Cuba: Retrato de los “progresistas independientes” (Tercera parte final)

Nota introductoria.

 El artículo que a continuación reproducimos fue publicado en la Revista CUBA SOCIALISTA bajo el título de, “Progresismo” en Cuba y memorias del subdesarrollo. Hemos decidido publicarlo en tres partes para facilitar el  análisis y comprensión de su contenido que, realizado desde una óptica objetiva aporta una visión a nuestro entender muy acertada del comportamiento de las líneas editoriales de las plataformas llamadas “independientes” y las corrientes de pensamiento que profesan los que en ellas publican.

PostCuba.   

Tercera Parte Final.

Por: Karima Oliva y Vibani B. Jiménez

Pensamiento crítico y socialismo en Cuba

Y si la contradicción entre democracia formal y democracia real es insuperable dentro del sistema social vigente, aunque puede suavizarse, entonces se trata de superar el sistema mismo, y esta superación tiene un nombre: socialismo. De ahí que la lucha por la democracia, cuando es consecuente como proceso de ampliación y profundización de ella, es inseparable de la lucha por el socialismo.

Adolfo Sánchez Vázquez. Entre la realidad y la utopía. Ensayos sobre política moral y socialismo.

El socialismo en Cuba encuentra las bases de su democracia en la revolución popular que se nutre de una de las expresiones del pensamiento crítico más radicales de la historia, el marxismo, que en su corriente transformadora plantea objetivos mucho más profundos que los que se discuten en los espacios “alternativos” del “progresismo” en Cuba, es decir, va más allá de  a crítica formal al ejercicio del poder político en el marco de las sociedades burguesas. Propone eliminar, como punto de partida para acabar con las formas antidemocráticas del ejercicio del poder político, las relaciones sociales de explotación que sostienen a la sociedad capitalista dividida en clases. Este es uno de los principios más radicales y quizás entraña también una de las críticas más fuertes del marxismo al pensamiento liberal. Es también desde donde la Revolución Cubana lanza uno de los mayores desafíos a las democracias liberales: la posibilidad de construir un verdadero poder popular basado en otro tipo de relaciones sociales como fundamento de una democracia real.

Mientas las relaciones de dominación sostenidas en la explotación del trabajo determinen las relaciones sociales en su conjunto, no hay posibilidad de consolidar una auténtica democracia desde el poder político, ya que estará siempre acotada por los intereses exclusivos de la clase económicamente dominante, y no por el bien común como principio fundamental del pueblo hecho poder. En este sentido, la sociedad cubana en transición socialista se coloca a la vanguardia en la construcción de una auténtica democracia, ya que en primer lugar ha conquistado la libertad necesaria para construir y, de ser necesario, rectificar, a partir de su experiencia histórica, l os referentes propios que le permitan mejorar las prácticas democráticas desde el ejercicio del poder popular, siempre susceptibles de perfeccionarse, en la medida en que el poder político profundice su socialización en el proceso revolucionario. Aunque l os retos en ese aspecto, y las limitaciones por superar, aún sigan siendo muchas.

El desmantelamiento de las relaciones de explotación del trabajo, así como la socialización de los medios fundamentales de producción son un punto de partida ineludible para construir la democracia, representan, en primer lugar, la posibilidad de superación de una democracia formal que sirve a una minoría para permitir la emergencia de una democracia real que sirve a la mayoría, en este sentido socialismo y democracia son conceptos interdependientes. El debate sobre la democracia en Cuba no puede reducirse a los términos abstractos como el “progresismo” lo plantea. Sino que debe tomar como plataforma dos cuestiones que resultan fundamentales: la continuidad del socialismo revolucionario cubano, que al mismo tiempo es su garantía, y las condiciones histórico sociales en que este debe defenderse. Sólo a la luz de estas dos cuestiones claves es que pueden discutirse también con rigor determinados derechos y libertades, su viabilidad y las  condiciones de posibilidad que estarán delimitando los márgenes de su realización.

En la Revolución cubana no hay opción para regresar a etapas previas, caracterizadas por la acumulación de riqueza en manos de una clase que se sirve del poder político, como ocurre en la mayoría de los países capitalistas del mundo.

En este sentido, es claro el planteamiento del gobierno revolucionario sobre el hecho de que en Cuba sólo puede haber lugar para la continuidad y profundización del socialismo en un proceso de carácter irreversible.

Es desde la congruencia con los sólidos principios de la revolución socialista cubana, y no desde el pensamiento liberal burgués, como se puede seguir creando una sociedad nueva. Es desde la continuidad como se puede profundizar la democracia socialista, desde el combate radical de las relaciones de explotación; la lucha sin tregua por la justicia social; el mejoramiento de los mecanismos de participación política del pueblo; el perfeccionamiento de las organizaciones de formación ideológica y política de base; el combate de las brechas sociales existentes en un contexto económico adverso; la implementación de los mecanismos necesarios para evitar la acumulación de riqueza y garantizar su distribución cada vez más equitativa; la salvaguarda de los derechos sociales efectivos; la profundización del protagonismo de los trabajadores en la organización de la economía local y nacional, junto con la promoción de nuevas formas socialistas de organización de la producción que amplíen los alcances de la participación democrática en la toma de decisiones dentro de cada uno de los rincones de la sociedad, es decir, la optimización de los diversos mecanismos existentes de socialización del poder político que la revolución exige. Todas estas actividades implican el protagonismo y participación directa del pueblo en la política a través de la toma de decisiones en lo local y lo nacional, representando al mismo tiempo la continuidad del proceso revolucionario, la profundización del socialismo y el mejoramiento de su democracia. Para estas tareas no existen fórmulas, la revolución socialista es una obra de creación propia y singular, que en el contexto mundial actual se enfrenta con múltiples adversidades, también es la esperanza de un mundo mejor para todos, que ya es, en parte, una realidad en Cuba.

Algunos intelectuales cubanos “progresistas” afirman que se les critica desde posiciones extremistas, radicales y ortodoxas, para desacreditar el disenso, la diversidad y pluralidad. Se olvidan que es solo dentro de la revolución socialista donde ha podido expresarse verdaderamente la diversidad en Cuba, ya que se han superado las formas de dominación que en otras partes del mundo suprimen históricamente con violencia el disenso y la diferencia. Y es precisamente también el ejercicio libre del pensamiento crítico desde de la revolución, el que permite reivindicar el socialismo cubano y exponer la manipulación mediática de las corrientes intelectuales “progresistas” en Cuba.

No es tan difícil desenmascarar el pensamiento conservador detrás de la retórica “progresista”, basta identificar la ideología detrás de la mirada. Para esto es importante reconocer no sólo desde dónde se mira, sino hacia dónde se mira.

Quienes miran hacia arriba y sobre todo a la derecha, como es el estrecho espectro de la mirada del pensamiento conservador, en su afanosa búsqueda del “progreso” dentro de los modelos de institucionalidad burguesa, con sus libertades relativas y derechos formales, sólo encontrarán en realidad los dictados de los poderosos del mundo que administran el sistema y no se cansan de tratar de imponer para Cuba un pasado indeseable dentro de la pesadilla actual a la que condena el sistema capitalista al mundo entero.

Quienes miran abajo y a la izquierda, verán en su amplio espectro el empeño necio de crear algo diferente, los sueños de los pueblos, es decir, las luchas por un mundo donde quepan muchos mundos. Estimarán el valor de sus logros y retos, los aprendizajes que enseña el camino de la resistencia, podrán reconocer el desafío triunfante que representa la Revolución Cubana ante el poder global hegemónico, su significado y trascendencia. Pero, sobre todo, podrán apreciar quela revolución no navega sola, que la acompaña en el empeño de crear mejores formas de convivencia en el mundo la inmensa marea de la izquierda anticapitalista global. Encontrarán también solidaridad y reciprocidad por lo mucho que ha dado la revolución a esas luchas con su sola existencia y congruencia, reconocerán l as rabias ante la injusticia incluso en los rincones más olvidados del mundo, donde también podrán mirar resistencia frente a la destrucción, rebeldía ante la dominación y, sobre todo, dignidad.

Cuba es algo más que el extendido y verde caimán del Caribe. Es un referente cuya experiencia será vital para los pueblos que luchan, sobre todo en los tiempos de oscurantismo que se viven ahora y se alargarán todavía algún tiempo. En contra de los calendarios y geografías de la destrucción, en Cuba hay un calendario y una geografía de esperanza.

Subcomandante Insurgente Marcos, Ni el centro ni la periferia.

Nota. El progresismo en Cuba se entiende en este ensayo como una corriente de pensamiento que delibera sobre el presente y futuro de la isla. Sus exponentes se proyectan como conciencia crítica de la sociedad cubana, reivindican determinados derechos civiles utilizando como referente el modelo liberal de la institucionalidad jurídico política de las sociedades capitalistas y, al mismo tiempo, juzgando y desacreditando el socialismo cubano.

 

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.