Cuba: Intentos desestabilizadores disfrazados de llamados al diálogo

Por: Marco Velázquez Cristo.

Algunos creyéndose sus propias construcciones mediáticas de una revolución debilitada hasta el borde del colapso, y confundiendo deseos con realidades, entienden con un oportunismo basado en ese error, llegado el momento de lanzarse a su yugular para rematarla.

Comienzan a caer los disfraces y las máscaras de muchos “nuevos revolucionarios”.

Es que, estos son tiempos en los cuales los “equilibristas políticos” se dejan caer para el lado en el que siempre estuvieron, el de la derecha traidora a la patria.

Impúdicamente, circulan documentos recolectando firmas para plantear exigencias que, constituyen un llamado a entregar la Revolución y el socialismo.

Dicen querer dialogar de manera pacífica, eso es una falacia.

Saben que, sus pretensiones son inadmisibles. En realidad, lo que desean es endilgarle al gobierno la falta de voluntad para dialogar y de esa manera generar rechazo a este y sinergia con lo que ellos plantean.

Llegado ese punto su “pacifico” llamado al dialogo añadiría un elemento más, a los que, con fines desestabilizadores se están desarrollando en el escenario físico y mediático.

Ningún cubano patriota coincidiría nunca con las demandas de la contrarrevolución, ni compartiría escenario con ella.

Eso es lo que están haciendo ahora, no solo los del apócrifo documento, sino también algunos que desde falsas posiciones conciliadoras, intentan imponer los  intereses disfrazados de “derechos” de un grupo de mercenarios y de ellos mismos, por encima de los  legítimos derechos de la mayoría.

Lo que menos les importa es el respeto de los derechos ciudadanos.

En realidad quieren usarlos como justificación, para encubrir su real objetivo que es forzar un cambio de sistema político social en el país. Por eso uno de los jóvenes que estuvo presente en el dialogo con el Viceministro de Cultura manifestó a la TV cubana, me siento manipulado.

Dicho sea, que, a ninguno de estos “peticionarios” se le está violando derecho alguno.

Son ellos  los que están violando los de la inmensa mayoría del pueblo, al usurpar su voz y mostrarse como sus representantes sin este haberles dado ese derecho.

Para mayor deslegitimación de sus demandas, las mismas se contraponen o tratan de cambiar cuestiones medulares establecidas en la Constitución por decisiones soberanas de esa mayoría, como la expresada en su Articulo 4 que en una de sus partes establece: El sistema socialista que refrenda esta Constitución, es irrevocable. Los ciudadanos tienen el derecho de combatir por todos los medios, incluyendo la lucha armada, cuando no fuera posible otro recurso, contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido por esta Constitución.

Que nadie dude que, los revolucionarios cubanos sabremos defender y ejercer ese derecho.

Pretender crear la imagen de un estado revolucionario reacio al dialogo es una infamia. Fidel asistía a los congresos de todos los organismos, incluyendo por supuesto a los de instituciones como la UNEAC y la UPEC, así como a los de organizaciones como la CTC, los CDR y hasta a los de los pioneros. En ellos intercambiaba con los participantes y los directivos presentes.

Esos eventos eran amplios espacios de dialogo, no solo con la dirección del país, sino también de las bases con sus dirigentes. Raúl y más recientemente Díaz Canel han dado continuidad a esa conducta de disposición a escuchar y dialogar.

Y no eran los únicos espacios, ni son los únicos que actualmente existen. Cuando la dirección del país o de los diferentes organismos u organizaciones realizan visitas de trabajo a diferentes entidades, intercambian con los que allí laboran y escuchan sus opiniones e inquietudes.

Hasta la misma contrarrevolución en su arrogante y provocativo correo enviado al MINCULT reconoce la voluntad de dialogo de la máxima dirección del país. Por cierto, en él, según su dicho, la algazara que han armado tiene la magnitud de una crisis en el campo de la cultura. Cuatro gatos se consideran representantes de la cultura de este país, no fastidien. 

La Revolución siempre ha estado dispuesta a dialogar y escuchar al pueblo, al cual se debe. Su historia la defiende.

En el contexto actual, por increíble que parezca, la contrarrevolución está aprovechando el apoyo de un grupo o segmento de la cultura para tratar de legitimar sus demandas y ese grupo o segmento en unión de los “nuevos revolucionarios” están utilizando la cruzada de la contrarrevolución para promocionar sus propios intereses que, en nada difieren de los de los primeros, aunque los maquillen como los quieran maquillar.

En sus conductas hay mucha hipocresía y oportunismo político, agrego, de irresponsabilidad para no decir la palabra fuerte que merece el ponerse a generar condiciones de inestabilidad que, pueden conducir a enfrentamientos, en los cuales lo más probable es que, no se encuentren presentes.

Saben que el pueblo los barrería de las calles. Una cosa es el espacio mediático y otra el físico. 

Pero ese es el escenario al que hay que evitar llegar, de su surgimiento solo se beneficiarían los enemigos de la patria. EE.UU. y la mafia anexionista intentarían utilizarlo para justificar una intervención militar disfrazada de “humanitaria” contra Cuba. Aun cuando estamos convencidos que al final venceríamos al agresor, el costo de vidas humanas sería elevado, ese precio que estamos dispuestos a pagar, si nos obligan a defendernos, siempre que sea posible y digno hay que tratar de no pagarlo.

Para nosotros evitar la guerra equivale a ganarla.              Fidel.

Además, resultaría muy doloroso, ver como la contrarrevolución y los “nuevos revolucionarios” usarían de carne de cañón a personas a las que hubiesen logrado confundir, poniendo en peligro sus vidas, mientras ellos no dan la cara.

La revolución de esencia humanista que nos legaron nuestros mayores, no necesita, de ese tipo de escenario para demostrar su fuerza, la cual nunca ha sido política suya, utilizarla desproporcionadamente para neutralizar a adversarios de poca monta como son los actuales.

Todo esto no quiere decir que no se defenderá, no se malinterprete, ni se confunda, serenidad y mesura con cobardía o debilidad.

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