Venezuela: Un país bajo asedio

Por: Marco Velázquez Cristo.

El desarrollo de la crisis venezolana y la dinámica de los acontecimientos que la van marcando, así como la manera en que EE.UU. y sus aliados han superado los más altos límites del cinismo y la inmoralidad como creadores y promotores de la misma, indican que el imperio viene en esta ocasión a por todas; considera que es el momento para ello.

Por eso el análisis de lo que está ocurriendo no puede realizarse considerando la evolución que tendría una situación de inestabilidad política que hubiese surgido de manera natural por la incidencia de factores como una crisis humanitaria. En este caso al no existir la han fabricado para justificar la aparición de la primera.

Lo atípico que resulta el comportamiento y progreso de un hecho o proceso cuya génesis es el resultado de la creación artificial de condiciones y de la manipulación y distorsión intencionada de la realidad, se puede ver en el caso de los llamados «ataques acústicos»; los cuales de haber ocurrido realmente, ya habrían sido determinados sus autores o esclarecidas sus causas y no fueran noticia transcurridos más de dos años de su supuesto inicio.

Sin embargo continua la incógnita alrededor de los mismos, la comunidad científica no logra establecer un agente causal, se formulan las más inverosímiles versiones para intentar explicar lo supuestamente ocurrido y siguen siendo noticia cada vez que sus progenitores lo deciden, experimentando picos mediáticos cíclicos que los especialistas consideran que no deberían manifestarse.

En el caso de Venezuela: ¿Es lógico que, se resienta la economía de un país tan rico en recursos naturales cuyo gobierno ha rescatado para el pueblo la propiedad de los mismos, puesto coto a la apropiación por una élite de las ganancias obtenidas de su explotación, destinándolas a programas de beneficio social y al desarrollo económico del país?, no, aun cuando se hubiesen cometidos errores tácticos en la implementación de la estrategia de desarrollo.

Los problemas económicos que enfrenta Venezuela son consecuencia de las acciones desestabilizadoras y las sanciones de EE.UU., así como del boicot de la oligarquía interna a las políticas de desarrollo aplicadas por el gobierno bolivariano.

Al crear una crisis económica, con su inevitable impacto sobre los sectores sociales más vulnerables e incidir mediante acciones de guerra psicológica y de subversión político ideológica encubiertas o abiertas sobre la sociedad han ido generando una situación de inestabilidad interna que, ahora utilizan para acusar al gobierno de aplicar políticas sociales y económicas fallidas, de violación de los derechos humanos, indolencia ante los padecimientos de la población y de todo lo que hemos estado viendo.

En este contexto las fuerzas armadas, romper su adhesión a la constitución y su fidelidad al gobierno legítimo que encabeza Nicolás Maduro es un objetivo estratégico de los Estados Unidos. Hoy la unión cívico militar junto al apoyo popular son la garantía de la supervivencia de la revolución bolivariana y chavista. Lo sabe Norteamérica.

Sí a Venezuela se le hubiese dejado desarrollar su proyecto social en paz, su sociedad no estaría tan polarizada, tampoco hubiera surgido el escenario actual e indudablemente la oposición no tendría fuerzas para desestabilizar el país.

Una simple comparación entre la situación que existía antes del triunfo de Hugo Chávez y la que hoy exhibiría el país sí EE.UU. no se hubiese inmiscuido en sus asuntos internos, demuestra que la derecha estaría totalmente desacreditada ante el pueblo venezolano y por lo tanto incapacitada para enfrentar el chavismo.

¿Habría germinado un Juan Guaidó que se atreviera a desafiar la institucionalidad de Venezuela sin el apoyo del imperialismo yanqui?, no, ¿Lo habrían reconocido la UE y los gobiernos que lo han hecho?, no. Los títeres regionales del imperio salvo declaraciones difamatorias, no se encontrarían involucrados en una campaña contra el país suramericano como lo están hoy.

Por las razones anteriores no se puede esperar que Guaidó se vaya apagando por falta de respaldo popular, eso sería lo lógico; pero, al estar EE.UU. detrás de él con todo su andamiaje mediático, poder económico y político internacional, así como con las capacidades de influencia y de obtención de información de sus servicios de inteligencia y los de sus aliados que, le permiten una evaluación sistemática del contexto en que se desarrollan los acontecimientos y por lo tanto dirigir con mayor eficacia sus acciones de subversión; ese desgaste no evolucionará de manera natural.

Es predecible que tal y como han hecho con los ataques acústicos, lo mantengan vivo contra toda lógica, en el caso de Guaidó aun con mayor fuerza porque como dijimos al inicio lo están apostando todo a este momento.

EE.UU. puesta a la fuerza de su poder imperial, desconociendo la enorme fuerza que emana del patriotismo, la sabiduría, la determinación y la dignidad del pueblo de Chávez y de sus continuadores al frente de la dirección de la revolución que él inició.

En este escenario, la solidaridad de todos los gobiernos y fuerzas progresistas del planeta con la hermana nación es fundamental para frenar la voracidad de la fiera hambrienta que, pretende apropiarse del petróleo venezolano.

Parafraseando a José Martí: “Venezuela no anda de pedigüeña por el mundo, anda de hermana, y obra con la autoridad de tal. Al salvarse salva; quien se levanta hoy con Venezuela se levanta para todos los tiempos”.

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