Los Gorbachov cubanos

Por: Marco Velázquez Cristo.

En el actual comportamiento de los sitios “alternativos” cubanos se denotan líneas editoriales con claras intenciones de presionar cambios en la estructuración y organización económica del país y de una forma algo más velada en lo político. También insisten en reanalizar hechos ocurridos dentro y fuera del proceso revolucionario, con una marcada intención de reinterpretarlos.

Todo ello sugiere la existencia de una corriente de pensamiento que intenta reproducir en nuestro país el proceso que condujo a la destrucción de la Unión Soviética, es decir, desarrollar una “Perestroika” que, complementada con una “Glasnost”, lleve al desmontaje del socialismo en Cuba. Esgrimen las mismas banderas: “reformar” y “transparentar” para avanzar.

Como no tienen el poder en sus manos, lo que los priva de la capacidad de instrumentar sus propuestas, recurren al escenario mediático como vía para presentarlas y posicionarlas como “alternativa” a las formuladas por el estado, a las cuales procuran descalificar mediante un sistemático proceso de cuestionamientos y tergiversaciones.

Sus mensajes resaltan las supuestas bondades del capitalismo, la capacidad del mercado para resolver per se los problemas económicos y ponen en duda las potencialidades del socialismo para garantizar el desarrollo del país. La finalidad es crear la matriz de opinión de que solo un rápido crecimiento de la empresa privada puede permitirnos alcanzar logros económicos que garanticen el bienestar del pueblo, soslayando que el bloqueo es el principal obstáculo que impide que nuestra economía se desarrolle.

Cuestionan decisiones tomadas en determinadas etapas de la Revolución como: la realización de la zafra de los 10 millones, la Tarea Álvaro Reynoso, el ingreso al CAME, la rectificación de errores, etc… sin tomar en cuenta las circunstancias y los factores que las condicionaron, entre los que se encuentra el accionar enemigo.

Además del egocentrismo que se percibe en estos análisis, en ellos aflora la pretensión de inducir la desconfianza hacia las soluciones que propone dar el estado a los actuales problemas, con el cuestionamiento implícito a los que participan en la toma de decisiones en la economía.

Insisten en retomar temas como el llamado “Quinquenio Gris” y la creación de las UMAP (Unidades Militares de Apoyo a la Producción) no solo, como argumentan, para profundizar en lo ocurrido. De todo ello se ha debatido más que suficiente. El primero en 2007, durante la que se dio en conocer como “Guerra de los Correos”, no pudo ser más desmenuzado, pero persisten en su revaluación.

Las UMAP son nuevamente escudriñadas, se reflotan entrevistas a algunos que fueron internados en ellas, quienes las catalogan de campos de concentración, sugiriéndose la idea de sitios tenebrosos al estilo nazi, algo totalmente alejado de la verdad histórica, por ese rumbo un día, terminaran comparándolas con los tristemente célebres gulags, campamentos de trabajo que, con el tiempo y las consabidas exageraciones y tergiversaciones, fueron convertidos en infiernos de la Siberia incluso peores que lo más despiadados campos de concentración de la Europa fascista.

Oscurecer el pasado de la Revolución, mediante una “Glasnost tropicalizada” que presente supuestos “nuevos elementos”, que desbrocen el camino a la reinterpretación de hechos históricos polemicos, adaptándolos a las versiones que más se ajusten a los intereses de quienes promueven este tipo de debates extemporáneos, es la intención.

Otro rasgo que indica que tratan de llevar al país a un proceso similar al que finalizó con el desmembramiento de la URSS y el desmontaje del socialismo en ella, es que comienzan bajo el argumento de la necesidad de desmitificar a figuras prominentes de nuestra historia y de llegar a una total comprensión de los hechos en que participaron, a revaluar las conductas asumidas por estos en cada momento, resaltar por encima de las esencias que los definieron, contradicciones, posturas polémicas, etc. Se prioriza por llamarlo de algún modo el “chisme histórico”.

No se trata de asumir a nuestros héroes y mártires como dioses o seres inmaculados, el punto es darle a cada aspecto o arista de su actuación y de su personalidad la importancia y peso que tienen en la definición de su postura histórica.

De dejarlos hacer dentro de unos años tendríamos nueva historia.

Tras estas conductas “reformistas” en no pocos casos está la influencia directa o indirecta de los servicios de espionaje y de las instituciones que practican la subversión contra Cuba de EE.UU. y sus aliados, que aprovechan   resentimientos, egos insatisfechos, ambiciones personales y otras vulnerabilidades de estos personajes para incentivar sus acciones.

Salarios encubiertos, pago de viajes, invitaciones a eventos en el exterior, amplificación de sus propuestas, financiamiento de sus plataformas, satisfacción de necesidades, exaltación de sus capacidades, son algunas de las formas mediante la cuales concretan la influencia sobre ellos.

Pero no es solo la influencia enemiga quien los mueve, su comportamiento tiene una motivación especial, que responde a un interés de clase, que lógicamente también es incentivado por quienes nos adversan.

Por eso es necesario empezar por aclarar que ninguno de estos personajes cuando eleva sus “plegarias” por   el sector privado, está pensando en: el que vende pizzas en un local humilde, en el ponchero, en el que tiene una modesta cafetería, en el que vende churros, en el manisero, en el que recoge materia primas, en el albañil, el plomero, el carpintero, el zapatero, la costurera, el mensajero, el que rellena fosforeras, la viejita que vende café en una esquina, etc, esos y otros hijos humildes y trabajadores de este pueblo, que pertenecen al sector cuentapropista, solo son incluidos dentro de sus “oraciones” con los fines espurios que expondré más adelante.    

Sus intenciones de mover el sector privado, en la dirección de sus intereses se pueden apreciar cuando le atribuyen la demora en la implementación de los cambios inherentes al mismo, al miedo, de esa forma trasladan subliminalmente a los que lo integran la idea de que la dirección del país los ve como una amenaza, por lo tanto como potenciales enemigos, así se proponen fomentar tendencias de opinión dentro de ellos que incrementen la presión sobre el estado y enrarezcan las relaciones con este.

Es también una manera de hacerse aparecer como luchadores por los intereses de ese sector, para irse construyendo una imagen que les proporcione prestigio y capacidades de liderazgo hacia el interior del mismo y su entorno, que ante un eventual derrumbe de la Revolución (que no va a ocurrir), les permitan contar con fuerzas simpatizantes cuyo apoyo les facilite alcanzar posiciones políticas y económicas de privilegio.

En las complejas condiciones económicas del país, la solvencia económica alcanzada por una buena parte de esta masa les ha propiciado niveles de vida sustancialmente superiores a los de la media de la población, factores que unidos a la pérdida de valores y la amnesia consciente respecto a sus orígenes y el significado de la revolución para ellos han favorecido y condicionado la aparición en sus afiebrados cerebros de corrientes de pensamiento e intereses que los apartan de sus raíces y del socialismo.

De esa forma se ha ido conformando lo que Marx en su obra, “Miseria de la Filosofía” llamó una clase en sí, es decir la existencia de una clase, que ahora evoluciona, hacia una clase para sí, también definida en la obra marxista, que ya lucha conscientemente por intereses comunes que el gran pensador alemán definió como intereses de clase.

Por eso los empellones al estado para lograr una mayor y más rápida apertura para la propiedad privada, (la grande, la que les importa a ellos). Invertir para incrementar el capital individual, es uno de los principales intereses de estos aspirantes a empresarios, que ni representan, ni pertenecen al sector cuentapropista, insisto en lo siguiente: las aspiraciones políticas que ocupan un lugar prioritario dentro de las motivaciones de estos rosados personajes no forman parte de las que mueven a ese sector en general.

Mucho se discute hoy si la Perestroika que impulsó Mijaíl Gorbachov fue o no un esfuerzo premeditado para poner fin al socialismo soviético. A pesar de los años transcurridos aún no se ha llegado a una conclusión definitiva. En Cuba, tengo el convencimiento que no tendremos que discutir nada parecido, primero porque los Gorbachov internos disfrazados de superrevolucionarios no tienen ninguna capacidad de influencia en la toma de decisiones, segundo porque sus motivaciones e intenciones se pueden apreciar con claridad y por lo tanto no pueden engañar a nadie y tercero porque no se les va a permitir.

No faltaran los teóricos de los que abundan muchos en estos tiempos que dirán: “este tipo es un verdadero ignorante, definir como clase a un grupo de personas que escriben en internet, vaya disparate, cuatro gatos una clase”.

La respuesta: “hay muchos gatos que como en la canción de Roberto Carlos, están en la oscuridad”.