EE.UU: ¿Ocultan verdades o intereses los documentos desclasificados?

EE.UU: ¿Ocultan verdades o intereses los documentos desclasificados?

Por: Marco Velázquez Cristo.

Se tiende a dar como un hecho lo que dicen los documentos que desclasifica el gobierno norteamericano, sin preguntarnos:

¿Qué pruebas tenemos que nos garanticen que lo que estamos leyendo se apega a la estricta verdad?, en esencia ninguna.

El Archivo de Seguridad Nacional de EE.UU. trabaja para conseguir la desclasificación de documentos, no pongo en duda la honestidad de los que en el laboran, pero ellos proponen de acuerdo a lo que les solicitan, no deciden.

La llamada Ley de Libertad de Información, también conocida como FOIA por sus siglas en inglés, les permite, dicen, que a los estadunidenses solicitar la desclasificación de documentos. Expreso mis reservas en cuanto a la capacidad que tenga un ciudadano cualquiera, incluso un movimiento social dentro de EE.UU. para obligar al gobierno a hacer público algo que no le convenga al Establishment.

Cada agencia, la CIA, el FBI, la Agencia de Seguridad Nacional, etc, tienen una oficina que es la que decide si un documento es desclasificado, totalmente, en parte o si permanece secreto, ¿quién puede asegurar que entregan el documento original?, nadie.

Hoy día existen novedosas técnicas que permiten envejecer papeles, reproducir viejos cuños y formatos, etc.

Sería interesante ver si alguno de los documentos filtrados por WikiLeaks sobre las actividades de EE.UU. por el mundo, toca temas que se aborden en otros desclasificados por el gobierno norteamericano para contrastarlos y poder sacar nuestras propias conclusiones.

Los funcionarios del Archivo de Seguridad Nacional afirman que no reciben presiones para que no soliciten la desclasificación de un determinado documento, pero reconocen que, en no pocos casos les niegan la posibilidad de hacerlo aduciendo razones de seguridad nacional. Es lo mismo pero hecho con “apego a la ley”.

Pero no solo desclasifican documentos, respondiendo a solicitudes, también lo hacen respondiendo a intereses. Utilizan además a la prensa para “desclasificar” materiales de diversas índole e informaciones en los momentos que consideran adecuados, para alcanzar un determinado objetivo político o de cualquier otro carácter.

 Un caso que lo demuestra:

Enero 22 de 1998 el Papa Juan Pablo II visita Cuba, antes, el 17 de ese mismo mes se hace pública la relación amorosa de Bill Clinton con Mónica Lewinsky que, según ella se había iniciado en 1995 y duró hasta 1997 , aseveró además que todos los encuentros sexuales se consumaron dentro de la Casablanca, por lo que resulta obvio que eran conocidos desde tiempo atrás. Las grabaciones realizadas de manera secreta durante 18 meses supuestamente por Linda Tripp del Departamento de Defensa, filtradas a la prensa y los mensajes dejados por Clinton en la contestadora de la Lewinsky hechos públicos en esos momentos, así lo demuestran.

Esta noticia hace que una buena parte de la prensa internacional, entre ella por supuesto los grandes medios que ya se encontraban en Cuba para cubrir la visita, abandonen apresuradamente el país y se dirijan a los EE.UU. para dar cobertura al escándalo desatado.  

Los presentadores de las tres principales cadenas de televisión, ABC, NBC y CBS, que habían sido asignados a cubrir la visita, recibieron órdenes de retornar a Washington.

De esa forma le restaron visibilidad e impacto mediático a un acontecimiento histórico, políticamente beneficioso para la revolución cubana, y evitaron que la atención del público internacional se centrara en Cuba, algo inconveniente para el imperio, pues una mayor difusión y conocimiento de la realidad de nuestro país, habría puesto al descubierto la falsedad de sus campañas anticubanas.

Su presidente en nada serio se vio perjudicado, por el contrario, según sondeos de opinión realizados en esa época su popularidad luego de superada la crisis inicial del escándalo subió al 78%  a pesar del exceso de cobertura que brindaron los medios a este hecho. Todo para garantizar el objetivo que ya señalamos.

 Otras cuestiones a tomar en cuenta:

Asesinato de JFK: se fabrica un autor, Lee Harvey Oswald. Para que se pueda apreciar cómo se crean en ocasiones ambigüedades donde deben haber certezas con los documentos que se desclasifican, podemos citar que entre los que se hicieron públicos a finales del 2017 sobre este hecho, se encuentra la declaración que 1975 Richard Helm (ex director de la CIA y en el momento en que ocurre el suceso su Vicedirector de planes), dio a la Comisión Presidencial que investigaba las actividades de esa agencia.

En la parte en que es interrogado sobre la posibilidad de que la misma hubiese estado vinculada de alguna forma al magnicidio de Dallas y que Oswald pudiera haber sido agente de la CIA, el documento se corta, al hacer esto es como si no hubiesen desclasificado nada, porque ese es uno de los puntos esenciales sobre este caso.

Escándalo Irán-Contra: Fabrican un chivo expiatorio, Oliver North, el presidente en ese entonces Ronald Reagan, lo despide en 1986 por mentir a sus superiores y “actuar sin su consentimiento”. Todos los documentos desclasificados señalan a North y no vinculan al presidente Reagan a esa situación. Pero la evidencia histórica demuestra que no es así, fue tan evidente e intensa la intromisión de los Estados Unidos contra el gobierno sandinista de Nicaragua que la Corte Internacional de Justicia condenó la misma en la sentencia del 27 de junio de 1986, por el apoyo a la contra y el minado de las aguas ese país.

El tribunal supremo de EE.UU. legitimó las elecciones fraudulentas del 2000 dando como ganador a George W. Bush Jr. quien las había perdido ante AL Gore. Esto no necesita comentarios.

EE.UU. invadió Iraq, bajo el pretexto de que este tenía armas de destrucción masiva, devastó toda una sociedad, mató a más de un millón de personas, hirió, traumatizó y desplazó a millones más, tomando como base una mentira. De la que le echaron la culpa a la CIA. Es bien conocido que Bush fue el máximo impulsor y responsable de esa invasión.

Osama Bin Laden, en el 2017 se desclasifican alrededor de 470.000 documentos relativos a este terrorista, pero ninguno de ellos habla de los vínculos de la familia Bush con él, ni de la de los servicios de espionaje de EE.UU, todo demostrado. Ellos crearon el monstruo, sin embargo en las supuestas memorias de  Bin Laden se va o van dibujando un hombre que despreciaba a la civilización occidental.

Ataques acústicos, un informe médico preliminar sobre los resultados del estudio de las “víctimas” en la revista científica The Journal of the American Medical Association (JAMA), coincidió tanto con el discurso oficial, que los autores del mismo, se sintieron obligados a aclarar que los hallazgos y conclusiones eran de ellos y no un reflejo de las opiniones oficiales del Departamento de Estado de EE. UU.

Evidentemente el “selecto” grupo de científicos de la universidad de Pensilvania que elaboró el mencionado documento, lo hizo avalando una mentira y faltando a su ética profesional. Las severas críticas al informe recibieron la callada por respuesta.

Si la historia dice que el gobierno de EE.UU. y sus instituciones han mentido de forma sistemática al mundo, manipulando hechos históricos, tergiversando situaciones y adaptando a sus intereses la realidad, entonces, ¿Por qué darle todo el crédito a lo que dicen sus documentos desclasificados?

Eso es un error.

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