La Vieja Cuba y su doctrina del shock

Tomado del Facebook del intelectual Carlos Luque.

Fabricar, provocar o exagerar, y difundir la existencia de una crisis, es uno de los procedimientos que utiliza la propaganda y la política imperialistas para crear condiciones que permitan influir en los acontecimientos de modo que deriven en el sentido deseado.
 
Mientras que la mayoría de la sociedad cubana y su dirección política y económica bregan bravamente contra las dificultades, que son ahora también globales y mucho más formidables y peor gestionadas en muchos puntos del mundo que en este país asediado, un minúsculo grupo en La Vieja Cuba se dedica, -mucho más que a dar relieve a la manera que Cuba las enfrenta-, a dibujar una crisis más allá de sus elementos causales, que son planetarios, más allá de las raíces que tiene en la agresión al país de cuya parte dicen estar.
 
La Vieja Cuba está dibujando el escenario que quisieran ver. No miran más allá de su profecía catastrófica autocumplida . No conocen la Isla y hablan por ella.
 
Mientras redacto estas notas, veo el grupo numeroso de la gente de mi barrio organizándose para comprar el módulo de alimentos. Tranquilidad y serenidad. Escucho voces de la oficina aledaña, donde encontré un murito para escribir, instrucciones de alguien que explica cómo se organizará la inminente vacunación, asignan combustible, afinan detalles.
 
La Vieja Cuba prefiere, texto tras texto, hablar de represión sin conocer la represión de este mundo, y ocultando que si se le impide a un joven seguir portando un cartel que habla de una represión que nunca conocerá en carne propia en su país., es porque ya conocemos que el progreso de una acción similar es el caldo de cultivo de eventos que esperan ocurran en Cuba para desatar lo que sí experimentaremos como la verdadera represión de los que han pedido 3 días libres para saciar su odio y en Cuba.
 
Algunos en LVC quieren hacer creer, para difundir el fantasma de la crisis que le desean a su país, que la juventud de este país se comporta como los pocos que se han rendido y acuden al mercenarismo, a recibir dinero de sus mismos enemigos, de esos que son capaces de llevarlos a la muerte, y que al minuto los olvidarán.
 
Algunos en La Vieja Cuba no tienen la explicación o justificación de Alcántara. O de aquel que no conoce bien su lengua natal y quizás por ello clama por un presidente extraño a toda su vida y condición. Son múltiples las acechanzas y zancadillas que les pone la vida a las personas aunque al nacer teóricamente tengan las mismas oportunidades que todos. Pero alguna gente de la Vieja Cuba no tuvo que invertir salud más allá de lo normal para aprovechar las oportunidades y conocimientos que hoy ponen al servicio de los que quisieron y quieren aniquilar esas oportunidades que la Revolución propició para todos. Algunos allí merecen el repudio que no merece Alcántara a quien seguramente le faltan los conocimientos para explicarse por qué actúa como actúa y en qué peligro su pequeña acción puntual puede poner al país. La Vieja Cuba sí lo sabe y muy bien. Son los verdaderos mercenarios ilustrados, la casta más despreciable de esa estirpe.
 
 
 

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