Los falsos defensores de los animales y sus hipocresías

Por: Marco Velázquez Cristo.

En la defensa de los animales se involucran personajes que aprovechan los reclamos de personas que honestamente sienten lo que les pasa a estos, para desparramar su hipócrita preocupación por ellos en las redes sociales, utilizando expresiones sensibleras dirigidas a promover estados de opinión críticos con las posturas del gobierno con respecto a este tema, distorsionando sus esencias y fines.

En este contexto se tiende a soslayar que, muchos de los animales, principalmente perros y gatos que deambulan por las calles de nuestras ciudades, han sido dejados en esas condiciones de indigencia, digámoslo así, por personas inescrupulosas e irresponsables que, luego de adoptarlos como mascotas, por diversas razones los abandonan a su suerte.

Muchos mueren de hambre y enfermedades sin que, los falsos apóstoles de la campaña por su bienestar y defensa, en vez de recogerlos, se concreten a retratarlos para subir sus fotos a las redes, “condoliéndose” de su suerte, a la vez que, mendazmente culpan al Estado cubano de esa situación.

En eso se destacan los “nuevos revolucionarios” y la contrarrevolución, digamos que tradicional, quienes, con su oportunismo característico y su doblez moral habitual, se presentan como abanderados de ese “causa”. Así publican post con las características que mencionamos, donde aflora la falsedad de sus posturas.

Describen sufrimientos de perritos, la inquietud de niños por la suerte de sus mascotas y critican las peleas de gallos, en este caso con el fin de censurarle al Estado permitirlas bajo ciertas regulaciones.

Sin embargo, nada dicen de las sangrientas peleas de perros, ni de los entrenamientos brutales a que son sometidos para prepararlos para las mismas, ni de los niños y adultos que han sido atacados en plena vía pública o de sus mascotas seriamente heridas por estos animales, a los cuales se le exacerba la agresividad con métodos que constituyen verdaderas torturas psicológicas y físicas.

De igual manera no se analizan las amenazas a la salud colectiva que significan esos animales que deambulan por nuestras calles, portando enfermedades transmisibles al ser humano, cerca de niños que juegan o de transeúntes que las utilizan.

También invisibilizan las persecuciones de motos que algunos perros callejeros protagonizan y que, en algunos casos han provocado accidentes en los cuales han salido lesionados los que viajaban en ellas, e incluso en algunos casos con resultados fatales.

De esos hechos, ni del trauma de los infantes que impotentes han tenido que presenciar la agresión de sus mascotas hablan. Tampoco denuncian los lugares donde ocurren las peleas que mencioné, ni se manifiestan frente a ellos para condenarlos.

Por eso cuando traen a colación, para subirle el tinte dramático a una de estas publicaciones, el repudiable caso (ocurrido hace ya tiempo) de un perrito que cruelmente fue quemado vivo, el cual es calificado de asesinato y de hecho lo fue, pienso que no es más que un ejercicio de hipocresía.

¿Qué tienen que decir de su participación en el asesinato de no se sabe cuántos puercos, ultimados a puñaladas en su presencia o siendo ellos los ejecutores directos de uno de esos crímenes?, ¿no los conmovieron los chillidos desesperados de dolor y terror del ejecutado, mientras hundían un cuchillo en su cuerpo y lo removían en busca del corazón o lo inmovilizaban para que otro lo hiciera?

Pero también están los asesinatos de chivos y carneros que son degollados sin piedad. Los primeros en medio de su ejecución berrean angustiados, los segundos aceptan su suerte en silencio.

Que decir de los pollos a los que se les tuerce el pescuezo y luego se dejan que agonicen hasta morir, seguramente presa de intensos dolores, o los conejos sacrificados de un golpe en sus cabezas o de los guanajos decapitados.

¿Cuánto dolor sufren esos animales y aves?, nadie lo puede decir.

No quiero ser absoluto, pero estoy seguro que, en muchísimas casas de los “horrorizados” que vemos hoy en las redes por las recogidas de animales callejeros, se han cometido alguno de estos crímenes. Luego de los cuales y para rematar tales actos de barbarie, se han comido las vísceras de sus víctimas y hasta la sangre de estas elaboradas como morcillas. 

Visto esto, ¿Con que moral hablan, cuando entre ellos hay probados asesinos seriales de animales y aves?, si me dicen que esto es falso, les voy a tener que decir, “a otro con ese cuento”.

Quizás la forma en que me he referido al sacrificio de esos animales se interprete como una especie de humor negro, y puede que lo sea, pero en el escenario cubano actual existe la necesidad de exponer la hipocresía con la cual son abordados, y utilizados temas que tocan la sensibilidad humana como el que estamos analizando.   

Obviamente para la gran mayoría de los cubanos en los que me incluyo, estos sacrificios de animales no son vistos como reprobables y forman parte de festejos tradicionales como los de navidad, fin de año y onomásticos, entre otros. Además, de llevarse a cabo en momentos de rencuentros familiares y actividades festivas en general, así como para la alimentación de las familias.

Pero los que se desvelan sinceramente por el bienestar de los animales, no pueden establecer diferenciaciones, porque tan animal es un puerco, un chivo o un carnero, como un perro, ¿o no? Por eso deben renunciar a degustar una buena carne asada de cerdo, un pollo frito, un chilindrón de chivo, etc.  

Una vez más repito que esto no va contra los que de verdad sienten como propio el daño o el dolor que sufre un animal y se privan de los platos que mencioné llevados por ese altruismo. No estoy en contra de ellos, ni los satanizo, ni tildo de lo que no son, pero debo decir que estoy en contra de la manipulación y utilización de este tema con espurios fines políticos.

Mi escrito va contra la hipocresía de los que se introducen de contrabando en sus filas.

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