Los cubanos “preocupados” por amenazas de EE.UU continúan librando dulces batallas en sus lechos conyugales.

Por: Marco Velázquez Cristo

En el presente artículo se recogen las experiencias acumuladas por varios compañeros tras largos años de duro bregar en batallas que han tenido por escenario el lecho conyugal y sus alrededores las cuales describiré en detalles.

No sé lo que estarán pensando los lectores, yo aclaro que me referiré a las diversas posiciones que nos obligan a adoptar las féminas en dichas contiendas y las imposiciones que nos hacen durante ellas.

Vamos a partir del momento en que nos acostamos y somos colocados en la posición de decúbito supino (boca arriba), la cual nuestra compañera corregirá hasta adaptarla a su gusto y comodidad.

Una vez logrado su propósito procederá a depositar su cabeza sobre uno de nuestros hombros y pasará una de sus piernas por encima de la que tenemos más cercana a ella, a la cual usando la suya le precisará la posición, mientras hace lo mismo con el brazo que ha quedado atrapado bajo su cuello y nos da ligeros tironcitos por la cintura para dejar todo listo para iniciar la Fase I o etapa de adormecimiento de su sueño.

Pasado un tiempo y ya en su Fase II o etapa de sueño ligero, sentimos que, se nos empieza a acalambrar el brazo y la pierna que le sirve junto a nuestro cuerpo de almohadón de dormir. Con extremo cuidado nos movemos intentando mejorar la posición sin molestar (generalmente en ella nos semejamos al arco de Robín Hood). En ese momento surge el primer reproche, – No te muevas tanto, me despertaste. Fue solo un intento de movimiento pero ella lo considera un maremoto.

Sí por desgracia se te ocurre responderle, -es que estoy entumecido, te espetaran, – que pesaó te has vuelto antes tú no protestabas. No es un verdadero enojo es  la forma que utilizan para frenar tus protestas y de paso ganarse algunos mimos. Una vez aplacados los ánimos recomponen las posiciones y reinician su sueño. Un consejo, nunca dé como respuesta, – antes no protestaba porque tú pesabas menos; eso puede desatar el Armagedón.

La noche continuará avanzando y ella alcanzará la Fase III o etapa de transición  de su sueño y haciendo honor a la misma girará sobre su eje longitudinal hasta quedar de espaldas. Respirarás aliviado aunque por pocos segundos, transcurridos los cuales con voz adormecida te preguntarán,  -¿dónde te metiste?, – donde me dejaste, -no te quedes boca arriba porque roncas y me despiertas, vírate para acá. En ese mandato hay mucha  injusticia porque al girar ella da descanso al lado sobre el cual se apoyaba, mientras que usted debe yacer sobre el que ya tiene hecho trizas gracias al peso de su amada.

Una vez más la dulce damisela lo volverá a acomodar de acuerdo a su gusto, lanzando su brazo hacia atrás tirará de usted hacia ella hasta tenerlo casi dibujado en su espalda, obligándolo a reproducir su postura. Entonces puede que escuche, – ¿qué es eso duro que siento allá atrás?, – el codo porque no tengo como acomodar el brazo,  – súbelo mi amor y con el otro abrázame. ¿Qué hacer ante tan amorosa solicitud?, complacerla, aunque se termine adoptando una pose parecida a la de la Estatua de la Libertad.

Como duermes no sentirás la presión que comenzarán a ejercer sus glúteos contra ti. Según ellas es algo que hacen inconscientemente, sea o no así, lo cierto es que, usando esa parte de su cuerpo te van desplazando hasta situarte al borde de la cama, momento en que afortunadamente despiertas y aferrándote a ella le dices, – me vas a tumbar, – no digas eso mi vida solo quería estar pegadita a ti. Esa respuesta te deja como Mayito Rivera, “sin palabras”.           

Todo solucionado, se hará el silencio. Pasada unas horas despertarás con deseos de miccionar y al escuchar su respiración tranquila entenderás que  ha entrado en la Fase IV, etapa de sueño profundo. Despacio te levantarás para no despertarla y en ese momento, – ¿A dónde vas?, – a orinar, – déjame ir a mi primero, – está bien. Al regreso, – papi tengo frio, apaga el aire y tráeme un poquito de agua.  A punto de orinarte después de un pedido tan mimoso no tienes otra que obedecer.

Vuelves al lecho está tendida de espaldas a ti, te deslizas suavemente sobre el colchón y adoptas la misma postura con respecto a ella. Todo en orden, logras conciliar el sueño, caes también en su Fase IV no sabes el tiempo que ha transcurrido, cuando sientes que te abraza por la espalda ronroneando, lanza su pierna sobre las tuyas y feliz cae nuevamente en brazos de Morfeo, mientras hunde su codo en tu espalda olvidada de subir su brazo.

En invierno estas batallas suelen complicarse y usted podrá ser acusado de apropiarse de la colcha, torcerla o atravesarla. La realidad es otra son ellas las que dando vueltas como un trompo terminan enredadas en sabanas y colchas que las cubren hasta la cabeza, dejándonos destapados. A veces se piensa que pueden llegar a asfixiarse pero por fortuna son hábiles y siempre dejan un espacio por donde respirar.

Suena el despertador y cada uno se prepara para dirigirse a su trabajo, ya vestido serás observado con ojo crítico  convertido por obra y gracia de su espíritu maternal nuevamente en niño al cual le dirán, -no me gusta como te queda esa camisa, quítatela mi amor y ponte esta otra, – ¿qué tiene esta?, – nada, pero no me gusta, anda compláceme y ponte la que te digo. No hay que extenderse más acabaras cediendo. Satisfecha te revisará por última vez  y como quien envía un hijo a la escuela te dará el visto bueno para que puedas marchar a tu trabajo, no sin antes darte un beso de reconocimiento a tu comprensión que, en honor a la verdad te sabrá a gloria.

Camino al centro laboral solo nos queda expresar para nuestros adentros, bellas y dulces contrincantes por todo lo que ustedes significan y nos dan, gracias por existir.

Alguno podrá pensar que en momentos de tensiones y amenazas como los que vive la patria este artículo resulta inapropiado, que, deberíamos estar escribiendo sobre cosas más serias respondiendo a los personeros del imperio que se empeñan en amedrentarnos, el que piense así no entendió, esta es también una manera de responder.

Trump y la fauna cargada de odio que lo acompaña en esta nueva cruzada contra Cuba deben saber que, sus aullidos de lobos sedientos de sangre no nos intimidan, ni serán capaces de hacer desaparecer nuestra alegría, que, sin subestimar sus malsanas intenciones ni dejar de prepararnos para enfrentar cualquier escenario que nos quieran imponer, seguiremos con nuestras vidas, amando, riendo y luchando por un futuro mejor para la patria, porque nos importan un carajo sus amenazas.

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