El viejo coronavirus dólar y la enfermedad de base egolatría matan el “patriotismo” de un “patriota”

Por: Marco Velázquez Cristo.

El becario de la Universidad de Columbia frustrado, con el ego herido por su falta de notoriedad y la total pérdida de credibilidad, en un nuevo y vano intento por llamar la atención para forzar una respuesta, ha escrito un texto lleno de falsedades, manipulaciones y mensajes apocalípticos sobre la posible evolución de la enfermedad COVID-19 en nuestro país. Responde así para mayor deshonor a los intereses del peor y más grande enemigo de su pueblo. El que le paga y manda.

Antes de analizar su apócrifa “creación” hay que decir que, apreciando el rechazo que ha generado la misma, la editó. No existe argumento que lo justifique. No fueron simples errores. Tan inmensos resultaron los aparentes  “yerros” que, solo la demencia o las más bajas de las intenciones podrían explicarlos. Él loco no está.

De todas formas no importa lo que haga intentando hacer control de daños, para recordarle su vileza están las capturas de pantalla.

Es detestable y moralmente inaceptable lo que escribió.  Con impudicia afirmaba que, “…cada familia cubana tendrá un miembro o amigo que morirá en los próximos meses por contagio con el COVID-19”, rematando tan absurdo y mal intencionado planteamiento aseverando, “…pueden fallecer aproximadamente 374,000 cubanos (…) por COVID-19…”.

No soportan el más somero análisis  semejantes disparates. En Wuhan ciudad china epicentro de la pandemia que tiene 11,08 millones de habitantes, hasta el  23 de febrero habían  fallecido 1.865 personas  y 46.201 se habían infectado.

A tres meses del inicio de la enfermedad en dicha urbe, ha comenzado el cierre de los hospitales que, adicionalmente fueron habilitados para atender a los pacientes de COVID-19. Los casos de infestados e ingresados disminuyen ostensiblemente al no reportarse ninguno nuevo.

Y al vanidoso se le ocurren los dislates que arriba referimos. Cuanta maldad encierran.

Es la malsana intención de crear pánico, incertidumbre y desconfianza.

No conforme, en el clímax de su apostasía, cegado por la egolatría y los deseos de agradar a quienes le pagan, cuestiona las medidas tomadas por el gobierno cubano, las entiende insuficientes y llama al pueblo a aplicar las que,  considera pertinentes. Según el apostata, la estrategia aplicada por las autoridades cubanas para enfrentar la COVID-19 ha sido defendida y lo cito, “…hasta ahora con más argumentos políticos que científicos”.

Trata de trasladar el mensaje de que se ha estado dando prioridad a intereses políticos por encima de la protección de la salud del pueblo a la vez que, desconoce y descalifica todas los argumentos y opiniones dados por científicos cubanos sobre el tema y las medidas a tomar con respecto a la enfermedad, acordes con los protocolos internacionales previstos para cada etapa de desarrollo y propagación de la misma.

Sobre las medidas aplicadas y las que faltan por implementar muchas personas opinan con honradez. Sus criterios no están influidos por otros motivos que no sean la sana preocupación por su salud, la de sus familiares y la de sus compatriotas. Pero personajes como el de que estamos hablando, tratan de aprovechar esta situación para enmascararse dentro de ellos y verter ideas parecidas pero con otras motivaciones.

¿Por qué elementos como nuestro “superespecialista” tratan de empujar el cierre de fronteras?

Estos esconden tras falsas preocupaciones humanistas un venenoso  interés. Si se tomara la medida sin existir una ineludible necesidad de instrumentarla, de inmediato saldrían a cuestionar la decisión.

En el estado actual del comportamiento de la enfermedad y la no detección de trasmisión interna del virus causante de la misma, los especialistas coinciden en afirmar que sería prematuro proceder a cerrar las fronteras. Las autoridades han explicado que no se descarta una medida de ese tipo si llegado el caso fuera necesario aplicarla.

Un cierre injustificado de fronteras más allá de cualquier otra consideración sería un acto que afectaría innecesariamente a nuestros compatriotas que residen en el exterior.

Reflexionemos serenamente sobre este tema.

Según el sitio EXPANSION/Datosmacro.com  que cita datos de la ONU, la comunidad cubana en el exterior alcanza la cifra de  1.654.684 emigrantes. De ellos el 81,59%, reside en EE.UU., seguido de lejos por España, el 8,63% e Italia, el 2,28%.

En enero de este año el canciller cubano Bruno Rodríguez informó que, un total de 623 831 cubanos residentes en el exterior visitaron el país en 2019, afirmó además que, de ellos 552 816 procedieron de Estados Unidos.

Vistas estas cifras cabe preguntarle al “humanista”, ¿Es humano negarles el acceso a su patria sin una razón muy justificada y convincente a tantos cubanos?, ¿No ha pensado que muchos pueden venir buscando refugio en su tierra?

“…frente a los hechos el análisis…”

Fidel.

Al parecer se siente a salvo en USA.  Ojalá no enferme, lo digo sinceramente. Desear otra cosa sería incompatible con mi condición de ser humano y de revolucionario cubano. Evidentemente no se ha detenido a pensar que, él pudiera ser uno de esos cubanos, ¿qué diría si le tiramos la puerta en la cara?

No repara en estas verdades no por ignorancia, sino porque su pluma está torcida por intereses y aspiraciones espurias. Pierde su “humanismo”, cuando de hacer sucia política y buscar relevancia se trata.

«Debe hacerse en cada momento lo que en cada momento es necesario».

José Martí.

Para rematar llega al extremo de sugerir que, ante la falta de camas en los hospitales para dar respuesta a todos los casos de COVID-19, tendremos que dejar desprotegidos a nuestros ancianos.

Parece increíble que alguien que, ha tenido el privilegio de crecer y educarse dentro del proceso revolucionario cubano diga tal cosa. Olvida un principio básico de la Revolución, no dejar abandonado nunca a nadie, mucho menos estando en juego la vida. Le recuerdo cuando Fidel arriesgándolo todo, no dejó abandonado a uno de los expedicionarios del Granma que había caído al mar y no prosiguió la marcha hasta rescatarlo.

“Vale, pero millones de veces más, la vida de un solo ser humano, que todas las propiedades del hombre más rico de la tierra”.

Che.

Estoy seguro que, pase lo que pase, tendremos camas y medicinas para todos nuestros enfermos. Tengo confianza infinita en la Revolución, en su capacidad para sacarnos adelante y en la inmensa nobleza, espíritu de solidaridad, valor y dignidad del pueblo del que formo parte.

Nuestros ancianos y ancianas, hombres y mujeres que lo dieron todo por la patria, no serán abandonados a su suerte jamás.

Por sus vidas y protección no me cabe dudas que, se batallará con igual ahínco que por la del resto de la población.

“Oh qué bien hace el que consuela a los ancianos”.

José Martí.

Indigna ver como alguien intenta sembrar el miedo y crear pánico en esas venerables personas.

“¡Ah! ¡Qué culpa tan grande es la de no amar, y mimar, a nuestros ancianos”.    

José Martí.

No voy a continuar desmenuzando el desaguisado pernicioso de este  personaje. Que si de algo sirve, es para poner al desnudo las verdaderas entrañas y pensamiento, de quien hace mucho dejó de ser el joven universitario que un día despertó en algunos simpatías por su ropaje de revolucionario rebelde. A la luz de los acontecimientos actuales permeable a la ambición y la vanidad. En resumen falso.

«El vanidoso mira a su nombre; y el hombre honrado a la patria».

José Martí.

Espero que ahora las personas que, de buena fe y aun confundidos por su verborrea lo defienden, entiendan que, tienen ante ellos, por acción y expresión un triste cadáver político. Están frente a un apátrida.

No me anima el odio, ni el malsano sentimiento de humillar, cuando forzado por la alevosía del autor de tan repudiable texto, me veo obligado a utilizar duros calificativos hacia su persona y su escrito. No soslayo que, se trata de alguien que, pudo ser útil a la Revolución y que hoy vemos convertido en un instrumento de su más acérrimo enemigo.

Frente al coronavirus, el bloqueo, la adversidad, los profetas del apocalipsis, los divisionistas, los sembradores de miedo y desesperanza, alimañas todos como de la que hemos estado hablando, frente a todo eso: unidad, serenidad, confianza, valor, solidaridad y fe en la victoria.

Acordémonos de Fidel.  

 

 

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