Documento de los obispos católicos cubanos: El artilugio de una serpiente.

Por: Diego de Ordaz Atencio.

Santa Clara, 1951. Doctor en Ciencias Sociales. Profesor retirado del ITM. Colaborador de la Académica de Ciencias de Cuba.

Los obispos católicos cubanos han hecho público dos documentos relacionados con la actual reforma constitucional. El primero fue conocido en el pasado 24 de octubre de 2018 y lo consideré poco abarcador, pero dispuesto a presentar sus posiciones de manera responsable y, sobre todo, portador de un hálito de diálogo con el gobierno y con las diferentes identidades sociales. El segundo ha sido fechado y publicado este sábado 2 de febrero, y al menos me ha provocado suspicacia.

El 2F los obispos sustituyen el hálito de diálogo por un aliento de arrogancia, dejan de presentarse como portadores de un interés en beneficio de todos y se colocan únicamente en busca de privilegios para la institución eclesial y de la primacía de su cosmivisión del mundo y del hombre (no del hombre y de la mujer –pues estas últimas no forman parte de “su relato”).

Para ello, cínicamente apelan al pluralismo que no aparece en la nueva Ley de leyes, pues el texto aún sostiene la orientación socialista y el reconocimiento a ideales comunistas. Desconocen, de forma irresponsable, como si fueran ingenuos, que la renovada Constitución intenta institucionalizar una República, y afirma su compromiso histórico con el socialismo y los ideales comunistas, pero lo hace, sobre todo, para indicar que no busca 1) mercantilizar la educación y la salud pública, 2) confundir el desarrollo necesario de la individualidad de las personas con la soledad de estas, o con el abandono, el menosprecio o la exclusión de las mismas, 3) desarrollar un empresariado privado, lo cual haremos, que pueda convertirse en sostén únicamente de los intereses de viejas y nuevas élites u oligarquías, etcétera, etcétera, etcétera. A propósito quieren encubrir que ello ya no establece un confesionalismo, siempre estructural, espiritual y rígido, excluyente a priori.

La anterior aseveración no constituye una abstracción del autor de estos párrafos. Observemos como mientras reclaman “mayores potencialidades” para la iglesia, en nombre del Estado laico y la libertad religiosa, también solicitan el “silenciamiento” y el “ostracismo” de las identidades sociales no afines a su ideología católica. Para eso, en este caso, exigen la reclusión de la agenda a favor del matrimonio igualitario. Al hacerlo, nuevamente con cinismo, apelan a que dicha demanda emancipatoria fue rechazada por la población durante la consulta popular. Desconocen, otra vez con aparente ingenuidad, que la cooptación de este derecho no proviene del reclamo popular en su contra, que no fue mayor que otros reclamos no atendidos, y que posee su causa más importante en las necesarias transacciones que hace todo gobierno con posiciones que disfrutan de institucionalidad, organización, recursos, apoyos internacionales, etcétera. En esta ocasión dicha cooptación provino de ese “poder” de las iglesias, que fueron quienes mayor rédito obtuvieron durante este proceso de reforma constitucional. Ante esto, y creyendo que ahora tienen mayor “poder”, pues piden más para ellos y exigen menos para los otros.

Este “pluralismo de los obispos” no implica la agenda racial, las demandas a favor de la identidad de género, la defensa de la ecología, y el apoyo a los campesinos, los obreros y los trabajadores, y de los pobres, etcétera. Quizá “el pluralismo de los obispos” se refiera sólo a fuerzas políticas y agrupaciones sociales o socio-religiosas que sólo favorezcan su cosmovisión del mundo, de la historia, de las personas, de las familias, de la sociedad, del futuro. O sea, un nuevo “franquismo” o una replica de VOX.

Desde esa misma lógica señalan la debilidad en que han quedado, en el texto, otras posibles formas de organizar la economía. Esto es cierto, pero jamás hacen alusión a la necesidad de una economía que venga en auxilio de nuestros pobres y desconocen, como si no fueran capaces de leer en las profundidades, que ese mismo texto abre las oportunidades de incursionar en esas otras formas. Sin embargo, no debe gustarles que el texto asegure hacerlo con control, para evitar que puedan convertirse en sostenes sólo de esas viejas y nuevas élites u oligarquías depredadoras y excluyentes, que tal vez sean “el pluralismo” al cual se refieren los obispos porque serían, a su vez, el pilar de la hegemonía moral/política que ambicionan y de las comodidades y lujurias sin las cuales no conciben existir.

No obstante, con toda seguridad, a partir de la renovación de la libertad religiosa en Cuba, y sin necesidad de reclamar de manera acusadora, cada día obtendrán mayores posibilidades. Sin embargo, frente a esas nuevas oportunidades deberán hacerse muchas preguntas. Deberán analizar cuánto han podido hacer –y no han hecho- para apoyar al sistema de educación del país, y presentar una propuesta clara y coherente sobre a qué se refieren cuando piden participar en el quehacer educativo, siempre que esto no se parezca a la creación de nichos para encubar oligarquías, élites excluyentes, pedofilias, etcétera.

Además, deberán pensar qué hacer con más medios de comunicación, si depauperaron aquellos que tuvieron y los actuales que mantienen resultan un derroche de recursos en productos sin calidad e influencia. Igualmente, deberán interrogarse acerca de quiénes son los ancianos que ingresan en sus centros de acogida para estos, y si deben continuar exigiéndoles para su ingreso: pensiones, viviendas, etcétera, sin los cuales no son aceptados. También deberán hacer una especie de “arqueo de caja” y, al hacerlo, colocar a un lado cuánto dinero y recursos han recibido para ayudar a los necesitados y a los pobres, y en otro lado cuánta ayuda real han ofrecido.

Asimismo, deberían analizar en qué consistiría ayudar realmente a un necesitado o pobre, y a qué le han llamado ayuda en la inmensa mayoría de los casos. Por otro lado, después de este “arqueo de caja”, sería mejor no pedirles que respondan a dónde fue a parar el dinero restante.

La historia les ha dado innumerables oportunidades para ser la iglesia del pueblo, pero jamás lo han querido. Durante el siglo XIX fueron la iglesia de España y denostaron de ilustres sacerdotes como Espada, Varela y unos pocos más. Durante la República fueron la iglesia de la oligarquía, con sólo honrosas excepciones. En los primeros años de la Revolución triunfante fueron la cabeza de la contrarrevolución.

Una vez derrotados se convirtieron en la iglesia de los batistianos y proto-batistianos. Después optaron por una iglesia del silencio, muy rentable, pues le vendían al gobierno revolucionario “un sentido” de ese silencio y le vendían a la contrarrevolución “otro sentido” de tal silencio.

En la segunda mitad de la década del 80, del siglo XX, vendieron la idea de que querían ser iglesia en el socialismo, pero en unos poquísimos años, al desmoronarse el campo socialista, quisieron convertirse en la “iglesia polaca” –protagonista real del derrocamiento del comunismo en su país-. No obstante, en muy poco tiempo, sintieron flojos sus cinturones y optaron por ser la iglesia del “diálogo”, para desde una ambigüedad tremenda beneficiarse del beneplácito del gobierno y, a su vez, de los enemigos de este, mientras esperaban mejores tiempos, y de este modo lograr las condiciones para cuándo advirtieran quiénes serían los futuros vencedores poder ir corriendo a servirle de acólitos y colocarse bajo su manto.

Ahora, al parecer, el 2F puede marcar el momento en que, públicamente, los obispos cubanos inician su marcha hacia la órbita de la recién surgida “doctrina rubio” y de lo que podríamos denominar “el bolsonarismo latinoamericano”. Ya la iglesia movió su ficha, ahora le toca mover la suya a la sociedad cubana. Veremos si el Estado, por su parte, decide también moverse en el tablero o jugar a la ambigüedad frente a los artilugios de esa “serpiente de la historia”.

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