Cinco toques y par de estornudos (II) | PostCuba

Cinco toques y par de estornudos (II)

Jaime Zayas.

Como ya dije en mi post anterior, toda enfermedad comienza con un síntoma, liviano, quizás pasajero, pero que denuncia la presencia del virus, la bacteria o la condición inmunológica. Puede ser una erupción, o un dolor muscular. A veces, es apenas un estornudo.

Dos días después de las elecciones, el 28 de noviembre, se publicaron tanto en El Toque como en El Estornudo sendos artículos sobre la primera fase de este proceso. Simple coincidencia, por supuesto.

Según su perfil en la página de Univisión, Abraham Jiménez Enoa es uno de los directores de El Estornudo. También publica regularmente en OnCuba (generalmente sobre temas deportivos) y un artículo suyo, titulado “¿La capital de todos los cubanos?” fue amplificado por Fernando Ravsberg en su blog “Cartas desde Cuba”.

Tituló a su escrito sobre el proceso eleccionario “El juego se trata de marcar la cruz”, y es una larga perorata en la que se mezcla una cederista envejecida, una asamblea de nominación fallida, una alusión al “inefable Alejandro Castro Espín” como potencial “heredero”, añoranza por campañas políticas bien demagógicas, burla sobre las biografías de los candidatos (los de su circunscripción son ambos militares, y eso exaspera al autor), una velada acusación de adoctrinamiento cuando se refiere a los pioneros que “ensayan un saludo militar”, la denuncia de la “injusta exclusión” de candidatos de la “oposición” (las comillas no son, en este caso, citas literales) y un encore, donde narra la bufonesca actitud de un “cantante de agrupaciones importantes dentro de la música popular bailable en Cuba”, que imita a Fidel, burlándose en los luctuosos días del primer aniversario de su muerte.

Abraham no posee el don de la ubicuidad, pero parece en cambio poseer el don de estar ahí donde se trabe el paraguas, allí donde se enrede la pita, donde las cosas estén mal, pero mal de lágrimas. ¿Será su talento excepcional como reportero? ¿O hipérbole sensacionalista?

El artículo en resumen es una larga y venenosa historia, con ínfulas de periodismo avant-garde, que tiene mucho de tergiversación y poco de análisis. Pudiera publicarse en Diario de Cuba o en 14 y medio, y no pasaba nada con él. Uno más del montón, de la larga hilera de artículos producido por “el coro de la histeria reaccionaria” (el término es de Fidel).

En cambio, El Toque no se abocó a pormenorizar historias. El autor de “¿Qué pasó en la primera fase de elecciones en Cuba?” (nuestro amigo Julio Batista) se explayó haciendo un “análisis” sobre el saldo de las elecciones. Con par de gráficos y unas cuantas cifras, Julio Batista parece que quiere hacer notar que estaba en lo cierto cuando hablaba de la abstención (sin recomendarla, por supuesto). “La tendencia al aumento del abstencionismo, registrada desde hace 15 años, se mantuvo.” Parece un niño, que hace piruetas frente a su mamá: “Mírame, mírame. ¿Viste? Se abstuvo gente, se abstuvieron. Lo nunca antes visto. Y yo lo dije. Sin recomendarlo, claro, pero lo dije.”

Luego hace un salto mortal: “(…) el 4.12% fueron depositadas en blanco, el 4.07% fueron anuladas”. Sin el más mínimo pudor, suma las boletas en blanco a los que se abstuvieron de votar, como si fuera la misma cosa. ¿Qué más da? “Contabilizando ambas, tendríamos a 1 558 569 electores que no ejercieron —directa o indirectamente— el voto.” ¿Viste, mamá? ¿Viste qué hábil soy?

Y va y suma las boletas anuladas. ¿Por qué no? Ahora son 1 868 108 personas. Todas están contra el sistema, no hay la menor duda, ¿verdad? ¿Qué importa que mucha gente depositó la boleta en blanco porque apoyaba la elección como proceso pero no simpatizaba con ninguno de los dos candidatos? ¿Qué importa que mucha gente haya anulado la boleta por error o simplemente por poner ¡Viva Fidel!? No, Julio Batista dice que todos esos votos son contra el sistema. Y hay que creerle. “¿Estás orgulloso de mí, mamá? Mira como salto.”

Después, se enreda con “problemas de cálculo”. Ya ni entretenido es para ese entonces su afán de “periodismo acrobático”.

Cinco artículos en El Toque y dos en El Estornudo fueron la cobertura dada por estos sitios al proceso electoral. Amén de algunos atisbos de objetividad, casi todos supuraban odio por sus letras, o un desencanto rencoroso, o alguna forma de cinismo. Muy pocos autores analizaban el sistema electoral como fenómeno jurídico, y se limitaban a extrapolar sus propias experiencias y juicios como compartidos por una mayoría que han dibujado en sus mentes. El atacar el sistema político cubano debe resultarles muy rentable.

Lo cierto es que el 26 de noviembre, la gente fue a votar. Sin armar mucho lío, ni hacer grandes gestos. ¿Qué hubo abstención? La hubo. ¿Qué hay que reformar y mejorar el sistema electoral? Es cierto. Pero no todo es gris con despuntes negros, como lo pintan en esta suerte de campaña. El destino de Cuba, y sus cambios, serán consecuencia de la voluntad popular, de la mayoría democrática. Y no resultado de un capricho de un pequeño grupo que ha encontrado el sustento para sus carreras y vidas en el oficio tenebroso de hacerle el juego a los enemigos de la Revolución. Como por ejemplo, Liu Santiesteban, marcada contrarrevolucionaria que en su cuenta de Facebook compartió el artículo de El Toque sobre el resultado electoral. Dime con quién andas…

 El paciente acude al médico, por si las moscas. “Tome abundante líquido y descanse un poco, que eso que usted tiene es una gripe pasajera”. El paciente duda pero el galeno lo tranquiliza: “Un catarro bobo no le va a hacer el más mínimo daño. Tiene salud para rato.”