La verdadera solidaridad.

Por: Ileana González.

 La solidaridad que les parece cara algunos, fue las que en momentos en que nuestra naciente Revolución era acosada y amenazada con la destrucción, nos ayudó a sobrevivir, Fidel refiriéndose al internacionalismo, una forma de expresión de la solidaridad dijo, “ser internacionalistas es saldar nuestra propia deuda con la humanidad”, fin de la cita, no pocos entregaron sus mejores años, incluso sus vidas por ayudarnos.

Pero existe quien, haciendo politiquería barata para buscar simpatías, jugando al Mesías, valora hipócritamente de demasiado costosa la solidaridad, porque, “la distancia provoca el desarraigo, la emigración, matrimonios destruidos e infidelidades ocultas”.

A nadie se le impone cumplir una misión en el exterior, es una decisión personal, que como es lógico se comparte con la familia.

No hay desarraigo, cuando los valores y sentimientos que unen a la patria son profundos y verdaderos, quizás el no haber vivido una experiencia de ese tipo pueda llevar a generalizar negativas experiencias ajenas.

La emigración no es un fenómeno entre cuyas causas se encuentren las misiones, afirmar eso es un disparate, estas son aprovechadas para consumar decisiones tomadas con anterioridad.

La destrucción de matrimonios  y las  infidelidades ocultas, por diversas causas ocurren  en Cuba, sin que medie una misión, es cierto que la distancia es un factor que influye en los afectos, pero no necesariamente debe destruirlos, cuando la unión tiene bases sólidas, estas no se erosionan fácilmente.

Algunos elementos:

11 de mayo del 2011 el sitio Cubadebate publica el artículo, “Divorcios en Cuba se han triplicado” , el  2 de octubre del 2014, la misma plataforma situó  el post, “Aumenta el número de divorcios en Cuba con énfasis en las parejas más estables” , en ellos hay un análisis serio de esta problemática, con datos estadísticos que refrendan las tendencias y algunas de sus causas, las misiones no aparecen porque aun cuando tienen alguna influencia no están entre las causas determinantes.

De quien hablo, se precia de ser revolucionario sin embargo concluye, “pienso en la solidaridad de este país y las lágrimas que eso cuesta. Siento tremendo orgullo, pero es una dignidad muy cara”. ¡Qué clase de paradigma de revolucionario!

La solidaridad, no se practica pensando en la cuota de sacrificio que hay que pagar por darla, si no en el beneficio y la necesidad que se le satisface a quien la recibe, pensar de otra manera es egoísta y la despoja de sus principales esencias, el desinterés y el humanismo.

El comandante José Luis Merino, revolucionario salvadoreño, uno de los fundadores del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), aseguró que la dignidad ,  es una de las más importantes enseñanzas del líder de la Revolución cubana, Fidel Castro.

Gerardo Fernández Casanova, en su artículo, “LA INSÓLITA DIGNIDAD DE FIDEL , afirmaba, “El pueblo cubano se nutrió de dignidad, no obstante ser el último bastión de España en América, ilustrado por sus héroes y sus luchas durante casi todo ese siglo, subrayadamente la del prócer de la dignidad patria: José Martí. Fidel la reforzó con su discurso y con su ejemplo; de la dignidad personal ejercida desde sus primeros años hasta la ejercida en la conducción de la nación caribeña y proyectada para la América Nuestra y el mundo entero.

En la historia patria sobran los ejemplos de hombres y mujeres que antepusieron su dignidad y sentido de la solidaridad por encima de todo, Máximo Gómez, Henry Reeve, Carlos Roloff,  Mariana Grajales, Antonio Maceo e Ignacio Agramonte, entre otros grandes, tres de ellos no eran cubanos, pero pelearon por nuestra tierra como si fuera la propia.

Fidel, los expedicionarios del Granma, los combatientes de la lucha clandestina y de la Sierra Maestra, el Che y sus compañeros de la guerrilla boliviana,  los internacionalistas cubanos que lucharon en Argelia, el Congo, Angola, Etiopia y otras partes del mundo.

Los miles de médicos y trabajadores de diferentes sectores que han llevado su altruismo a los más apartados rincones de los países donde han trabajado, en fin, una inacabable lista de dignos y solidarios ejemplos, de hijos de nuestro pueblo.

Si ellos hubiesen pensado que el sacrifico y los riesgos que tendrían que enfrentar para cumplir con un deber solidario y digno, les imponían un precio demasiado elevado, entonces, hoy fuéramos una neocolonia yanqui, Angola estaría subyugada, el apartheid se mantendría en Sudáfrica, Namibia no sería libre, millones de personas seguirían siendo explotadas y denigradas y miles habrían muerto de enfermedades curables, otros tantos seguirían en la ignorancia.

Estos hechos demuestran que quien pone precio a la práctica de nobles causas no puede ser revolucionario.

La dignidad no tiene precio, es sinónimo de honra, decencia, integridad y honor, el Titan de Bronce, “Primero mi honor después la vida”, fin de la cita, nada más elocuente para definir el verdadero valor de la dignidad para un ser humano.

Patria es humanidad, José Martí.