Cuba: El momento es de unidad

Por: Marco Velázquez Cristo.

Nuestra tarea es unir (…); eliminar todo lo que nos divida (…); luchar por todo lo que nos una. !La unidad dentro de los principios. Esa es nuestra línea!
Fidel. 

Este es un momento de unidad, quien sienta en sus entrañas el dolor y el sufrimiento de sus compatriotas y desee ayudarlos con honestidad, debe actuar con desinterés y responsabilidad.

Es la hora de dejar los egos a un lado, de entregar a nuestros hermanos afectados lo que podamos con humildad, ya sea en esfuerzo físico o en cualquier otra forma.

El deber ha de cumplirse sencilla y naturalmente.
José Martí.

Los cubanos que todo lo perdieron, no necesitan de escarceos mediáticos, de pronunciamientos altisonantes, ni de que se utilicen sus pesares para hacer promociones publicitarias. Lo que más requieren es que unamos todos nuestros esfuerzos para sacarlos de la difícil situación en que se encuentran y que le proporcionemos el máximo apoyo emocional que podamos.

Haga cada uno su parte de deber, y nada podrá vencernos
José Martí.

Tampoco son instantes para la búsqueda de protagonismos, ni de hacerse eco de informaciones o versiones de incidentes que no se tienen elementos que permitan aseverar su objetividad.

No se trata de ocultar situaciones o problemas desagradables que nadie en circunstancias como estas desearía que ocurrieran. El punto es que lo único que resuelven las histerias mediáticas de algunos exaltados es fomentar debates que a nada conducen, dividen y abren brechas para que nuestros adversarios introduzcan la ponzoña de su veneno.

Azuzar discrepancias, magnificar inconvenientes que se presenten u otras eventualidades demeritando el esfuerzo y la preocupación estatal por ayudar a los damnificados y paliar los daños, beneficia a los que desean el mal para Cuba y desdice de quienes así actúan.

Azuzar es el oficio del demagogo y el del patriota es precaver.
José Martí.

El proceso de recuperación es complejo, requiere de organización para lograr un racional uso de los recursos disponibles, evitar que elementos inescrupulosos lucren con ellos y abusen de los necesitados, así como para agilizar dentro de lo posible su desarrollo.

No pretendo sermonear a nadie, no tengo ínfulas de Jesucristo, tampoco estoy llamando al silencio. Cada cual es libre de actuar como mejor entienda y de decir lo que le plazca; solo hago una reflexión sobre lo que considero desde mi punto de vista pudiera ser perjudicial no solo para la Revolución, sino también para los que vieron desaparecer de un golpe todo o buena parte de lo que tenían.

Si decimos que somos martianos y fidelistas, tenemos que actuar con apego a los principios que ellos defendieron y de los que fueron ejemplos.

Culmino con palabras del apóstol: ¡A la obra, todos a la vez, y tendremos casa limpia!

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