PYMES, China, Cuba y los entusiastas consejeros.

Tomado del Facebook de Carlos Luque.

A propósito de las PYMES, China, Cuba y los consejeros entusiastas.

Con respecto al camino que debe tomar Cuba en los próximos años, leemos en los medios digitales propuestas que, en general, están dirigidas a sugerir la experiencia china y la vietnamita como ejemplo de lo que podría y debería hacerse en materia económica y social en nuestro país. También en general y con pocas diferencias, esas propuestas enfatizan en un sentido muy preciso y enfático que el núcleo de la solución de las dificultades económicas del país, estaría en reconocer jurídicamente y promover con mayor intensidad las llamadas PYMES, las pequeñas y medianas empresas de propiedad privada. Los argumentos pueden resumirse en que estas empresas crearían empleo y sustituirían la propiedad y la gestión estatal en determinadas ramas y servicios.

Poco más o poco menos, los argumentos se limitan a los aspectos económicos, sin mayores preocupaciones por todos los demás factores, – culturales, ideológicos, políticos, geopolíticos e históricos-, que están imbricados en el tema económico de un país de nuestro continente, pero sobre todo Cuba por el rol que ha jugado en el enfrentamiento al voraz vecino que considera el sur de su imperio como su traspatio y una cuestión de su seguridad nacional.

En los últimos días esas propuestas se intensifican, preocupados como están sus promotores por la intensificación de la crisis económica mundial, pero sin referirse a ella en relación con sus tesis salvadoras, crisis que se avecina como de mayor intensidad que la Gran Recesión de los años 30 del siglo pasado, y que será el epílogo de la actual pandemia.

Lo primero que los defensores de las PYMES no incluyen es sus análisis, es la enorme incertidumbre que existe en la actual coyuntura pandémica sobre cómo cursará la crisis y cuál será la actitud y el balance final de las potencias que se enfrentan entre sí, en un escenario que hará peligrar hegemonías y configuraciones geopolíticas, prioridades e intereses, que nunca estarán a favor de la mayoría de los pueblos de nuestro continente.

Varios especialistas coinciden en que estallará una recesión mundializada. Se discute mucho más si habrá depresión, término que se evita por sus connotaciones políticas. Sea o no, las consecuencias ya están a la vista, en plena curva ascendente mundial de la infección, pero lo que no puede olvidarse es que el virus no es el disparador de una situación de crisis que ya venía desplegándose desde el crack del 2007-2008, y sólo ha llegado para acelerar una crisis anunciada.

El principio capitalista de la “destrucción creativa” se refiere a los momentos de crisis como esta, aniquiladora de la sobreproducción acumulada y relanzamiento de otro ciclo de reproducción, y por lo tanto, puede conllevar una avalancha posterior de inversiones para reconstruir y tratar de elevar la cuota de ganancia del capital, desde hace muchos años descendente, tal como lo auguró Marx. Pero hacia dónde se va a dirigir la parte significativa de esas inversiones, no puede determinarse con antelación. Los especialistas están advirtiendo, incluso, que la masa de capitales a ser invertidos está reduciéndose mucho en estas circunstancias y por lo tanto la recuperación puede ser de más larga data.

Esa es la primera circunstancia a tenerse en cuenta antes de confiar en transformaciones precipitadas de la arquitectura de la propiedad en Cuba en la actual coyuntura.

En el paréntesis obamiano, el cambio de política que pretendió lograr el mismo objetivo fracasado durante más de 6 décadas, consistió en un recurso ideológico – económico – cultural, dirigido a cimentar la meta geopolítica de lograr un “cambio de régimen” en Cuba: apoyar la emergencia de una clase media de poseedores privados, a la vez que negar el mismo apoyo a la esfera económica estatal socialista.

Ciertamente, esa nueva actitud abría la probabilidad y la posibilidad de aprovechar la coyuntura para los objetivos socialistas. Pero algo estaba asegurado desde el comienzo: el ascenso del éxito de la propiedad privada en Cuba sería también obstaculizado en la misma medida que ello significara un ascenso de la consolidación del sistema socialista cubano. Ambas cosas eran inversamente proporcionales, y lo serán para siempre. Es un elemento de extrema gravedad a tener en cuenta si nuestro proyecto socialista quiere sobrevivir.

Los factores históricos, económicos y geopolíticos que hicieron posible el fenómeno chino no son ni serán los latinoamericanos y mucho menos los de Cuba. El capitalismo mundial, y el estadounidense en particular, necesitaron del desarrollo económico chino en específico. Sobre todo, para tercerizar la gestión económica de sus grandes empresas, sobreexplotar mano de obra más barata, e insuflarle oxígeno a la tasa de ganancia del capital. No fue un regalo desinteresado ni un error del imperio.

En cambio, los intereses imperialistas en las tierras de nuestro sur, no necesitan una Cuba económica, ¡y culturalmente!, exitosa bajo un proyecto socialista. Unas breves notas no podrían examinar aquellas circunstancias que propiciaron el desarrollo chino. Existe no poca literatura al respecto que se debe estudiar con atención antes de aventurar simplificaciones precipitadas. Pero resulta imperdonable que, con tanto barato simplismo, los argumentos que pretenden apoyar el fomento de la propiedad privada en Cuba, se limiten a las cuestiones estrictamente económicas, sin un examen responsable de aquellos factores y circunstancias, junto a los de nuestra región, nuestra historia y nuestro proyecto.

Esa reflexión totalizadora, o al menos que lo pretenda, debe contribuir al perfil que la propiedad privada en Cuba debe tener, y es la que está refrendada en los documentos que tanto citan los promotores de las PYMES en su apoyo. Debe ser creación heroica y riesgosa, sí, ni calco ni copia, pero de manera tal que el socialismo siga siendo la meta difícil de nuestra historia. Ninguna otra cosa aceptará la mayoría de nuestro pueblo y mucho menos esa parte de él que debe esforzarse por crear la riqueza, sus obreros y trabajadores, que es la médula y el sostén de nuestro proyecto.

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