No hay movimiento en San Isidro

Más allá de su nombre y del boom mediático que suelen generar, producto de la red que funciona desde hace muchos años y que ni siquiera tiene su cabeza jerárquica en Cuba, el Movimiento San Isidro es un grupo inmóvil, estancado, repetitivo, infértil, eco de todo lo que nos oprime y de nuestro pasado más oscuro, reflejo de aquellos gobiernos que asesinaban como devolución ante la protesta.

Si la Revolución no se hubiese hecho, los muchachos del Movimiento San Isidro ya estuviesen baleados en una esquina, como estuvieron los del Movimiento 26 de julio en su momento (por favor, salven las distancias porque sé que la comparación es poco halagüeña). Si la Revolución no se hubiese hecho, San Isidro no existiera porque es un movimiento que no anhela nada de lo que hoy podemos nombrar como soberano y nuestro.

Analizar el caso San Isidro merece, a mi juicio, más que los condimentos sentimentales. A cualquiera, por supuesto, le duele que unos jóvenes estén (de estarlo) en una huelga de hambre o en una de sed por decisión política. Realmente no creo que ningún cubano en su sano juicio les desee un mal mayor. Pero ya de ahí, a volverlo un tema de alcance nacional, donde los miembros culpan al gobierno cubano de una decisión como esta, va el típico oportunismo que se repite una vez más y se vuelve cada vez más tétrico.

Matizado esta vez con la exigencia de que quiten las tiendas de MLC, sino sus miembros seguirán en huelga hasta morir, porque se debe hacer (y ya esto roza lo absurdo) lo que un grupito cree que debe hacerse y de la manera que ellos dicen. Ningún gobierno en el mundo actúa bajo esa presión y menos cuando es de parte de una minoría con tan poca representación. ¿Qué será lo próximo que pidan en la próxima huelga? ¿La renuncia del presidente? Vaya, algo así me estoy esperando ya. Bajo esta combinación, todos los días alguien proclamará una huelga de hambre hasta conseguir lo que cree que debe hacerse según él mismo. ¿Esa es la democracia a la que aspiran?

En San Isidro hoy vemos un grupo de jóvenes que desconocen para qué se hizo la Revolución, que no es más que una fórmula sin novedades ni métodos distintos, que le dan la espalda al pueblo y por ello el pueblo le da la espalda a ellos. No busque otra explicación. No trate de mentirse a usted mismo creyendo que el pueblo cubano es inmóvil y no responde ante este «esfuerzo sobrehumano que se hace hoy en San Isidro». Entienda que el pueblo cubano no responde porque el Movimiento San Isidro no los representa, no les ha resuelto nada, no les propone nada nuevo, no les muestra un futuro parecido a sus aspiraciones ni les enseña el camino de la esperanza y ni siquiera, digámoslo claro, sabe quiénes son. Lo que se mueve en La Habana es diferente a lo que se mueve en el resto del país. En mi cuadra nadie sabe lo que es el Movimiento San Isidro, aunque esta semana haya salido en el Washington Post. No se engañen. El pueblo vive sus problemas cotidianos, piensa en ellos, se preocupa, los discute; pero entre ellos no está San Isidro, entre ellos está cómo echar p’alante y cómo mejorar este proyecto.

El primer respeto que deben exigirse como grupo es dejar de cobrar dinero que llega directamente del gobierno de Estados Unidos, a través de organizaciones como la Fundación Nacional Cubana Americana, lo que es considerado en cualquier país del mundo un delito penal. Hablar del Movimiento San Isidro sin mencionar esto se vuelve, digamos, más fácil. Así quizás nadie te tilda de «oficialista» o «comecandela», aunque estés obviando la verdad.

Pues…una pena tener que repetirlo y que suene a discurso de tribuna, pero la verdad ha de decirse como es. Es muy cínico y retorcido que apoyen las prohibiciones de remesas hacia los cubanos, mientras ellos cobran las suyas fácilmente. Apoyan las políticas de Donald Trump y después se preguntan por qué el pueblo cubano no los apoya. Le ronca.

En algunos videos grabados por ellos mismos se ve la degradación existencial y cultural de este grupo, donde uno de ellos, el líder, caga con la bandera cubana encima como forma de expresión artística; eso sin mencionar la falta de preparación política, teórica, ética, filosófica y económica que influye directamente en sus métodos. No sigamos detrás de un suceso que no se gesta en Cuba ni es un resultado enteramente espontáneo de nuestro contexto. San Isidro no se mueve, está quieto, varado en los momentos que ya sufrimos y en las contradicciones que ya superamos. Cuba no está en el Movimiento San Isidro y el Movimiento San Isidro no representa a Cuba.

Ojalá no sigan con esta huelga. Me hará bien saber en los próximos días que sus estados de salud están bien; pero si deciden seguir y sus condiciones de salud se complican, sé, y tengo sobradas razones para creerlo, que en nuestro sistema de salud pública los atenderán gratuitamente como harían con cualquier cubano. La mano de un médico posará sobre quien lo necesite. Eso, al final, es lo que San Isidro parece desconocer. Eso se llama Socialismo y se apellida Revolución.

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