Rememorando un episodio censurable.

Por: Carlos Arístides Luque.

Con fecha 6 de febrero del 2017, Javier Gómez Sánchez (JGS) publicó en La Pupila Insomne un texto titulado Las páginas de la Revolución. (Texto completo en su versión original)

La aclaración entre paréntesis apuntaba a que un escrito anterior de título homónimo, publicado en La Joven Cuba (LJC) 4 días antes, no era el texto íntegro que el autor había concebido. Aquel fue podado de algunas frases, argumentos, afirmaciones, etc.

Como aclaró después Javier, para que entonces de todas maneras su texto viera la luz, aceptó la eliminación de las partes censuradas. Pero el hecho de publicarlo después en La Pupila… indicaba su inconformidad con el procedimiento. Un rechazo a la deriva ideológica de LJC, y en especial de uno de sus fundadores, Harold Cárdenas Lema, que Javier no compartía.

¿Qué había sucedido? ¿Por qué la edición príncipe del texto de JGS, el editor de entonces de LJC, Harold Cárdenas, no la publicó íntegramente? ¿Por qué  quien había utilizado la metáfora de las “tijeras” del censor para referirse al periodismo cubano en el texto suyo titulado Los periodistas imprescindibles, blandía en el caso del texto de Javier el mismo instrumento?

El mismo Javier se tendría que encargar de explicarlo en Una respuesta para La Joven Cuba. En ella aclara que el proceder de eliminar partes o palabras “fuertes” de sus textos   venía ocurriendo desde mucho antes, y que diversas situaciones lo fueron llevando paulatinamente a un distanciamiento político, ideológico, ético con respecto al blog, pero en especial con su editor, que incluso se había negado insistente y rotundamente a publicar una Declaración de principios propuesta por Javier y con el cual, incluso otro miembro del equipo estaba de acuerdo. (El contenido de la Declaración rechazada puede consultarse en La cosecha del coqueteo.)

Toda vez que el lector interesado puede informarse en los referidos artículos, no glosaremos aquí los argumentos esgrimidos en los diversos intercambios.

Es necesario destacar, no obstante, que en un editorial de LJC, titulado El pretexto de la censura, el argumento fundamental  LJC para explicar su proceder con respecto al  texto original de Javier fue que la línea editorial de LJC se guiaba  por el principio según el cual “Quien tiene la razón, no necesita adjetivar” y que “En LJC no hay espacio para la adjetivación y la demonización”. (Habría que analizar, por otra parte, si esos fueron los motivos para la obcecada negativa a publicar la Declaración editorial  que Javier proponía).

La endeblez de esos argumentos justificativos fue lo que motivó la publicación de Un episodio censurable, que se reproduce ahora aquí luego de estas notas, con el objetivo de cotejar ambas publicaciones de Javier, el original versus la censurada, y falsear la hipótesis sobre la existencia de un sesgo ideológico y oportunista, a más de una doble moral, en la aplicación de aquellos aducidos principios editoriales.

Finalmente, y antes que el posible lector llegue a sus propias conclusiones, debo hacer referencia al modo como el otrora editor de LJC “aplica” su línea editorial, negando sus mismos principios, si de valorar y referirse al periodismo gubernamental y partidista se trata.

Precisamente en el artículo Los periodistas imprescindibles, – que es el texto de Harold Cárdenas Lema que provoca la reacción inicial de Javier, – ya desde sus primeras líneas nos regala una cascada de adjetivaciones – o participios en función adjetiva -, refiriéndose, de modo insólitamente generalizador, a los periodistas cubanos. Una adjetivación de carga y función negativa:

“Mal pagados…”, “…cansados…”, “…subordinados…”, “Mediaciones absurdas…”

El autor es muy generoso en otros textos, en el empleo de perífrasis adjetivas, juicios de valor, que es lo propio de la adjetivación, si no demonizante, muy cercana a la descalificación. Sólo dos botones de muestra:

“Aparato que se desgasta…”, (se refiere al Partido…)

“…tijeras sin compasión…”, (ídem al anterior…)

Y así de esa cuerda, pudiéramos analizar cómo aplica y colegia LJC su línea editorial en otros muchos artículos de la época. ¿Se eliminan las expresiones adjetivas en unos textos, y no en otros?

Asombra el celo en no demonizar y adjetivar al periodismo “independiente”, o a Cuba Posible. Sin embargo, en toda la oración eliminada del texto de Javier Gómez Sánchez publicado en LJC, conocido en virtud del texto íntegro publicado en La Pupila Insomne, no se advierte la adjetivación demonizante, sino el uso de sustantivas realidades y su correspondiente cualidad como fenómenos de la actual guerra mediática. Hoy recrudecida ad nauseam. Estas son algunas de las expresiones de Javier eliminadas por las tijeras del becado:

fondos extranjeros,

becas generosas,

publicidad camufladora o

sospechosos crowdfunding.

Lo cierto es que HCL entendió perfectamente en aquel momento a quiénes le ajustaría myt estrechamente el sayo. Se trataba de la plataforma digital Cuba Posible  a la que según Javier, no se le podía tocar – (desde LJC)- ni con el pétalo de una rosa. Además de otros medios que habían surgido como fruto de becas y formación de “líderes mediáticos” y periodistas “independientes”, allá donde suena la alcancía si uno se dedica a esos tristes menesteres.

Como conclusión, a los hechos: la adjetivación negativa en un caso está aplicada a la prensa, al Partido y los periodistas cubanos, y esa pasa por el filtro. La adjetivación de Javier está dirigida a la guerra mediática contra Cuba, y no pasa. ¿Por qué? El  hecho cierto es innegable: con esa eliminación se impedía el ejercicio de un criterio y el motivo era no disgustar a Cuba Posible, ni a Periodismo de Barrio, ni a OnCuba, ni otros, ni a nadie. ¿Por qué esa delicadeza adjetival con unos? ¿Por qué esa severidad calificadora con otros? Allí está el contenido político, y el objetivo ideológico revelado. Y era un derecho del censurado hacerlo conocer, tanto como después difundir su texto íntegro, así como dar a conocer  el testimonio de la ruptura, que es la historia de lo que juzga una deriva que no compartía, y la negación de LJC a aceptarle una postura crítica que le proponía al proyecto.

No había que llegar al colmo de oler y probar la materia para saber de qué se trataba. El premio por tanto celo le llegaría más tarde al otrora editor de la LJC.

En efecto, según cita Javier le diría entonces que “había que pasar sobre su cadáver” para echarle a perder el agradecimiento que sobrevendría algo después. Un negocio redondo que consistía, entre otras artes aprendidas en seminarios ad hoc, en adjetivar sin miramiento contra el “aparato” estatal y el Partido Comunista Cubano bajo la cobertura de la “crítica revolucionaria”, (que con toda razón no le había admitido su militancia), y purgar o edulcorar cualquier mención demasiado directa a los cofrades con quienes había compartido cenas y fotos.

¿Por qué recuerdo aquel suceso mediático hoy? Pues, porque es muy actual. Porque aquel editor censor de Javier, tan puritanamente preocupado por los sacrificados periodistas cubanos, (de los artículos sobre este asunto compilados en CubaPeriodistas en ese enlace, destaco el de Ileana González, titulado ¿De izquierda o de derechas?, que revela con absoluta nitidez a quién sirve y para quien trabaja el censor de Javier), que hoy declara en un comentario no escribir sobre Cuba “por su situación”, (veríamos si ya en Cuba alguna vez esa “situación” tendría que ser cualitativamente distinta) y que ahora nos exhorta a respetar a nuestros héroes, rompiendo lanzas en defensa de una articulista que se mueve en una órbita muy cercana a su proceder con respecto a la Revolución,  al Partido Comunista y al sistema democrático cubano.

Valore el lector cómo respeta el legado de los héroes quien acepta las dádivas, convenientemente tercerizadas, vía inocuas academias, del norte que nos desprecia…La hipocresía es tan evidente, que en efecto, es mejor que siga sin escribir por…”su situación…”, es decir, una situación de equilibrista que debe seguir mereciendo.

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