EE.UU enferma a sus diplomáticos y acusa a Cuba de hacerlo

Por: Marco Velázquez Cristo.

Los llamados “ataques acústicos” realizados supuestamente contra diplomáticos de EE.UU. destacados en La Habana son parte de un montaje desarrollado por los servicios de inteligencia de ese país  a instancia de su gobierno que, al parecer ha creado reales problemas de salud en algunos de los involucrados forzosamente en esa trama.

En un artículo aparecido en la Revista científica de la Royal Society of Medicine de los Dres. Robert Bartholomew sociólogo médico especialista en enfermedades neurodegenerativas con sede en Auckland, Nueva Zelanda y  Robert W. Baloh, Director del Laboratorio de Neurotología del Centro Médico de la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA), estos describen el ambiente creado alrededor del personal diplomático estadunidense en La Habana como un caldero de estrés e incertidumbre.

De acuerdo con lo anterior Robert Bartholomew autor principal del trabajo plantea que, la misteriosa enfermedad pudiera estar vinculada a un trauma emocional y al miedo.

Para el experto el «Síndrome de La Habana» es parecido al «Shell Shock» denominación que reciben los síntomas relacionados con  traumas de guerra, los cuales tienen como rasgos distintivos la aparición de una serie de alteraciones neurológicas producto de un sistema nervioso sobreestimulado que, comúnmente se diagnostican erróneamente como conmociones cerebrales y daño cerebral. Según Bartholomew  estas características del «Shell Shock»  pudieron haber desconcertado a los médicos.

Los autores afirman que, “la evidencia política y científica de la perpetración de  ataques contra el personal de la embajada de Estados Unidos en Cuba no es concluyente». Consideran que lo más probable es sufrieran síntomas psicógenos generados por el estrés ya que la evidencia apunta abrumadoramente hacia esto.

Concluyen: «Los cuatro estudios realizados por separado del ‘Síndrome de La Habana” tienen fallas críticas de diseño que incluyen el uso de controles inapropiados, conclusiones infladas y  falta de evidencia de exposición a una fuente de energía o toxina, por lo que ninguno prueba adecuadamente  las hipótesis que proponen, al tiempo que promueven explicaciones exóticas que no están respaldadas por los hechos».

Terminan planteando que sus conclusiones se basan en la ciencia común y conocida y que no hay necesidad de recurrir a explicaciones extravagantes, a la vez que desestiman que los pacientes hayan sufrido daños cerebrales y auditivos pues los datos en su criterio no confirman estas afirmaciones.

Cabe señalar que, cables filtrados  por el periódico británico The Guardian revelan como en los intercambios de correspondencia entre funcionarios de ese país en Londres y su personal en Cuba, los ingleses se mostraban desorientados y no encontraban una explicación lógica a lo que estaban alegando los norteamericanos les ocurría,  lo que los  llevó a pensar que, los síntomas de los diplomáticos pudieran estar asociados a condiciones estresantes de trabajo, razonamiento  que coincide con la opinión de los expertos. 

Contrastando lo que plantean los dos destacados especialistas con lo que se conoce sobre estos supuestos «eventos» y su evolución se puede decir que:

La presión psicológica generada sobre funcionarios de la embajada norteamericana en La Habana (no avisados del inicio de la representación «teatral» de sus colegas), por la obstinación de su gobierno de tratar de hacer creíble la ocurrencia de esos inventados hechos a cualquier precio, incluso a costa del prestigio de científicos de sus instituciones académicas, puede haber afectado su salud.

En este contexto la construcción mediática de la posibilidad de que hubieran  sido víctimas de algún tipo de ataque con un arma desconocida, de conjunto con la fabricación virtual de un ambiente supuestamente hostil para ellos en Cuba en el cual presuntamente eran sometidos a una vigilancia extrema puede haber conllevado al surgimiento de lo que expertos y medios llaman el “Síndrome de La Habana”.

Finalmente resulta llamativo que el artículo a que nos hemos referido publicado en una prestigiosa revista científica y elaborado por dos reconocidos expertos no haya tenido el realce mediático que han tenido otros de menor rigor académico que han versado sobre este tema.

La paradoja se torna aún más evidente cuando se evalúa que, los análisis del Dr. Robert Bartholomew  acerca de estos «eventos» han sido publicados en múltiples ocasiones en los más influyentes diarios del mundo. Así  un artículo del sitio web BuzzFeed News  que reflejaba entre otros, criterios suyos fue replicado por una buena parte de esos importantes medios. 

Tal vez la insistencia del renombrado científico en señalar desde el principio  que, “se pudiera estar en presencia de una enfermedad psicogénica de masas», resulte ahora inconveniente para los guionistas de esta pelicula de ficcion que nos han estado obligando a ver.

Las razones de los émulos de Orson Welles para tratar de ignorar   a Bartholomew no las conozco pero estoy seguro que, entre ellas se encuentra la de tratar de evitar una avalancha de reclamos de indemnización por parte de los afectados, algo  que de una manera incipiente  hoy se manifiesta.

Nada, que a los que ostentan el poder en EE.UU les importa un bledo la salud de sus diplomáticos si de conseguir espurios fines políticos se trata.

Nota: Los que iniciaron conscientemente la representación fueron oficiales CIA algo que sin proponérselo han revelado los medios norteamericanos al afirmar que, los primeros «atacados» fueron ellos; lo que a su vez permite inferir  que colaboradores suyos ubicados dentro del personal diplomático hayan sido orientados a salir a escena para reforzar el impacto emocional e incrementar el «realismo» de la misma.  

 

 

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