PENSAMIENTO MARTIANO EN TORNO A LA RELACIÓN ENTRE ÉTICA, EDUCACIÓN, CIENCIA Y RESPONSABILIDAD SOCIAL.

Por: Alfonso Alonso

La batalla actual por el control de las mentes y la conducta de los seres humanos son parte de los objetivos de dominación global del imperialismo. Y para ello cuenta con un trazado epistémico-cultural basado en objetivos concretos que perfilan los procederes de la llamada guerra cultural o guerra de 4ta generación, donde se desvanecen nociones ancladas en la identidad cultural del Estado-Nación –tal como fuera diseñado por el capitalismo desde su génesis hasta su mayoría de edad, luego de la Revolución Industrial y el arrollador desarrollo cultural del llamado siglo de las luces.

Pero todo esto es muy anterior al contexto histórico que le correspondió vivir a José Martí en esta parte del hemisferio occidental, donde la emancipación nacional quedó inconclusa luego del proceso independentista latinoamericano del primer tercio del siglo XIX.

La construcción de las bases epistémicas del pensamiento social de A. latina pasa por la comprensión que alcanzaron, los pensadores fundadores de nuestros pueblos, sobre la necesidad histórica como categoría social relevante, vista aquí imbricada a la ética, la educación la ciencia y la responsabilidad social, lo que es igual a decir, el partidismo político revolucionario de una época dada. Es por ello que recurrentemente volvemos a la labor desplegada por Martí, en calidad de pensador revolucionario universal y Héroe Nacional de Cuba.

La eticidad martiana se revela, por un lado, en su dimensión objetiva, como producto histórico, resultado de la experiencia práctico-social acumulada en función de la realización de las necesidades e intereses del universo humano y, por otro lado, en lo subjetivo, como reflejo e interpretación consciente de las relaciones de significación que se derivan de la práctica histórico-social.

En la aprehensión subjetiva de los hechos, es decir, en la interpretación consciente de las relaciones de significación en José Martí, están unidos lo sensitivo y lo cognitivo. Juan Marinello, el martiano mayor, refiriéndose a la aprehensión sensitiva de Martí, expresó: “Aquella sensibilidad de los hechos y sus relaciones, que es en él hazaña permanente, lo constituye pronto en velador inigualado del destino americano.”

La elevada sensibilidad de Martí unida a su preclara inteligencia es la clave esencial que le permite no solo comprender y establecer una comunicación sustancial con su época, sino trascenderla por siglos hacia adelante. En su relación con el mundo establece verdades para todos los hombres y pueblos, en todos los tiempos.

“…. El deber del hombre virtuoso no está sólo en el egoísmo de cultivar la virtud en sí, sino que falta a su deber el que descansa mientras la virtud no haya triunfado entre los hombres.”

“Al venir a la tierra, todo hombre tiene derecho a que se le eduque, y después, en pago, el deber de contribuir a la educación de los demás”

Esta afirmación del Maestro constituye una verdad para todos los hombres en todos los tiempos, pues “La educación es el único medio de salvarse de la esclavitud.”

Los estudios que realiza sobre las ciencias de la naturaleza y las del pensamiento le permiten desarrollar conceptos propios acerca de las relaciones entre la naturaleza y la sociedad y sobre las vías y formas para llegar a ellos. En este sentido Vladimir I. Lenin, en su obra Materialismo y Empirocriticismo, señala que “el conocimiento es el reflejo de la naturaleza por el hombre. Pero no se trata de un reflejo simple, inmediato, total, sino de formación de conceptos, de leyes”. La lógica de lo subjetivo y lo objetivo impregna su ética de autenticidad.

“El yo es el ser puesto en sí mismo y compuesto en sus relaciones con los demás seres. El yo existe en el ser, pero no se completa ni es yo perfecto hasta tanto que de su libre posición no examina y se rodea de cuanto lo ha de desarrollar y de ampliar.

Según Martí no es posible crear la ciencia sobre el simple “yo subjetivo”, sino que la ciencia ha de fundarse “sobre el yo en sí y en sus relaciones con los objetos” , pues “…el yo no es un principio absoluto de los conocimientos humanos. Es un agente dispuesto a conocer.”

Partiendo de estos presupuestos filosóficos, Martí no emprende su lucha por imponer verdades aisladas, sino en función de hacer valer las verdades universales de los hombres, lo que lo convierte en el pensador político revolucionario más grande de América en el siglo XIX. Desarrolla “un método que parte del hombre en sus circunstancias y contextos socioculturales e históricos para determinar cauces interpretativos reales sin apriorismos. Sencillamente, es el hombre (Martí) como sujeto que piensa, siente, actúa y se comunica con el entorno histórico-cultural en que se despliega su pensamiento y su praxis”.

Así, a modo de resumen, vamos viendo la excepcionalidad intelectual, revolucionaria y el gran caudal humano anticipativo de su pensamiento y acción lo que lo presenta a los ojos de la humanidad como un arquetipo de hombre-fundador. Y esa es la razón de su acompañamiento permanente ante los nuevos retos paradigmáticos del siglo XXI.

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