Cuba: Frustraciones, incoherencias y “propuestas” de los Melchoras

Por: Marco Velázquez Cristo.

Las críticas y  “recetas” para “resolver” los problemas de Cuba que provienen de egocéntricos Melchoras reflejan  su filiación a filas no revolucionarias y la frustración que experimentan al ser desconocidos por quienes ellos desearían por lo menos que los reprendieran para poder  desarrollar todas sus cualidades histriónicas y dar rienda suelta a su vedetismo mediático, esto último se evidencia cuando alguien en las redes sociales publica algo que los hace sentirse aludidos, inmediatamente sugieren necesitar adversarios de mayor jerarquía.

Por más que levantan manos y voz como el burro de shrek gritando, “pregúntame, pregúntame” nadie de los que ellos desean les hace caso.

Es lógico que les ocurra eso ya que, sus “inconformidades” no nacen de la preocupación sincera por los destinos de la patria, las alimentan el pensamiento y la moneda enemiga o cuando menos responden a interés personales que en nada coinciden con los de la inmensa mayoría de nuestros ciudadanos. Maestros de la hipocresía, dicen querer a Cuba mientras tratan de conformar escenarios internos que nos conducirían a situaciones que hoy vemos en países de la región como Argentina, Brasil y Ecuador entre otros.

Sus desvaríos mediáticos presentan de manera clara o solapada al control  estatal de la economía como un freno para el desarrollo del país, plantean la necesidad de abrir espacios políticos a otras líneas de pensamiento ajenas al socialismo manipulando derechos consignados en la Constitución, cargan contra el sistema electoral y acusan a los funcionarios estatales de corruptos e ineptos.

¿Qué se esconde detrás de todo esto?

Este tipo de estrategia se parece a la guerra de posiciones de la que habló  Antonio Gramsci, pero con objetivos diferentes y sin la ética con la cual la concibió este,  simplificando, pretenden ir ganando espacios y posiciones dentro de la vida económica, política y social del país hasta llegar a tener  fuerzas suficientes para asaltar el poder, pero contrario a lo pensado por Gramsci de lograr desplazar mediante ella del gobierno a la burguesía, los Melchoras quieren arrebatarle el poder al pueblo. Misión imposible y no precisamente con el final Hollywoodense.

Si el Estado cubano cediera paulatinamente los principales medios de producción  y el control de los procesos económicos del país a manos privadas y al unísono abriera espacios al multipartidismo que es lo que en realidad están proponiendo, esto implicaría la ruptura de la unidad y forzaría un cambio del sistema electoral a imagen y semejanza de los que propician en otros países el arribo al poder de corruptos oligarcas y traidores; mientras impiden u obstaculizan el de genuinos representantes de las mayorías que resultan ser las más desposeídas, estaría  traicionando al pueblo al quitarle el poder que le pertenece para entregárselo a sus enemigos, comprometiendo el futuro de Cuba como nación independiente, de eso es de lo que se trata.

Por eso parafraseando al Che, “A los Melchoras ni un tantico así”.

Se escucha y obedece al pueblo que decide quienes lo representan en las diferentes instancias de gobierno, sí, así ocurre aunque se empeñen en tratar de demostrar lo contrario, porque cuando la Asamblea Nacional del Poder Popular nómina y elije con apego a los procedimientos que establece la Ley a algunos de sus miembros para los principales cargos de gobierno, está ejerciendo las facultades que el soberano le otorgó, que se encuentra presente  en las personas elegidas por él para representarlo en esos actos, por lo tanto no está siendo excluido ni  ignorada su voluntad.

Los “gustos o caprichos” de una ínfima minoría conformada por grupos elitistas  de seudorevolucionarios no pueden ser presentados como la opinión  o la voluntad de un pueblo, eso es intentar arrebatarle la soberanía que radica en sus manos.   

 “El mar es más vigoroso que el arroyo”.

 José Martí.

En este contexto siento pena al ver convertidos en Melchoras internenianos a personas que nunca pude ni siquiera imaginar se fueran a volver tan incoherentes. No indignan, duele verlos revolcarse en el mismo estercolero que despreciables mercenarios.

No disfruto de ese proceso de autodestrucción de los que se han convertido en paradigmas de la incoherencia y la torpeza política, pero el que por su gusto destroza su prestigio, feliz debe estar de hacerlo.

A esos tampoco los necesitamos, en definitiva al igual que el resto de los que han adoptado como hermanos de “causa” en cualquier variante si no chillan lloran. 

Parafraseando a Sun Tzu, “conocemos al enemigo y a nuestras propias fuerzas, por eso no tememos al resultado de la batalla”, sabemos que venceremos.

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