EE.UU: el esclavista disfrazado de humanista

Por: Marco Velázquez Cristo.

A EE.UU. que infamemente acusa a Cuba de someter a trabajo esclavo a sus médicos, colosal mentira sin ningún sustento, dirigida  a tratar de desprestigiar la acción solidaria que realiza nuestro país a través de las misiones médicas en el exterior, su conducta actual  e historica no lo defienden.

Su  forma de hacer política, basada en el doble racero, la falta de ética y el cinismo, no es nueva, tradicionalmente han dicho una cosa y hecho otra, sus culpas se las endosan a otros y hábilmente crean imágenes de pulcritud e inocencia que logran confundir a algunos y otros se hacen los confundidos, por afinidad de intereses, o por temor a su poderío económico y militar.

El 19 de junio de cada año celebra la nación del norte la llamada festividad de Juneteenth, para conmemorar el fin de la esclavitud. Ese día de 1865, la esclavitud terminó, pudiéramos decir como forma legal de explotación inhumana en ese país, porque la historia posterior, incluyendo la presente, demuestran que, aún persiste en muchos lugares de Estados Unidos.

En esa fecha con  la aprobación de la 13ª Enmienda  se dio alcance legal para toda la Unión a la Proclama de Emancipación emitida por el presidente Abraham Lincoln casi tres años antes el 22 de septiembre de 1862 , la cual por demás había tenido que esperar hasta enero de 1863 para entrar en vigor. Era como si EE.UU. se resistiera a abandonar la esclavitud.

Tal es así que dicha Enmienda tiene una excepción. Respecto a ella el zelandés Jeremy Waldron profesor de derecho y filosofía con cátedras en varias reconocidas universidades de EE.UU. e Inglaterra en su trabajo, “Democratizar la dignidad. Estudios sobre la dignidad humana y el derecho”  plantea: “Cuando la decimotercera Enmienda abolió la esclavitud no lo hizo de manera incondicional sino que estableció una excepción explícita para el tratamiento a prisioneros, (…) como si los estadunidenses estuvieran ansiosos por preservar al menos un vestigio de ese status-tipo involucrado en ese enorme desconocimiento de dignidad humana que por años desfiguró su Constitución”.

De esa forma el campeón defensor de los Derechos Humanos en el mundo, tiene en su Constitución una excepción que le permite someter a condiciones de esclavitud a personas que hayan cometido algún delito, como no se especifica a qué tipo de crímenes es aplicable dicha excepcionalidad, tiene un alcance mayor de lo que evidencia.

Por otra parte, según el informe Índice de Esclavitud Global publicado en 2018  en el sitio de la Fundación Walk Free que centra su actividad en investigar y combatir  las formas de esclavitud moderna, en 2016 se estimaba que, en EE.UU., 403,000 personas vivían en esas condiciones, lo que daba un índice de 1.3 víctimas por cada mil habitantes en ese país, el cual precisa el documento, no proporciona un conjunto definitivo de estadísticas sobre el total de personas afectadas por esa denigrante forma de explotación humana.  

El mismo documento señala que, en 2017 la línea directa nacional de trata de personas de EE.UU. recibió informes de 8.524 casos sospechosos de este tipo de actividad ilegal, significando que un caso puede incluir una o múltiples víctimas potenciales. 

En este contexto el periodista estadunidense John Bowe en su libro “Nadie: el trabajo esclavo estadounidense moderno y el lado oscuro de la nueva economía global” señala, “la CIA estima que entre 14.500 y 17.000 extranjeros son «traficados» anualmente a los Estados Unidos, amenazados de violencia y obligados a trabajar en contra de su voluntad”. Bowe se cuestiona que, “si la gente moderna está de acuerdo por unanimidad en que la esclavitud es aborrecible. ¿Cómo, entonces, puede estar haciendo su reaparición en suelo estadounidense?” Él, en busca de la respuesta examina cómo la subcontratación, el fraude de inmigración y la búsqueda incesante de «precios bajos todos los días» han creado una oportunidad para que la esclavitud moderna recupere un punto de apoyo en la economía estadounidense.

El periodista presenta los resultados de investigaciones exhaustivas que muestran lugares de trabajo ilegales donde los empleados están literal o virtualmente esclavizados. Desde la Florida rural hasta Tulsa, Oklahoma, hasta la comunidad estadounidense de Saipan en el Pacífico occidental, documenta situaciones de trabajo forzado y coercitivo que incrementan las ganancias de docenas de cadenas de alimentos y ropa estadounidenses, como Wal -Mart, Kroger, McDonald’s, Burger King, PepsiCo, Del Monte, Gap, Target, JCPenney, J. Crew, Polo Ralph Lauren y otros.

A la interrogante que se hace Bowe, parece responder  Anastasio Ovejero Bernal catedrático de Psicología Social de la Universidad de Valladolid en su estudio, “Globalización, escuela y nuevas formas de exclusión social”, al significar, “La razón última de esta nueva esclavitud es evidente: actualmente el único dios al que se adora es el dinero, de forma que, la moralidad del dinero invalida cualquier otra consideración”. Esa valoración se ajusta por completo a las prioridades de la sociedad norteamericana, el ejemplo reciente de la pandemia de la Covid-19  donde los intereses económicos fueron situados por encima de la preservación de la vida humana así lo demuestra. En esencia la sociedad norteamericana está carcomida por antivalores que contribuyen a la reaparición de la esclavitud en su versión moderna.

Y el molesto vecino del norte con ese palmaré se atreve a cuestionar a otros, vaya desvergüenza.