Cuba: Ganó la patria

Por: Marco Velázquez Cristo.

Mi venganza personal será mostrarte la bondad que hay en los ojos de mi pueblo.
Implacable en el combate siempre ha sido
y más firme y generoso en la victoria.

Tomás Borge

Como era de esperar la contrarrevolución ante el abrumador SÍ dado por el pueblo cubano a la nueva Carta Magna, frustrada ha comenzado a tratar de deslegitimar su proceso de aprobación y a tildar de ilusos a los que votamos en favor de ella, pero esos son solo ladridos de perros capaós que, como decía mi abuelo no se les debe prestar atención.

No voy a referir cifras son bien conocidas, tampoco me ensañaré con los derrotados citando nombres y desaciertos, incluso si los que, atormentados por las dudas de cuál sería el resultado final o llevados por intereses oscuros, apelaron a su derecho a no revelar en que dirección votarían para callar, hoy quieren gritar que votaron SÍ, prometo no recordarles sus temblores de rodillas o la mala intención de su silencio.

Los yerros de los “teóricos”, de los que con ínfulas de grandes pensadores blasonaban de su “capacidad” de predecir la tendencia del voto y que, con particular saña intentaron endilgarle a la nueva Constitución las más inverosímiles contradicciones y carencias, no serán objeto de mis burlas con el ridículo que hicieron es suficiente.

A los “sociólogos” de ocasión que confundieron su manera de pensar y las de sus cercanos con la del pueblo, a esos que interpretaron su cambio de bando como el de todos, a los que creyeron que igual que ellos vendieron su dignidad, también lo haría un pueblo entero, solo les recuerdo estas palabras de Fidel, “…indigna que alguien se imagine que la libertad y la dignidad de un pueblo puede ser comprada…”

No saltaré sobre los cadaveres politicos insepultos de los que intentaron aprovechar la coyuntura para ganar protagonismos, creyéndose que recontando la historia, atribuyéndose inmerecidos méritos y editando sus trayectorias suprimiendo las partes embarazosas, podrían ganar influencia y tener credibilidad. Más que cualquier otra cosa dan pena e inspiran lástima.

Pueden estar tranquilos los camaleones que ahora donde dijeron digo dicen Diego, no voy a restregarles en la cara su doblez, ni les dedicaré un artículo denunciando su incoherencia y oportunismo. En definitiva todo el mundo los conoce y no vale la pena perder el tiempo con ellos.

Estoy feliz no por ver humillados a los que estuvieron a punto de perder sus huellas dactilares tecleando enrevesados textos en los que buscaban esconder su inclinación por el No y sus intenciones de empujar a muchos en esa dirección. Estoy feliz porque mi patria tiene una Constitución que expresa un proyecto de país del que debemos estar orgullosos todos.

Lo verdaderamente importante es que vencimos la perfidia imperial, tenemos la Constitución que como pueblo quisimos darnos y no la que el yanqui injerencista y sus lacayos deseaban.

Finalmente nosotros defendemos la Revolución con la ética que nos enseñó Fidel, Implacables en el combate, magnánimos en la victoria.

Ganó la patria y con palabras del héroe Antonio Guerrero le dedico a ella la alegría del que sabe reír humildemente. 

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