Martí.

Por: Marco Velázquez Cristo.

José Martí  nació un día como hoy de 1853 y desde entonces su luz  de  estrella que ilumina y mata,  alumbra el sendero sinuoso de veredas oscuras donde se agazapan los enemigos de la patria, por el que transitamos hacia el futuro, empeñados en conquistar toda la justicia con todos y para el bien de todos.

El maestro no temió una muerte gloriosa, convencido que, la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida. No erró el apóstol, su obra, cimentada sobre sólidos principios éticos, desprovista de cualquier sentimiento profano, ejemplo de altruismo sincero, perdura  en la unidad y la decisión de los cubanos de hoy de mantener al precio de cualquier sacrificio la independencia y soberanía de la patria.

Por preservar vivo su legado cayeron muchos, hasta que otro gigante, hombre de los que brillan con luz propia, vino a acompañarnos en nuestro andar un 13 de agosto de 1926, Fidel, quien imbuido de las ideas del maestro, al frente de la Generación del Centenario, no lo dejó morir, retomó en sus manos jóvenes la espada, nos dio la alborada de enero del 59, nos trajo hasta aquí y junto a Martí sigue tirando de nosotros hacia el futuro.

“Martí nos enseñó su ardiente patriotismo, su amor apasionado a la libertad, la dignidad y el decoro del hombre, su repudio al despotismo y su fe ilimitada en el pueblo. 

Fidel

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