¿Quiénes son los verdaderos impunes?

Por: Marco Velázquez Cristo.

Aunque ya he escrito sobre la extrema sensibilidad de los “compañeros de la izquierda” nacional, su reiterada tendencia a victimizarse y a acusar a los demás de comportarse como ellos, me obliga a volver sobre el tema. Callar sería aceptar como válidos sus cuestionamientos y eso no es justo.  

Resulta inaceptable que, algunos que se manifiestan en las redes sociales de manera irrespetuosa y nos tratan como seres inferiores, se sientan agraviados por el solo hecho de que se les responda, aunque se haga de forma  diferente a la que ellos acostumbran a utilizar.

Consideran  a quienes los contradicen “impunes” porque no se les reprende o se les sanciona por tamaño “atrevimiento”. Sin embargo soslayan que, la forma en que denigran a los que entienden sus adversarios  y las acusaciones sin sustento que lanzan contra funcionarios y dirigentes del Estado, clasifican dentro de los delitos contra el honor previstos en el Código Penal. Difamación, calumnia e injuria.

Les recuerdo sus expresiones calificando a los que trabajan en las instituciones estatales de burócratas corruptos e ineptos, sus acusaciones a funcionarios del Partido de mandar a reprimir o de realizar experimentos solapadamente, llamándolos incluso incultos.

Que decir de la forma despectiva, humillante e hiriente que utilizan para referirse a los que los rebatimos en las redes sociales, llamándonos incluso perros y jauría. ¿Qué son para ellos entonces, nuestros padres, hermanos y familia en general, no ya nosotros?

Difaman y llegan a la calumnia.

Afirman además que, somos un núcleo duro que pretendíamos apropiarnos del poder cuando el compañero Raúl se retirara y que estábamos en contra de la normalización de las relaciones con los EE.UU., esto último fue  amplificado por la gran prensa norteamericana y utilizado para justificar determinadas acciones que ralentizaban ese proceso, acusando a Cuba de ser la responsable de ello.

Difaman y llegan a la calumnia porque si el autor de la imputación la afirma a sabiendas de que es falsa, el delito cometido no es el de difamación sino el de calumnia. Y en estos, como en otros muchos casos, mienten a sabiendas.

El desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento.  

En este contexto, en un nuevo escenario de debate al que pudiéramos calificar como una especie de ronda de correos, al que ponen de ejemplo de espacio donde se intercambia respetuosamente, hace solo pocos días una destacada periodista ante la manera con la cual se pretendió ningunear a dos reconocidos intelectuales, intervino para refutar todo lo que mal intencionadamente se estaba planteando sobre ellos.

Estos compañeros sin comillas no resultan del agrado de los que se sienten por encima de los demás. Las verdades que dicen, la honestidad con las que las expresan y su coherencia es lógico que despierten la irritación de los que, actúan y hablan de manera totalmente diferente a la de ellos.

Después del regaño, sus detractores para cubrir las apariencias, cambiaron. Se necesita ser muy ingenuo para creer que, alguien cambie abruptamente su comportamiento hacia una persona que nunca ha sido, para decirlo en buen cubano, santo de su devoción. Una hipocresía de ocasión y conveniencia.

Otras conductas tan censurables como las que hemos descrito son las guaperías mediáticas que, quizás  les sirvan para satisfacer vanidades o  liberar la ira que les producen las verdades que se les plantan delante. Pretender atemorizar con esos alardes sería ridículo.

Pienso que valentía no es decirle a otro cobarde; tampoco lanzar  retos, ofensas o amenazas. Es algo más complejo, contrario a esos comportamientos.

¿Qué nos dice lo anterior?

Revela quienes son los verdaderos impunes, esos a los que, el engreimiento, la sobrevaloración de sus capacidades y sus propios intereses personales, los llevan a percibir a los que no pensamos igual a ellos, como personas de intelecto inferior, sin derecho a responderles y que resignadamente tenemos que aceptar todas las ofensas y descalificaciones que nos dirijan.

Equivocada manera de pensar. Nunca practicaremos el amarillismo, ni aprovecharemos vulnerabilidades personales o familiares para humillar o descalificar a los que han decidido ser nuestros adversarios. Siempre apegados a la verdad y con la ética enseñada por la Revolución, responderemos.

 

2 comentarios sobre “¿Quiénes son los verdaderos impunes?

  1. Creo que todo es consecuencia de la enorme falta de «cultura» del debate que tenemos en Cuba. Tantos años acostumbrados a la unidireccionalidad del discurso y la unanimidad, han afectado nuestra manera de recibir y tratar la crítica. Todo lo opuesto parece cosa del enemigo y el uso de falacias cognitivas y generalizaciones grupales está todavía al orden del día.
    Creo que hacen falta un par de años más para que nos eduquemos en el debate provechoso, pero hay que practicarlo desde ya…

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