Una breve reflexión introductoria, ahora que la infodemia enfila su virus contra ETECSA.

Tomado del Facebook de Carlos Luque.

No convertimos nuestra crítica en una arma, por revolucionaria que digamos   sea, sí no descubrimos cuándo el mal que decimos conjurar mediante la crítica coincide con el mal  que nos quieren provocar.

¿Cuando la crítica honesta (o que dice serlo) debe manar de la lucidez del revolucionario (que dice serlo?)

Se va notando en el horizonte la formación de una nueva borrasca contra Cuba: entre la avalancha de dardos contra las instituciones, ahora una ofensiva contra ETECSA. Del enemigo nada debe asombrarnos, ni sorprendernos. Es decir, no tomarnos de sorpresa.

Es, aunque el término nada tiene de amable, una guerra. Del enemigo no esperamos, pues, sino acciones de lo que es: un enemigo. Algo diferente resulta cuando la ofensiva del enemigo comienza a coincidir con la crítica honesta (o que dice serlo) y que debe originarse en la lucidez crítica del revolucionario (que dice serlo.

¿Qué hacer cuando una institución nuestra, o un error nuestro merece la crítica sanadora y oportuna?

Oportuna porque puede contribuir a remediar el desacierto o desfacer el entuerto, y sin embargo, coincide ostensiblemente con las matrices de una campaña ideológica y cultural enemiga que evidentemente no tiene la intención de mejorar nuestras instituciones sino minar nuestra forma de vida y nuestra confianza, unidad y apoyo colectivo a una causa justa?

¿Autocensurar, amordazar la crítica?

No. No, porque entonces estaríamos gratuitamente añadiendo un dardo más al dardo enemigo: estaríamos privándonos de mejorar, restañar, enderezar.

Resulta de esta verdad una encrucijada, como el abismo de Caribdis, ante la cual debemos decidir cuál es nuestro camino. Una senda es equívoca: si el error puede ser subsanado, si otra acción debe ser emprendida, es crimen no tener la valentía de manifestarlo. En eso estamos de acuerdo quienes nos levantamos todas las mañanas con el propósito de seguir siendo revolucionarios.

¿Qué es necesario, sin embargo, meditar en el ejercicio del criterio?

Creo que sigue vigente la lección de Bertolt Brecht de 1934 cuando advierte las dificultades para decir la verdad: El valor de escribir la verdad, La inteligencia necesaria para descubrir la verdad, El arte de hacer la verdad manejable como arma, Cómo saber a quién confiar la verdad, Proceder con astucia para difundir la verdad.

Obsérvese que ninguno de esos principios vale nada, es decir, no funcionan, si no están conjugados unos con otros. Y en el ejercicio del criterio que dice ser honesto y revolucionario podemos fallar todos los que nos presentemos como críticos honestos (o que decimos serlo) y revolucionarios (o pugnamos por merecer esa condición guevariana y superior del ser humano.

¿Qué elementos, entre otros muchos posibles, deben tenerse en cuenta?

La guerra ideológica enemiga juega, cuenta con, y aprovecha a su favor, el dilema que se le presenta a los pueblos y gobiernos que propongan, y sobre todo hayan emprendido, un camino contestatario al modo de vida capitalista. Lo vemos todos los días.

Ese dilema tiene un medular contacto con el tema de reflexión que vamos proponiendo. Como la hegemonía económica y cultural que imponen dificultad a la ruta emprendida (mediante la guerra económica, el bloqueo, el intercambio desigual, el saldo de la lucha de clases a favor de las élites, complots, atentados, asesinatos, guerras contra gobiernos que pretendan sacudirse de sus garras), entonces, consecuentemente, tales intentos se verán preñados de dificultades para avanzar en sus objetivos, y surgirá la necesidad de la crítica interna tanto para los errores y los fracasos propios, endógenos, como para las dificultades y los fracasos condicionados, provocados por esa misma guerra.

Es, en el orden político e institucional, lo que ocurre con la democracia, tan íntimamente relacionada con la crítica y la libertad de expresión: te exijo la democracia, pero te la obstaculizo. La exijo con la misma intensidad y denuedo como contribuyo a impedirla. Y así puedo afirmar que eres un estado totalitario, que el sistema que intentas es un fracaso (el fracaso del socialismo, por ejemplo) y con el pretexto de no disfrutar tu pueblo de la democracia (que todo el mundo alaba, pero casi nadie tiene), – democracia que te impido construir- te hago una guerra múltiple que a su vez seguirá impidiendo que puedas lograrla alguna vez, y así hasta el infinito del círculo que vemos todos los días girar. Que gira no sólo con el viento a favor del enemigo, sino del revolucionario que dice serlo, pero no comprende ni reflexiona en las dificultades que debe vencer para proclamar su verdad.

La crítica revolucionaria, que es lo mismo que decir socialista, debe partir, entre otras varias de igual importancia, de esas premisas. De una honda reflexión, aunque no hamletiana, paralizante, ante la responsabilidad de la crítica. Pero responsabilidad no puede significar parálisis.

¿Entonces, qué hacer?

Lo primero es el esfuerzo intenso por la meditación lúcida, profunda, sufriente. La lucidez exige, supone dados, atributos que ciertamente no están al alcance de todos los seres humanos, pero que sí deben serlos del intelectual que se considere tal y cuya función social sea educar e informar: la inteligencia, el talento, la información, la honestidad y el compromiso.

¿Compromiso quiere decir compadrazgo, complicidad, parcialidad?

No. El compromiso sólo debe rendirse, precisamente, al cultivo de la inteligencia, la información y la auto superación constante del talento que nos haya regalado la naturaleza para discernir y analizar. Y compromiso político, naturalmente, con la opción que hayamos tomado en la lucha de los intereses de clase de este mundo: nuestras convicciones.

Cuando es el compromiso con los intereses de las élites, los que han echado su suerte con los pobres de este mundo no tienen dudas. Allí se nota con claridad al enemigo de clase, al adversario en las lides ideológicas, cosmovisivas.

La que nos ocupa es la crítica revolucionaria (o que se auto proclama serlo)

Pero cuando el compromiso que se anuncia como revolucionario balancea ostensiblemente hacia el polo del individualismo, cuando el ego desmedido inunda el ser y obnubila la capacidad de análisis y se piensa mucho más en el brillo y la gloria que pretendemos nos reconozcan los demás porque decimos ser fieles, – sobre todo- , sólo a sí mismos, casi siempre esa actitud está relacionada con una ceguera para pensar primero en cómo convertir la verdad en un arma de combate, al modo brechtiano, es decir, en favor de los intereses colectivos y de los objetivos de la opción política revolucionaria que se proclama sostener.

El ejercicio de la crítica es, intelectualmente, el más difícil  y el que debe ser el más responsable  de los ejercicios racionales.

Y si sólo lo difícil es estimulante, como decía el gran Lezama, mucho más estimulante, y necesario a los pueblos sometidos al castigo de los poderosos, es saber convertir la verdad, – la cúspide que pretende vencer toda crítica-, en un arma contra los explotadores de este mundo. Y ello implica no mellar el filo de nuestras propias armas.

No convertimos nuestra crítica en una arma, por revolucionaria que digamos sea, sí no descubrimos cuándo el mal que decimos conjurar mediante la crítica coincide con el mal que nos quieren provocar.

Un comentario sobre “Una breve reflexión introductoria, ahora que la infodemia enfila su virus contra ETECSA.

  1. Bueno, ok, pero y al final qué? Cual es la borrasca y como se evita lo que se quiere evitar? No nos vayamos por las ramas, y aterrizemos bien.

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