubaPosible, plataformas que promulgan la restauración capitalista en Cuba.

Las ideas y teorías de Alina no cuentan con ningún aval practico, a no ser uno para nada honroso que es el de haber enviado a escuela enemiga a un aventajado discípulo suyo, algo que confirma lo equivocado de las mismas.

No practico la descalificación como arma para restar credibilidad o valía a los planteamientos de los que discrepo, tengo suficientes argumentos para debatir y defender mis ideas. Es que hay planteamientos que por lo errado y evidente mala intención se autodescalifican.

Algunos ejemplos, “El socialismo es un obstáculo para el desarrollo”, “…las adiciones, modificaciones y eliminaciones presentes en el Proyecto Constitucional actual son inconstitucionales…”, “si para el 2030 Cuba pudiera aspirar a llegar al comunismo, no podría hacerse pues la cláusula de intangibilidad no lo permitiría”. Adúzcase lo que se quiera,  estas expresiones son dislates, que rebatí en el artículo, Decepcionantes yerros de una “intelectual” en el cual también amplié sobre el contexto escrito en que fueron expuestas.

No me voy a detenerme en lo relacionado con supuestas amenazas pues además de no existir en mis textos ninguna expresión que las sugiera, es conocido que este tipo de inculpación, conjuntamente con la de ser perseguidos se emplea por los “nuevos revolucionarios” para victimizarse y acusar al Estado de intentar reprimirlos. Es algo de vieja data en ellos.

Alina nos da la razón al calificarnos de: “Banda de galgos tras los talones de aquellos que se atreven a disentir de lo considerado políticamente correcto”.  

Vamos a las diversas ignorancias que me atribuye.

Es cierto que no respeto mucho las reglas ortográficas y que pongo los puntos, las comas, etc en los lugares que considero sin reparar en estas, pero nunca estas licencias que me tomo, han cambiado el sentido o la esencia de lo que escribo, ni confundido a mis lectores, para todos ellos esta claro que soy sin dudas un revolucionario.

Sin embargo, hay quienes respetan escrupulosamente las reglas ortográficas, pero irrespetan a los que los leen embrollándolos en laberinticos y crípticos textos de difícil comprensión que terminan por confundirlos y los dejan sin saber a que atenerse sobre las posiciones que adopta el redactante (otra palabra que invento) sobre un determinado tema. Esto si es realmente censurable.

Lo importante es parafraseando al apóstol, que la palabra cabalgue en la razón, porque entonces penetra más que la más larga espada. ¡Que razón tenía Martí!, obsérvese la ira de la “intelectual”.

Erudicialmente me envía a pasar un curso de gramática por emplear dicha palabra que no aparece en el diccionario, dice, “…¿crear palabras que no existen? (…), ya esto es exagerado”. Debo haberla enojado aun más pues inventé otra (redactante).

Lo que opinan los especialistas.

Según la Lingüista Elena Álvarez Mellado de la Universidad Complutense de Madrid, la cito, “Tenemos tan interiorizada la idea de que es el diccionario el que crea la lengua que decimos alegremente que una palabra no existe cuando no la encontramos en el diccionario. Pero es falso”.

Para Álvarez Mellado, “…la labor lexicográfica (arte de hacer diccionarios) no funciona así. Las palabras no pertenecen a la Real Academia Española (RAE) ni a los diccionarios, pertenecen a los hablantes. Los hablantes crean, producen, inventan palabras, y los diccionarios las recogen. Nunca al revés”.

Por su parte el investigador Javier López Facal Licenciado y doctorado en filología clásica por la Universidad Complutense de Madrid, secretario del Instituto Cervantes entre 1992 y 1994 al ser preguntado sobre si eran incorrectas las palabras que no están en el diccionario de la RAE, respondió: 

“Si alguien va por el campo, ve una hierba, consulta un libro de botánica y no viene, no se le ocurre decir que esa hierba no existe, sino que esa hierba no está en su libro de botánica. Nadie puede decir a un hispanoparlante ‘esta palabra no existe’. Se puede decir que no está en el diccionario (…) Mucha gente cree que el diccionario de la RAE es como los mandamientos de la ley mosaica y que si los incumples vas al infierno”.

Al parecer hay alguien que necesita pasar un curso de filología.

Alina para denigrar recurre a una frase que le atribuye al Quijote, “si ladran Sancho es que cabalgamos”, en realidad la misma no fue incluida por Cervantes en su magistral obra. María del Carmen Ugarte García Doctora en Filología investigadora de culturas populares, en su trabajo, Lo que don Quijote nunca dijo. Falsas atribuciones fraseológicas a Cervantes”esclarece todo lo relacionado con este tema, significando que esta es una de las varias paremias atribuidas popular y habitualmente a Cervantes en el Quijote.

Significa la académica que: “…El rastreo de esta unidad lingüística en la Biblioteca Digital Hispánica, lleva a un reducido grupo de documentos en la primera mitad del siglo XX, cuyo primer ejemplo es de 1919, luego un salto hasta 1974 y una progresión ascendente que llega hasta nuestros días. En el primer documento, precisamente un artículo en la revista Cervantes, encontramos una clara atribución a Goethe: Oigamos siempre a nosotros mismos, y despreciando aquellas pequeñas y arbitrarias acometidas, repitámonos la afirmación de Goethe: «¿Ladran? Luego cabalgamos…» (Alfredo Jara Urbano: «Querer es poder», Revista Hispano-americana Cervantes, octubre 1919: pág. 125)”.

“…Debemos empezar por situarnos en esa posición honrada de no presumir que sabemos más que los demás, de no presumir que hemos alcanzado todo lo que se puede aprender…”

 Fidel (Palabras a los intelectuales).

Pudiera terminar burlándome de sus equívocos, utilizándolos para denigrarla y descalificarla como intentó hacer conmigo, pero mi ética es diferente, me son ajenos la egolatría y los sentimientos de desprecio u odio. No cabalgo en un tigre como ella dice, sino junto a mi pueblo en Guajamón el caballo del Titan de Bronce, desde el cual la veré perderse en la niebla del pasado montada en su caballo de Troya.

La razón es nuestro escudo.

 José Martí.

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