Desde el tronco podrido, hablemos otra vez de ¡Guayaba!

Al publicar un post que hablaba de la expresión “¡guayaba!”, los comentarios llovieron como jalea. Las contradicciones y respuestas diversas se hicieron forma y contenido. El celular, desde entonces, no ha dejado de notificar con cierta frecuencia, como si se tratara de un S.O.S, en señal de socorro utilizada a nivel internacional.

Les dejo claro, que, pensé escribir sobre otro de los llamados “periodistas independientes”, pero a tanta insistencia, hagamos mermelada con Mónica Baró. Resultaron ser 400 comentarios, al cierre de esta nota, y con eso, me fue suficiente para acariciar el espíritu, y guardar para otra ocasión, la próxima descarga.

En una crónica del noble escritor Gabriel García Márquez, que, leí hace mucho tiempo, titulada “Estas navidades siniestras”, en su primera oración se sentenciaba: “ya nadie se acuerda de Dios, en navidad”.

Creo fue lo que ocurrió con los que, a ultranza, defendieron mi falta de ética, por revelar secretos ocultos de la vida privada de mi apuntada con el dedo y letra. No porque el post, tuviera que ver con el nacimiento del niño Jesús (aunque sí del calificativo «!guayaba!» de Mónica Baró), sino por la desmemoria –quizás inocente o como resultado de una reacción intrínseca, humana- de algunos.

Desde el primer momento que una persona se convierte en figura pública, se expone a lo que venga. Así, históricamente, he leído un sinfín de publicaciones que hablan de la vida privada de cuanto líder, dirigente o artista hay en Cuba, y realmente he visto, pocas reacciones como las que generó la intimidad de “Yoani Baró”. Para nadie es un secreto que semejantes cartas son puestas en la mesa para desacreditar y hacer perder la confianza. ¿Es que acaso no es posible emplear la misma trampa?

Eso me hace estar convencido, de que, al correr la cortina sobre el asunto, existe un temor quisquilloso de quienes hoy dicen ser “opositores”, y prevén que se exponga su vida de bombo y platillo, en viajes, cursos, carros, tiempo en hoteles y bares, recargas, internet a full, entrega de insumos para la subversión o en inmundicias personales, como beneficio del contribuyente americano o resultado de su vida oscura.

Entonces, me tiro para el solar. ¿Quién levanta sus dos manos y aprueba que Mónica Baró, después de hacer sus reportajes críticos y reciba dinero de la NED, siga recogiendo beneficios, por el simple hecho de votar espuma por sus textos contra Cuba? ¿Es que ella, supera verdaderamente el ideal periodístico latinoamericano, o es que su visibilidad, responde a un interés de los EEUU?

¿Quién puede estar de acuerdo con una profesional formada en Cuba, que, lo reniegue todo, incluso a su familia de dirigentes o que goce en viajes al exterior, dinero, premios y la consideren persona influyente, cuando ni en su cuadra saben quién es, por el simple hecho de apuntillar todo lo que se arrastre, vuele o camine en su país?

¿Quién aprueba a una quita maridos como resultado de su inestabilidad sentimental y psicológica, cuando se juntó a escondidas con Guanche, o peor aún, con Alejandro, el esposo de la cantante H.M., que todos conocemos? Esta última noticia, súper fresquecita.

Hay quienes creen que es posible buscar otro camino, yo también creo que sí. Sólo que esta es mi lucha, y lo hago por una sencilla y contundente razón: no soporto que se vendan por migajas, y menos, a los EEUU.

En lectura rápida del post, era fácil deducir que la nueva Yoani Sánchez de estos tiempos es Mónica Baró, porque gana galardones, la convierten en celebridad, sin serlo, y por si fuera poco, es pagada por la NED. Algo, que, además, reconoce públicamente.

Para quien no sabe qué cosa es la NED, pues se trata de la Fundación Nacional para la Democracia, encargada de la parte legal de las operaciones ilegales de la CÍA. Eso era lo más importante, el resto, era comidilla desestabilizadora, y logró su objetivo.

Incluso, levantaron banderas como abogados de la defensa, Otaola e Ileana Hernández, periodista contrarrevolucionaria. En los comentarios del post pueden buscarlo, si es que no lo borraron. Un “lujo” de mi texto y una prueba, de quiénes están a favor de la nueva Yoani Sánchez. A los que me apoyaron, doy gracias. El resto que desenfundó con palabras obscenas, hicieron el ridículo.

La traición, sucumbe a la moralidad. Mi país, ha sido víctima de innumerables ataques y bloqueo económico. El único que sufre es el pueblo. ¿Eso a quién le importa, si no es, a nosotros mismos?

Mónica Baró, podrá ser reconocida como quieran, incluso, premiada como quieran, pero para mí, siempre será una eterna “¡guayaba!” en su expresión más genuina de globo inflado, no sólo porque se venda en cuerpo y alma, sino porque escogió el camino más cobarde para hacerse notar en el periodismo. Ya sabemos lo que dice la canción de Buena Fe: “sube el telón y hay un artista rezando, que lo censuren para hacerse famoso”.

¿Envidia? No lo creo. Jamás he aspirado a otra cosa que no sea expresar mi voluntad de ser agradecido con quienes le dieron oportunidades de ser mejores personas a mis abuelos, padres e hijos. De ser agradecido con una Revolución genuina, por muchos defectos que se le quieran ver. Eso me es suficiente para dormir tranquilo, y dejo claro que, todo el que la critica no es contrarrevolucionario, pero si recibe dinero de una potencia extranjera, no creo que podamos entendernos.

“Yoani Baró”, desenfunda su desagradecimiento y se sirve en bandejas de plata como ¡guayaba!, al fin. El siguiente en la lista de mis publicaciones, no sé, si será Mango.

Tomado del perfil de Facebook de Mauro Torres

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