Cuba: “La izquierda revolucionaria”

Por: Marco Velázquez Cristo.

Ahora a los de la “izquierda” del patio les dio por copiar a la derecha de la región. Como esta acuden a la descalificación y criminalización de los que consideran sus adversarios para tratar de aislarlos y fomentar el rechazo hacia ellos. En este sentido catalogan las respuestas a sus textos de arremetidas violentas y a quienes las elaboran de impunes. Tal vez frustrados por no tener el poder para ordenar su detención (arbitraria), como hacen  los que imitan con los que se les oponen.

Para acentuar aún más el parecido, calcan a George W. Bush. Recordemos que el alcohólico devenido en presidente del imperio, denominó a los países a los que vinculó al terrorismo como “oscuros rincones” del planeta; pues bien, para los “compañeros de la izquierda” las plataformas desde donde se publican los textos que responden a los suyos son “oscuros sitios”. Oscuros resultan los intereses que los mueven a ellos.  

Fieles al modelo de comportamiento que reproducen nos acusan sin argumentos de mentir.  Los que defendemos la Revolución con honestidad a diferencia de los que fingen hacerlo desde posiciones seudorevolucionarias, no necesitamos de la mentira para debatir y mantener nuestros criterios. La verdad y sus sustentos están de nuestra parte. 

A los que nos han convertido en sus enemigos por decisión e incoherencia propia les molesta que, la verdadera esencia de sus pensamientos sea puesta al descubierto; más cuando consideran haberla ocultado de forma segura en sus enrevesados textos, plagados de frases rebuscadas, largos viajes hacia atrás en el tiempo, citas descontextualizadas y alardes de ilustración.

Las  largas parábolas literarias que trazan constituyen una especie de preparación artillera, dirigida a crear las condiciones para el asalto final del intelecto de quienes los leen. Su objetivo es mediante la confusión lograr que se acepten como válidas sus nocivas ideas o sus mentiras disfrazadas de verdades históricas.  

Por otra parte, sus posturas ambiguas, el doblez con el cual se manifiestan, la intolerancia a criterios diferentes a los suyos y la manera irrespetuosa y arrogante con la cual se dirigen a los que difieren de lo que plantean, son las verdaderas causas que entorpecen y coartan el debate franco y el intercambio constructivo de ideas, no la forma en que se les responde como afirman.     

En este contexto algunos que reclaman ser reconocidos como revolucionarios, paradójicamente tergiversan y alteran la verdad histórica dándole crédito a las versiones enemigas sobre lo acontecido en determinados momento del proceso revolucionario, muestran su  aversión por el Estado y sus instituciones, difaman y menosprecian a los que en ellas laboran, promueven ideas de corte neoliberal y alaban las supuestas “bondades” del capitalismo. Creerles con tales conductas resulta imposible.

Dicen ser martianos y al héroe nacional acuden reiteradamente para tratar de legitimar y dar credibilidad a lo que plantean o proponen. Pero recientemente unos delincuentes apátridas infirieron una afrenta al apóstol al profanar algunos de sus bustos y los “martianos de la izquierda progresista” se han tragado la lengua ante tan execrable hecho. Sin embargo andan desbocados defendiendo a un humorista al que nadie ha ofendido, ni ha sido víctima de una injusticia  como se empeñan en presentar lo sucedido con este.

“Ver con calma un crimen es cometerlo” sentenció el más universal de los cubanos. No creo necesario agregar nada más.

Claman por la unidad pero más bien están haciendo un llamado a la aceptación forzada de sus ideas ajenas al socialismo y a la inacción ante ellas. En busca de ese objetivo tratan de apuntalar sus reclamos con citas sesgadas y manipuladas del pensamiento de Martí y de Fidel sobre este tema.

El apóstol concebía la unidad no a partir de una subordinación del pensamiento sino como una búsqueda de aquellos elementos que unen, y que  pueden llevar a un proyecto común. Fidel hizo suya y actuó de acuerdo con esa concepción martiana de la unidad, convirtiéndose en su propio decir en bordador de ella.

Entonces, ¿Qué proyecto común se puede tener con quienes le hacen el juego a EE.UU. con discursos coincidentes con los intereses de este, difamatorios de la Revolución, sembradores de desesperanza, incertidumbre  y desconfianza hacia el Estado y sus instituciones, edulcorados con pretendidas preocupaciones por el destino de la nación?

¿Qué proyecto común se puede tener con quienes reniegan de las ideas que un día defendieron, desalentados que perdida la confianza en el socialismo y la fe en la victoria final sobre los enemigos de la patria,  se arrodillan a la vera del camino implorando al “dios capitalismo” que “salve” a Cuba?

Ninguno, por lo tanto la unidad con los que una vez asentados dentro de las filas revolucionarias actuarían como Caballos de Troya que, solo generarían confusión, desmoralización y desunión propiciando el debilitamiento de las defensas de la Revolución y el desmontaje del socialismo, no es posible.

Bienvenida la unidad con los que no pugnan por reinstaurar el capitalismo en Cuba, con los honestos que difieren en la forma no en la esencia de llegar a la meta que nos hemos trazado, tras de cuyas conductas no se esconde el interés malsano de hacer daño a la Revolución o la mano enemiga, con nuestros emigrados dignos y patriotas que quieren el bien común y lo mejor para la patria, con todos ellos, sí a la unidad.

La unidad basada en principios e ideas que confluyen en un objetivo común: la construcción de un socialismo próspero y sostenible. Por esa luchamos porque ha sido la que nos trajo hasta aquí y nos ha permitido resistir la hostilidad del imperialismo yanqui y el brutal bloqueo que nos ha impuesto.

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