Sobre la nueva cruzada contra el 349, o resumen de una estupidez 2.0

Reproducimos íntegramente este excelente artículo publicado en la Jiribilla que dice verdades que  no gustan a los que desean la anarquía en la producción artística, unos para poder vivir del arte sin tener talento para ello y otros para hacer contrarrevolución amparados en el arte. Vale recordar estas palabras de Fidel ante los intelectuales en 1961: ““…El temor a eso que llamaban prohibiciones, regulaciones, limitaciones, reglas, autoridades para decidir (…) ¿Dónde puede estar la razón de ser de esa preocupación? (…) cabe preguntarse si un revolucionario verdadero, si un artista o intelectual que sienta la Revolución y que esté seguro de que es capaz de servir a la Revolución puede plantearse este problema. Es decir, que el campo de la duda no queda ya para los escritores y artistas verdaderamente revolucionarios; el campo de la duda queda para los escritores y artistas que sin ser contrarrevolucionarios no se sientan tampoco revolucionarios”.
A continuación el artículo:

Por: Antonio Rodríguez Salvador

Caramba, qué tiempos aquellos cuando en lo cultural enfrentábamos una contrarrevolución con algo de cerebro. Porque vean la paradoja, de cierta manera avergüenza sufrir un enemigo de tan pobre imaginación. Ya lo dijo Oscar Wilde: “Lo peor es un enemigo tonto. Un enemigo inteligente, si también lo somos, no deja de apreciarnos por ello”. Pero estos no. Al parecer creen que con solo emplear novedosas técnicas de la comunicación: Twitter o Facebook, sus mensajes ya son el non plus ultra de la sapiencia. Aunque estos carezcan de pensamiento y creatividad, aunque hagan bostezar a la mismísima razón de las cosas.

Hubo un tiempo en que eran más creativos. Por ejemplo, en los años 60 y 70 Casa de las Américas era lugar de obligado encuentro para los escritores de aquel fenómeno literario llamado Boom latinoamericano. Esto preocupó tanto a la CIA, que para capitalizar, y de algún modo controlar a esos autores, crearon la revista Mundo Nuevo: una publicación de excelente factura y gran alcance. Como es lógico, la CIA mantuvo su patrocinio en secreto; pero un día se descubrió todo y entonces la gran mayoría de los autores espantó de allí. Ciertamente, aquella terminó siendo una frustrada operación de inteligencia; mas, por esa vez —y quién sabe si por casualidad—, hicieron honor al término, pues al menos promovieron el arte, aunque solo fuese para usarlo como simple tapadera.

Sin embargo, con estos adversarios de ahora no hay manera de entablar un debate serio; solo dejan margen para el choteo. La última iniciativa ha sido convocar un concurso contra la implementación del Decreto 349 en Cuba —del cual, afirman, es un instrumento de censura—, y para ello no se les ocurre otra cosa que usar el Twitter.

¡Albricias! Cómo si tener tejado de vidrio no fuera suficiente razón para no tirar piedras al vecino. Si quisiéramos buscar un ejemplo notorio de censura contra Cuba, no habría que pensar mucho para señalar al Twitter como la campeona del momento. Una plataforma que, hasta hace tan solo una semana, negaba el acceso desde la Isla, y a la que todavía resulta imposible registrarse desde los celulares.

¿Quién no sabe por qué Twitter negaba el servicio a usuarios desde Cuba? ¿Acaso alguien ignora que Estados Unidos es el país más censor y represor de los cubanos en todos los frentes posibles, incluyendo el arte y la cultura? Y, por cierto, ¿de dónde estos entusiastas del tuit sacan los fondos para promover y pagar tal concurso? ¿Alguien lo desconoce?

Los que están al tanto del Decreto 349, quienes en verdad interpretan su alcance, saben que no es un instrumento al servicio de la censura artística; todo lo contrario. La creación artística es y seguirá siendo libre; su aplicación corresponde a la circulación de los productos y servicios culturales como parte del ordenamiento del trabajo por cuenta propia; de modo que tampoco procederá dentro de las instituciones culturales. Es cuerpo legal y marco regulatorio, con el objetivo de proteger nuestra cultura de los mercachifles y falsos artistas que pretendan corromperla con la banalidad y la grosería, entre otros semejantes antivalores. Es también un viejo reclamo de quienes sienten la cultura como ara; no como el pedestal donde ahora quieren subirse quienes tradicionalmente la mancillan.

Si se viene a ver, los verdaderos censores son quienes emprenden cruzadas contra la verdad y a favor de la perversión del arte. Estos son represores de la inteligencia, la sensibilidad y hasta del sentido común. Mientras en Cuba proliferaban por restaurantes, bares y demás lugares públicos esos horribles audiovisuales, promotores de la violencia, la grosería, el racismo y la discriminación de las mujeres, jamás —en los diversos medios anticubanos pagados por la NED— se publicó artículo alguno que criticara tal putrefacción. Ellos, que se autodenominan la voz del pueblo, guardaban prudente silencio; se frotaban las manos porque, obviamente, les hacíamos el trabajo voluntariamente.

Pero bien, empecé llamando descerebrados a estos que hoy nos adversan, y voy a demostrar la hipótesis. Expondré cómo en su afán de acudir a primitivos elementos de la “retórica de la desinformación”, lo único que finalmente logran es contradecirse, asesinar el idioma o mostrar ridículos resultados.

Por ejemplo, cuando en las bases del publicitado concurso expresan que un numeroso grupo de personas ya ha iniciado procesos legales contra el Decreto, tan solo pretenden usar lo que en desinformación se denomina “efecto acumulativo”. Este es un tipo de falacia que busca persuadir al auditorio de adoptar una idea, insinuando que un irresistible movimiento de masas ya está comprometido con ella. Sin embargo, y por el contrario de los malsanos objetivos de la campaña, al emplear ese argumento solo están revelando que en Cuba tenemos un Estado de Derecho; que se puede confiar en la independencia y justeza de sus tribunales. Vean cómo ni siquiera saben hacer mala propaganda.

O sea, por un lado pretenden evitar la implementación del citado cuerpo legal —a eso apunta la campaña—, pero dada la horrible redacción, lo que finalmente han dicho es que ya este se encuentra vigente y ha cobrado víctimas. Lo curioso es que ni siquiera se han divulgado las normas complementarias del Decreto: están en fase de elaboración con el concurso de varios artistas y escritores; luego serán discutidas con miembros de la UNEAC y la AHS de todo el país, lo cual significa que aún no es posible su aplicación.

Por último, un concepto. Se supone que solo haya una manera verdaderamente efectiva de proteger el arte; esa es facilitándolo y promoviéndolo. Mas, por favor, ¿alguien pudiera explicarme qué clase de arte puede hacerse contra un decreto en un tuit?

Como vista hace fe, a continuación les relaciono una colección de los tuits que ya podrían estar circulando como resultado del concurso de marras; los cuales, y por ver si de alguna manera pueden rozar algo del arte, parece que lo mejor será remitirlos al Centro Promotor del Humor:

  • El 349 impedirá que los restaurantes del CIMEX exhiban las películas de Bergman y Kurosawa
  • Al aplicar el 349 no podremos cantarle a la novia en el Malecón.
  • No importa el texto vulgar de las canciones, ofenda a quien ofenda, ni que moleste a los vecinos. Tampoco que alguien ensucie una pared con fango o desechos. ¡El arte es libre!
  • La diferencia entre la danza y el salto de altura es mínima y no tiene importancia alguna.
  • El 349 plantea revisar todas las estatuas del Cementerio para ver si hay pornografía.
  • Será imposible exhibir las películas de los jóvenes cineastas cubanos en los campos de golf.
  • El 349 impedirá que el videoarte y el arte digital continúen mostrándose en las guaguas de turismo.

En fin, ya lo dijo Einstein: “Solo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y no estoy tan seguro de la primera”.

Tomado de La Jiribilla

Un comentario en “Sobre la nueva cruzada contra el 349, o resumen de una estupidez 2.0

  1. Quienes estan en contra del decreto 349 ? Los que aspiran a idiotizar y banalizar nuestra cultura, a convertir la groseria en arte…lo cual entronca muy bien con aquello que conceptualizo Allen Dulles en “El arte de la inteligencia” (“casualidad” que el libro mencionara la palabra “arte”)

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