Cuba: El momento de la epopeya de un pueblo

Por: Marco Velázquez Cristo.

El escenario político, económico y social de Cuba en la actualidad, no admite improvisaciones, medias aceptaciones del modelo que estamos construyendo o condicionamientos para dar apoyos.

Aun cuando no estamos ni estaremos en un proceso apocalíptico rumbo a la destrucción como lo dibujan los grandes medios de occidente y los que internamente añoran ese contexto, ni caeremos como fruta madura bajo la fuerza de atracción del imperialismo yanqui como cacarean algunos, no se puede ser ingenuos, sería suicida desconocer la hostilidad del gobierno norteamericano y su escalada agresiva contra Cuba, así como los actuales retos internos que afrontamos.

Por eso Cuba no necesita de:

Sabelotodos a los que las manos se les mueven nerviosas por escribir y demostrar su sapiencia, en los que el ego se impone por encima de lo racional y provoca la eclosión de largos y complexos post cargados de un surrealismo atroz donde la realidad está enteramente ausente, a los que les vendría bien un kombolói griego con el que pudieran sedarse y de esa forma dejaran trabajar a los demás.

“Galenos frustrados”, que repartan recetas de solución a los problemas a diestra y siniestra con medicamentos equivocados que de aplicarse dañarían la salud de la Revolución ostensiblemente. Improvisados Imhotep que  pretenden  hacerle una trepanación del cráneo a los que los leen para introducirles sus virus de la transformación del pensamiento.

Los que hipan por un Frankenstein político económico social pretendiendo “construir” el socialismo con las armas melladas del capitalismo que como dijera el Che nos conduciría a un callejón sin salida.

Fatídicos oradores del miedo y la frustración.

Judas Iscariote traidores disfrazados de San Judas Tadeo, como si fueran  santos de las causas difíciles y desesperadas.

Cuba necesita de:

La unidad de los que con discrepancias y matices deseamos desde lo más profundo de nuestras entrañas salvar la patria, porque si la Revolución cae, se pierde la patria que nuestros padres nos ganaron de pie. De eso se trata.

Hombres y mujeres que no practiquen la política del Avestruz que no escondan o ignoren los problemas, que sepan ejercer la crítica responsable y se sientan comprometidos con los errores y con su enmiendo.

Gente que trabaje por el bien común, de oídos sordos a los cantos de sirenas de cualquier latitud.

Convencidos que Cuba no es Numancia y de que nuestra estrategia no solo se fundamenta en la resistencia, sino también en la lucha para vencer, que tengan una inconmovible fe en la victoria y sean inmunes al pesimismo y el desaliento. Que sepan que no tendrán que escribir una tragedia para ilustrar el final de la Revolución, como la tuvo que hacer Miguel de Cervantes para representar el de la mencionada ciudad celtibérica, porque venceremos.

Historiadores, poetas y cantores que reflejen en sus obras la verdad sobre la epopeya que ha estado protagonizando el pueblo cubano desde los mismos albores de nuestra nación. Que defiendan y desarrollen nuestra cultura y no dejen que los vientos del Eolo del norte se lleve sus conciencias.

Nota: La redacción de algunos párrafos donde utilicé algunas palabras y citas no muy comunes, son mi modesto “homenaje” a los que enredan la pita con textos realmente crípticos y una demostración de que no es la falta de cultura la que nos lleva a escribir sencilla y directamente, sino que esa es la forma en que Fidel nos enseñó que deben comunicarse las ideas y expresar nuestras opiniones claramente, sin rebuscamientos y academicismos innecesarios.

Nunca debe escribirse o hablarse para satisfacer egos o vanidades.

 

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