La ética y cívica respuesta de un físico digno a una “historiadora”

Una aclaración necesaria.

El texto del profesor de la Universidad de La Habana  Ernesto Estevez RAms que reproducimos íntegramente está publicado en un comentario de respuesta a un artículo de Alina Bárbara López Hernández  en el blog La Joven Cuba.

Lo amplificamos porque consideramos que un material redactado con apego a la verdad histórica, en el que su autor sustenta las ideas que expone con argumentos claros,  desde una ética basada en el respeto, sin acudir a descalificaciones, tiene un valor esclarecedor y educativo que no debe quedar enterrado en un comentario.

El título bajo el cual lo publicamos es de nuestra autoría y responsabilidad.

Marco Velázquez Cristo.

El comentario de Ernesto Estevez RAms…

Estimada Alina,

Señalare, como preámbulo, que yo no escribí un artículo hice un comentario limitado, necesariamente, en espacio. Tiene usted razón que mi profesión es la de física y mi comentario parte de que la historia no es para mi profesión sino interés personal y obligación cívica. Lo hago desde esa humildad.

Comenzaré por donde usted termina. El desconcertado soy yo, respecto a su afirmación de que querer echar abajo aquella república neocolonial implica ser aliado de Batista. No quiero ser yo, un físico, quien tenga que decir obviedades, su construcción puede satisfacer a algunos pero, como argumento, es un sofisma de punta a cabo. En las fuerzas heterogéneas que se opusieron a Batista habían diversos actores con diferentes propósitos más allá de derrocar al golpista. Con independencia de las intenciones y apreciaciones que usted da, o más bien insinúa, respecto al propósito de los que lucharon en aquellas circunstancias contra el régimen, la historia real y concreta demuestra que habían actores que, oponiéndose a Batista, querían echar abajo la República burguesa neocolonial (después hablare de como ahora escojo esta denominación rectificando un reduccionismo en primera respuesta, consecuencia del contexto para la que la elabore) para erigir otra república distinta.

Los acontecimientos posteriores al derrocamiento de Batista lo demuestran, más allá de duda alguna, porque precisamente eso fue lo que se hizo. Incluso entre quienes, oponiéndose al régimen golpista, no rebasaban el marco de restituir la república burguesa, habían actores que no querían que fuera más neocolonial y en ese sentido también querían echar abajo aquella república para erigir otra burguesa nacionalista. Luego, en el sentido claro de mi afirmación sobre el propósito de mi padre, quedan en esa misma categoría incluido una diversidad de actores que usted obvia al, sorprendentemente, reducir la intención de echar abajo la república neocolonial a los «aliados de Batista». Tal disparate quizás sea perdonable en un físico, pero estoy seguro no estoy diciendo nada que usted no conozca. Luego no tengo nada que rectificar, mi padre, en su contribución quería, como otros actores de esa contienda, incluidos quienes no querían salirse del estado burgués, echar abajo aquella república neocolonial.

Si alguien tiene alguna duda pues puede leer el manifiesto del Moncada y la Historia me Absolverá donde se hace un planteo que rebasa la simple restitución de la república burguesa neocolonial anterior para negarla en su programa y, aun entonces, señalando propósitos que cabían en los marcos de una república burguesa nacionalista. Más aun, el manifiesto del Moncada plantea en su texto que en sus objetivos los asaltantes asumen las ideas y el programa de la Joven Cuba (nada más y nada menos!), y si se va al programa de la Joven Cuba se puede leer explícitamente entre sus propósitos el de un programa que Guiteras define como socialista. Luego los asaltantes al Moncada fueron con el propósito explícito de echar abajo aquella república neocolonial, aquí no hay medias tintas, como no las hay en los propósitos declarados de Guiteras.

Yo no haré, como usted hace, pedirle que se prepare mejor, aun cuando su desconcierto me es sencillamente asombroso, respeto que cada cual llegue a un debate con los argumentos que considere apropiados, máxime que yo no me «prepare» para hacerle un comentario, como no me estoy preparando ahora, mi comentario lo hice y lo hago apelando a mi memoria y bagaje cultural pues estoy lejos de mi biblioteca personal por estar en este instante de viaje, y fuera de la casa.

Pero sigamos en el mismo argumento. ¿Realmente estaba interesado Batista en echar abajo la república neocolonial? La historia nos da otras lecturas.

La burguesía rompe las formas democráticas cuando estas no le sirven para sostener el estado favorable, para ellos, de las cosas. En el caso de Cuba ciertamente el golpe de estado es consecuencia en alto grado de las ambiciones personales del general taquígrafo que había dilapidado buena parte de la fortuna que robo en sus despropósitos previos, pero una parte mayoritaria e importante de la burguesía entreguista no solo se plegó al golpe sino termino apoyándolo activamente cuando vio que tenía el apoyo del gobierno yanqui. Aclamaron a Batista como el hombre providencial.

El aparato formal burgués no fue transformado, y el propio Batista se afano, en más de una ocasión, en restituir aquellos elementos formales de la república que habían quedado maltrechos por su golpe inconstitucional: restituir el congreso de la nación, convocar y ejecutar elecciones, etc. Las estructuras del estado burgués quedaron en lo fundamental intactas: el poder judicial, el ejército, el sistema pluripartidista, etc. Luego, el golpe de estado no fue una ruptura del estado burgués, aun si lo fuera de la republica burguesa cuya formalidad, insisto, Batista busco insistentemente en restaurar. Tampoco lo fue de su carácter neocolonial, en ese sentido fue continuidad manifiesta. Luego querer echar abajo la republica burguesa neocolonial no te hacía, como usted dice, aliado de Batista, todo lo opuesto.

No es correcto, bajo ninguna lectura, decir que echar abajo la república neocolonial era propósito batistiano. Repito, me da cierta pena tener que decir estas obviedades, siendo físico y sabiendo que usted conoce todo esto que le digo.

En las ciencias naturales y exactas, el método de análisis tiene como componente fundamental no valorar un argumento por las credenciales de quien lo emite sino por los méritos del argumento.

Luego, aun cuando admire a las personas que usted menciona, eso, en mi deformación profesional, no le da más mérito a lo que dicen, sobre todo, si usted al citarlo obvia el contexto en que se hicieron tales afirmaciones para uno poder aquilatar de manera adecuada el argumento que adelantan. El propio Fernando Martínez Heredia utilizo en diversas ocasiones la denominación de neocolonial, pero usted no menciona ese importante detalle, para referirse a la republica que tuvimos hasta el 59 en todas sus tres etapas, etapas que señalan como esa neocolonialidad adoptó formas distintas de acuerdo a los contextos en que se desenvolvió.

Y aquí regreso al tema de como mejor denominar aquella república.

Tiene razón, era burguesa por diversas razones, porque adopto una forma burguesa de republica con su separación de poderes, su democracia representativa etc, es burguesa porque quienes detentaban el poder era la burguesía norteamericana a través de sus agentes locales, la burguesía local. Pero republicas burguesas es una clasificación aún muy gruesa. Lamento que no supe transmitir esa idea que quise resumir en la primera oración de mi comentario anterior. Hay muchas tipos de repúblicas burguesas, incluso en el contexto latinoamericano, no es la misma republica burguesa brasileña que la chilena, o la argentina que la uruguaya, o, probablemente la más autóctonamente burguesa de todas, la Mexicana que, a diferencia de nosotros tuvo una revolución burguesa y una burguesía nacionalista fuerte que hizo, en determinado periodo prolongado de su historia, un estado burgués nacional fuerte.

Por esa diversidad es que yo insistí en argumentar por qué, a nuestra república, la caracteriza mejor el calificativo de neocolonial. Nos permite caracterizarla mejor frente a esa diversidad, no vaya a ser que creamos que nuestra república burguesa sea fuera como la mexicana, ni se diga que la Francesa. Y además insistí en el término porque usted, en su artículo original, me pareció que nos hizo entender (que el lector regrese a ese texto a ver si fue una apreciación errada mía) que calificarla como tal era un ensañamiento, mi argumento y el grueso de mi comentario era para demostrar que no lo es. Neocolonial fue desde su surgimiento hasta Batista y al decirla tal no nos estamos ensañando, estamos siendo justos con la historia. Luego, atendiendo a sus argumentos de esta segundo artículo y respetando a Fernando Martínez Heredia, hago una rectificación justa, es más correcto llamarla República Burguesa Neocolonial.

Hay muchos argumentos suyos en los que no difiero y por tanto no me referiré a ellos. Usted valora determinados aspectos positivos de la república burguesa neocolonial que no seré yo quien los niegue y a eso me referí en mi primer comentario al decir que esa república era compleja e insistí en que no podía reducirse ni a apología, ni a denostarla. En primer lugar, coincido con usted en que fue en ese contexto que se regenero las fuerzas, las condiciones, y la cultura que en definitiva marcaron las transformaciones radicales que luego tuvieron lugar. A ello me refiero en mi primer comentario y por tanto coincidimos en ello. Nada de esas realidades positivas niegan el carácter de república burguesa neocolonial.

Usted dice que yo planteo que en la Revolución nunca se maltrató a la República, eso no es cierto. Yo no uso la palabra maltrato y me gusta más hablar de reduccionismo y maniqueísmo en el tratamiento de la historia de esa etapa en determinados momentos. Pero nunca faltaron textos críticos, análisis profundos y que huían de esos defectos. Incluso, si usted lee mi comentario verá que digo se ha «rebasado», luego ahí esta implícito que hubo algo que rebasar por incorrecto. Veo que usted coincide conmigo, como planteo en mi primer comentario, en que en los últimos años hay un trabajo acumulado que mira a esa república desde una óptica más profunda y con mejores, o mejor usados, herramientas e instrumentos de análisis.

Pero no se trata solo de los libros de historia, se trata también de que nunca se ha hecho en Cuba, como en la etapa revolucionaria, sobre todo en los últimos años, un análisis tan profundo de la sociedad cubana de todo el periodo republicano anterior a la Revolución, a eso me referí en mi primer comentario y que usted obvia. Se han hecho, aun con sus carencias, estudios profundos de los temas raciales, culturales y sociales. Le repito que estoy lejos de mi biblioteca personal, pero hago el ejercicio de imaginarme frente a ella y ver los libros no solo históricos de Torres Cuevas, Rolando Rodríguez, Eusebio Leal, el propio Martínez Heredia, sino otro títulos cuyos autores y los propios títulos ahora mismo olvido, como el de Manach y la República; sobre la masacre de los negros; sobre las razas; sobre el sistema de servidumbre en la república; sobre la primeras décadas de la república y la reivindicación, de determinado sectores sociales, de la virtud doméstica o ciudadana como vía para lograr coronar la frustrada independencia real nacional; sobre los cambios económicos en los años republicanos; sobre el hampa; sobre las autoras cubanas en revistas sociales, sobre pintores de la vanguardia y el propio fenómeno de la vanguardia artística, sobre escritores y artistas de la época, a través de cuyas páginas se respira los ambientes sociales, textos sobre el Benny, sobre Rosita, sobre Rita, sobre Caturla; me veo viendo los libros de análisis sociocultural de la música cubana en la república, libros de Radames Giro y de Leonardo Acosta; sobre Alicia y el ballet en Cuba. Libros sobre el minorismo, sobre la revista Orígenes y los intelectuales que alrededor de ella se aglutinaron.

Está además la reivindicación de autores de la republica que por años fueron silenciados e incluso censurados. Y está, por último en esta ya demasiada larga lista, las novelas de nuestros escritores que se refieren a la república y que han sido publicados desde décadas atrás, desde Loveira hasta Carpentier, pasando por tantos otros, por Lezama, Barnet, Lisandro Otero y muchos más.

Todo esto hace que la literatura sobre nuestra república neocolonial sea tan vasta, tan rica y tan profunda que sencillamente decir que ha sido maltratada sin dar todo este contexto toda esa riqueza, es de un reduccionismo asombroso: si, ha sido maltratada por unos, ha sido hagiografíada por otros y ha sido analizada en su complejidad y riqueza por tantos más. Para alguien que reclama que no se maltrate a la república neocolonial, me llama la atención como maltrata, al reducirlo a esa misma palabra, toda la literatura y estudios que se han hecho en Cuba y desde la Revolución sobre esa misma etapa histórica.

Al margen de sus largas citas textuales, me arranca una sonrisa pícara que usted cite al mexicano Aguirre (le confieso que lo desconozco) para adosarme el pecado capital de adoptar una visión positivista de la historia. Sonrisa porque es la Física la primera ciencia que rompió con el determinismo clásico al ocurrir la revolución cuántica y relativista y por tanto dio la espalda a esa visión positivista de las cosas. Yo no soy positivista y no creo en que el decursar histórico tenga y sea siempre de avance. De hecho, por deformación profesional, me resisto a usar palabras como «avance» para describir dinámicas, no solo porque es un término demasiado ambiguo, si no además, porque reduce la complejidad de los fenómenos. Como científico adopto el criterio de que el ser humano ni es más evolucionado ni más avanzado que otros seres vivos, ha evolucionado de manera distinta. No somos superiores a otros animales, somos distintos. Hago esa digresión para que entienda que yo no veo la historia como un proceso de decursar necesariamente ascendente, como un destino manifiesto, y lo dejo ahí para no extenderme demasiado y porque, al leer su extensa cita del autor mexicano, nunca me sentí aludido.

Para despedirme, le agradezco que le conceda ser un aficionado de la historia a este humilde físico. Le pido disculpa si hay temas a los que usted alude a los que no me refiero en esta primera respuesta, estar lejos de fuentes bibliográficas me impide poder abordarlas y argumentarlas como quisiera, tal es el caso de la Constitución del 40, cuya respuesta necesita que acuda a textos de Carlos Rafael Rodríguez, Leonel Soto y otros que han abordado el tema y que ahora no tengo a mano.

Le agradezco además la posibilidad de debatir que usted le ha concedido a este físico metido a aprendiz de brujo.

La dejo, con la frase con que termine mi primer comentario y que ya defendí en este segundo comentario:

Ah! La república! mi padre me hablaba de joven tanto de esa república, mientras me enseñaba la medalla de la clandestinidad que se ganó por contribuir a echarla abajo!

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